Momento crucial para Matteo Renzi

España · PaginasDigital
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28 noviembre 2014
Las circunstancias han querido que exactamente un año y un día después de que Matteo Renzi se hiciera con el control del Partido Democrático (PD, 8 de diciembre de 2013), tenga que pasar el dífícil trámite del Senado en relación a la aprobación de su controvertida reforma laboral, más conocida como ´Jobs act´, y que para Renzi es la clave de la creación de un nuevo mercado laboral que atraería la inversión extranjera y, con ello, haría posible el tan necesario crecimiento económico para un país que lleva todo el año 2014 en recesión. Para ello habrá de ponerse a prueba, de nuevo, el llamado ´Pacto del Nazareno´, pacto firmado entre Matteo Renzi y Silvio Berlusconi a finales de diciembre de 2013 y por el que ambas fuerzas políticas se comprometían a un apoyo mutuo para la gobernabilidad del país. Más de uno se habrá preguntado por la letra pequeña de aquel acuerdo, ya que Silvio Berlusconi no es persona que conceda a cambio de nada. A juzgar por lo visto en los últimos meses, da la impresión de que Renzi se comprometió a intermediar con la Justicia italiana (las llamadas ´togas rosas´ con las que Berlusconi lleva enfrentado desde hace décadas) a cambio de los votos en el Parlamento de Forza Italia.

Y es que Renzi se fía mucho más de Silvio Berlusconi que de la ´vieja guardia´ de su partido, esa encabezada por el exPrimer Ministro Massimo D´Alema y por otros destacados políticos del centroizquierda italiano como Pier Luigi Bersani, Rosario ´Rosy´ Bindy o Gianni Cupperlo. A fin de cuentas, Berlusconi controla con mano férrea un partido formado en la mayoría de los casos por antiguos empleados suyos y donde nadie se atreve a plantarle cara: lo hizo en su momento Gianfranco Fini, y ha desaparecido casi por completa de la escena pública. Ahora lo intenta Raffaele Fitto, pero la realidad es que Il Cavaliere es mucho Cavaliere y que Forza Italia es un partido sin ningún tipo de futuro que seguramente no será capaz de sobrevivir a la desaparición de su fundador.

En realidad, el nuevo rival político de Renzi es otro hombre de nombre también Matteo, en este caso Salvini, y quien lidera ahora una renacida Liga Norte que en las pasadas elecciones regionales de Emilia Romagna logró un 20% de votos en un feudo tradicional de la izquierda donde la Liga Norte nunca ha pasado del 5% de los sufragios. El problema para Salvini, por cierto casi de la misma quinta de Renzi, es que en este momento es europarlamentario, y, por lo tanto, mientras no se convoquen elecciones generales, habrá de conformarse con hacer oposición desde fuera, repartiendo su tiempo entre las instituciones europeas y la política italiana.

¿Y para cuándo las próximas elecciones? Tengo la impresión de que, mientras Napolitano siga siendo Presidente de la República (lo que se confirmará o no en su mensaje navideño), y mientras funcione el ´Pacto del Nazareno´, no va a haber elecciones hasta 2018, que es cuando concluye la legislatura en curso. Claro que Renzi ´juega con fuego´, porque ni Napoiitano ni Berlusconi son precisamente ´niños´: mientras al primero le quedan sólo meses para cumplir los noventa años de edad, el segundo acaba de cumplir setenta y ocho primaveras. En caso de fallecimiento de alguno de los dos, sería mucho más peliagudo lo segundo que lo primero, ya que parece que Romano Prodi es el recambio natural de Napolitano, y Prodi tiene, además, tan mala relación con D´Alema (por lo sucedido en 1998, en que D´Alema dejó caer el gobierno Prodi para ponerse él en su lugar) como Renzi, conocido en Italia como el ´rottamatore´ (´desguazador´) porque antes de llegar al Gobierno afirmó que había que, literalmente, ´mandar al desguace´ a la ´vieja guardia´ del partido, que no es otra que la formada por los citados D´Alema, Bersany y Bindy. Sin embargo, si Berlusconi desaparece de la escena política, entonces la situación se volvería mucho más incontrolable, y Renzi ya no tendría en quién apoyarse para las votaciones decisivas.

Lo cierto es que Renzi necesita ´como agua de mayo´ crecimiento para su país. Forzó la caída del gobierno Letta para cambiar la dinámica económica de un país hundido en la recesión permanente. Y de momento, y ya van tres, no ha logrado ni un sólo trimestre de crecimiento para su maltrecho PIB. Además, todavía tiene que concluir reformas ya iniciadas, como la nueva ley electoral (aprobada por la Cámara de Diputados pero no por el Senado) y la transformación del Senado en Cámara de las Regiones (en este caso, aprobada por el Senado pero todavía no por la Cámara de Diputados). Y, en ese sentido, debe recordarse que la reforma laboral es un tema en el que han fracasado ya antes muchos gobiernos, comenzando por el Ejecutivo de Mario Monti. ¿Será Renzi el que definitivamente lo logre? El tiempo lo dirá. 

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