Mia madre

Cultura · Juan Orellana
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20 enero 2016
Se estrena la última película del famoso director y actor italiano Nanni Moretti, al que llevábamos tiempo sin ver en nuestras pantallas (Habemus Papam, La habitación del hijo…) y que en esta ocasión nos ofrece un drama personal, dedicado a su madre, en el que sin duda hay muchos elementos autobiográficos.

Se estrena la última película del famoso director y actor italiano Nanni Moretti, al que llevábamos tiempo sin ver en nuestras pantallas (Habemus Papam, La habitación del hijo…) y que en esta ocasión nos ofrece un drama personal, dedicado a su madre, en el que sin duda hay muchos elementos autobiográficos.

Un ejemplo de esta sombra personal y biográfica es que la protagonista, Margherita (interpretada magníficamente por Margherita Buy), hace el papel de una directora de cine social, una mujer políticamente comprometida, como precisamente ha sido siempre Nanni Moretti. Margherita se está divorciando de Vittorio, un actor con el que tiene una hija adolescente, Livia. El hermano de Margherita (interpretado por Nani Moretti) decide dejar el trabajo para dedicarse completamente a su madre, gravemente enferma en el hospital. Curiosamente también Moretti se divorció de una actriz de tres películas suyas (Silvia Nono) y con la que tuvo un hijo que cumplirá ahora 20 años. Así pues estamos ante un film que nace del corazón de Moretti, de sus sentimientos de hijo, y que quizá quiera rendir homenaje a su madre a la vez que alcanzar una cierta catarsis personal.

La película analiza el alma dividida de la protagonista, que debe atender a su absorbente trabajo y cuidar a su hija adolescente, a la vez que acompañar a su madre en el tramo final de su existencia. La película no se recrea en culpabilidades ni ofrece un cargante psicoanálisis, solo habla del amor y del sufrimiento, desnudos, sin discurso, a lo Moretti (recordemos La habitación del hijo). Pero también, como en aquel film sobre la muerte –no de una madre sino de un hijo– se echa de menos una mínima apertura a las preguntas de sentido y a la trascendencia. Este tono dramático está compensado con el humor característico del director, en este caso servido a través del personaje de Barry Huggins (John Turturro), que hace de actor inseguro e histriónico en el rodaje que dirige Margherita. Esta aportación cómica es arriesgada pues no está claro que engarce bien con el tono dramático del film. En cualquier caso, estamos ante una película muy humana, que ofrece una mirada realista y positiva sobre la familia, y que obtuvo el Premio SIGNIS del Jurado Ecuménico en el Festival de Cannes, así como dos David de Donatello para las dos protagonistas femeninas.

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