Methol Ferré, un “realista utópico” que no pierde actualdiad

Cultura · Alver Metalli
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2 diciembre 2021
En noviembre de 2009 moría Alberto Methol Ferré, historiador y filósofo uruguayo, “tomista silvestre”, como se definía a sí mismo bromeando sobre su afán por devorar libros. También le calificaron como “un realista utópico”, una definición bastante exacta.

Este pensador uruguayo, tal vez el más insigne del siglo XXI, captó los dinamismos profundos del desarrollo de las sociedades latinoamericanas, indicando perspectivas innovadoras. Hay muchas razones para no dejarle caer en el olvido. Yo aún vivía en Uruguay cuando le llegó la hora, aquel domingo fui al hospital de Montevideo, su ciudad natal, a su lecho de muerte, donde le acompañaban sus hijos y sus seres queridos para darle la última despedida.

No hubo palabras, no salían. Pero ya habíamos intercambiado muchas durante los años previos. Con gran dolor, Alberto dejaba un gran legado de pensamiento, cargado de escritos –libros, artículos, relaciones, cartas, conferencias– que fueron clasificados y ordenados por la fundación que crearon sus amigos y que preside su hijo Marcos. Methol Ferré dejaba para la posteridad La América Latina del siglo XXI, que presentó en Buenos Aires en mayo de 2006 con otro amigo, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio.

En aquella ocasión, el futuro Papa habló de un “pensamiento agudo y creativo” que “sabía mirar con perspectiva tanto las raíces como las utopías, y eso lo convertía en un hombre fiel a la realidad de los pueblos”. Ese libro puede considerarse una especie de testamento intelectual que adopta la forma de un diálogo temático sobre la visión de Methol Ferré del continente y de la Iglesia allí, con especial atención al proceso de integración regional por el que tanto luchó.

Al acabar esos diálogos, que duraron más de un año de manera ininterrumpida, hasta la muerte de Juan Pablo II, a quien Methol Ferré quiso mucho, y ante la inminencia del cónclave, previo la elección de Ratzinger-Benedetto XVI y preconizó la de Bergoglio-Francisco. No mediante análisis sino por la vía de la lógica. Me explico. En 2005, el 6 de abril para ser exactos, preguntado por una periodista del diario argentino La Nación, Methol Ferré señaló a Ratzinger como “el hombre más indicado para ser Papa en este momento de la historia”, el exponente más fúlgido “de esa generación que alcanzó un esplendor intelectual equiparable a los siglos XII y XIII de la Edad media, comparable también a la mejor época de la patrística griega y latina, cuando comenzó la gigantesca epopeya de la evangelización de los pueblos”.

Pero entonces, cuando hizo esas declaraciones, Methol Ferré no creía que hubiera llegado aún el momento de tener un Papa latinoamericano. La Iglesia se estaba des-europeizando, pero el proceso aún estaba en sus inicios. Methol Ferré estaba convencido de que la Iglesia latinoamericana estaba más madura para tomar la guía de la Iglesia universal, por ser la más antigua entre las no europeas, “aunque no creo –añadió– que las iglesias de la periferia europea estén aún en condiciones de ejercer un liderazgo mundial”. Hablaba de iglesias reflejo y de iglesias fuente. Es decir, “iglesias protagonistas” e “iglesias receptoras” de protagonismos externos, como prefería llamarlas.

La distinción entre unas y otras la trazó por primera vez el teólogo brasileño Henrique Claudio de Lima Vaz, jesuita y deudor, a su vez, de otro jesuita, Henri de Lubac, indicando con el primer término, iglesia reflejo, a las iglesias cuya vida está determinada principalmente por otras iglesias distintas a ella, y con el segundo, iglesia fuente, a las que llevan en su seno las fuentes de su propia renovación. “Hay muchos grados intermedios entre ambas categorías. En cierto modo todas las iglesias son al mismo tiempo fuente y reflejo –comentaba Methol Ferré– “pero históricamente se puede observar cuándo prevalece un término sobre otro”.

Cuando decía estas cosas, Methol Ferré estaba convencido de que la catolicidad latinoamericana se hallaba en un momento de transición de “reflejo” a “fuente”. Desde entonces han pasado casi dos décadas, tiempo suficiente para completar el tránsito entre ambos puntos. Y así ha sido. La Iglesia de América Latina se ha convertido en fuente, llevando a la cátedra de Pedro a su hijo más ilustre. Un papa argentino que además Methol Ferré conoció muy bien en vida, con el que tenía relación cuando decía estas cosas, un Papa que apreció y con el que colaboró de manera estrecha.

Con el Papa argentino hubo un capítulo importante del que escribí con motivo de la reedición de La América Latina del siglo XXI. En El Papa y el filósofo (2014) se cuentan los encuentros presenciales e intelectuales entre ambos y la influencia del pensamiento de Methol Ferré en el Papa actual. Otros, como el filósofo Massimo Borghesi o el escritor Austen Ivereigh, han ampliado el surco, profundizando en las asonancias intelectuales entre ambos. Solo añado que Bergoglio siguió con interés los últimos meses de la enfermedad de Methol Ferré. Varias veces pidió información sobre su estado de salud. Sé que quería concederle un reconocimiento, acaso el título de Honoris Causa en la Universidad católica del Salvador, donde era gran canciller. Me comprometí a informarle si la situación de Alberto mejoraba para poder llevar a cabo este deseo, pero por desgracia no fue así y Methol Ferré murió. Pero Bergoglio no lo olvidó.

Siendo ya Papa, ha mencionado más de una vez a su amigo uruguayo. Al poco de ser elegido, recibiendo en audiencia al presidente de Uruguay José Alberto Mújica, recordaron a un amigo común “que ya no está”. Un hombre que “nos abrió la mente”, señaló Mújica, que “nos ayudó a pensar”, le respondió el Papa. Si Methol Ferré viviera los nuevos tiempos que han acompañado el papado de Bergoglio, “se habría replanteado toda la historia de América Latina y su realidad actual a la luz de este acontecimiento”, decía otro querido amigo, su paisano Guzmán Carriquiry, “se habría puesto a escribir y a compartir las nuevas exigencias y responsabilidades que este pontificado supone para toda la Iglesia latinoamericana”. Y añade una gran verdad: “Cuánto echamos de menos a Tucho Methol Ferré, pero hoy más que nunca necesitamos que se aborden sus reflexiones y perspectivas”.

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