Conversación de Julián Carrón con un grupo de enfermos

Me iría contigo

Sociedad · PD
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16 septiembre 2022
El pasado mes de agosto tuvo lugar un encuentro entre Julián Carrón, profesor de la Universidad Católica de Milán, y un grupo de enfermos. Los enfermos pertenecen a una iniciativa que se llama Quadratini en la que, a través de conexión digital, se mantienen unidos. La iniciativa ha sido promovida por Eugenio Nembrini. Una de las participantes en este encuentro fue Alejandra Díez, recientemente fallecida. 

Sara: Estoy a punto de cumplir 20 años, el 24 de agosto, y desde julio de 2021 estoy ingresada en el hospital de Rávena para tratarme de una leucemia. Terminé mi hospitalización el 3 de mayo, y ahora tengo dos años de medicación de mantenimiento en casa y en el hospital de día, y lo único que puedo decir en este momento es que físicamente estoy un poco cansada. Pero estoy muy contenta, de verdad. Estoy muy agradecida por todo lo que me he encontrado, porque reconozco que he crecido mucho y –como les decía a mis amigos estos días– cuando alguien me pregunta si cambiaría este año me descubro ahora con una enorme certeza diciendo: «por supuesto que no». Claro que no estoy contenta por estar enferma, pero estoy muy contenta con lo que me he encontrado porque he visto concretamente, mediante hechos y pruebas concretas, que en todo caso hay Alguien ahí. Por eso, creo que el reto de la vida es reconocer Quién es Él.  No lo entiendo ahora, lo entenderé quizá dentro de cuarenta años, pero tengo claro que soy un instrumento de Alguien. Últimamente he creado un archivo en mi teléfono que he llamado «Evidencias», que son hechos más claros o puntos claros que me han sucedido, como mi relación con un antiguo compañero de clase, cosas que me han sucedido en el hospital con pacientes, compañeros de habitación, enfermeras, frente a las cuales no puedo cuestionar esas cosas. Me doy cuenta de que es muy fácil, incluso ante lo excepcional, olvidarse de todo y decir que no hubo nada, que todo es una ilusión. Pero ante estas cosas tengo realmente la certeza de que hay Alguien más, de que hay Alguien.

Laura: Te repito lo que te escribí a través del padre Eugenio, que ya lo tenía todo. Lo primero es   agradecerte tu ayuda. Si hoy puedo mirar mi vida y la de Alfredo con esperanza y también felizmente, a pesar de todo, es sólo por el camino de autoconciencia que me has ayudado a recorrer desde –al menos recuerdo esta fecha– 2010. Gracias a este camino, cada día miro la realidad como amiga, no como algo que me engaña. Y es amiga precisamente porque al profundizar en mi humanidad reconozco a Quien corresponde a mi corazón. Evidentemente lo que me corresponde no son mis imágenes, las imágenes que tenía de la realidad, del matrimonio, de los hijos, de todo… y por lo tanto, como ya te he escrito, sólo mi yo consciente, despertado por el encuentro con Cristo, que ya no me permite conformarme con algo menos que el encuentro con Él, es lo que me permite estar en la realidad deseándolo y buscándolo.

Solo añado una cosa que pasó el domingo, rápidamente. Era san Alfredo y habíamos planeado pasar el día con los amigos. Durante la noche Alfredo tuvo algunos problemas de saturación, y me encontré por la mañana deseando hacer otra cosa que no fuera quedarme en casa. Hice por enésima vez este camino del que te escribí: un poco como el hijo pródigo, deseaba otra cosa que lo que tenía que vivir, deseaba alejarme de este padre, seguir mis deseos, y cuando me vi sola en el fondo de esta situación, el domingo, volví a hacer memoria de lo que realmente me hace feliz, de los momentos en los que la realidad me correspondía de verdad. Y lo hice de la forma que tú mismo has descrito tantas veces la cuestión del hijo pródigo: volviendo a mí misma, tenía un Padre al que volver. Tenía mi casa, mi situación, para volver y ser feliz de nuevo.

Julián: Hola a todos, buenas tardes. Me alegro de poder compartir este momento de diálogo con vosotros. Y te agradezco, Laura, lo que has dicho porque, aunque no nos conocemos en persona, me identifico completamente en lo que describes. Así como yo he compartido contigo mi propio camino sin conocerte, y te he acompañado, así seguimos acompañándonos mutuamente, viviendo cada uno nuestro propio camino, en el que el Misterio nos llama. Subrayo cada línea de lo que has dicho porque para mí fue así. La realidad fue lo que me obligó a hacer este viaje que has descrito, no quedándome en la superficie de las cosas. En este sentido cualquier aspecto de la realidad ha sido amigo porque me ha obligado a ir al fondo y reconocer a Aquel que estaba en ese fondo de la realidad y que lo llenaba con su presencia, como hizo el hijo pródigo. Sólo arriesgándose de este modo, incluso equivocándose como él lo hizo, pudo comprender hasta el fondo lo que era, cuál era la naturaleza de su necesidad, y esto le hizo darse cuenta de a Quién necesitaba. Y así regresó a su casa, de donde había salido porque le resultaba estrecha, como al lugar donde podía descansar y ser abrazado por su padre. Esta es una experiencia que cualquiera puede tener en cualquier situación en la que se encuentre si no se detiene en las apariencias, como tú testimonias. Yo lo he reconocido porque fui aprendiendo a través de los retos que la realidad no me ha ahorrado ni me ahorra.

Genna: Hace 3 años, en tan solo una semana, me hospitalizaron y me operaron del cerebro. Luego pasé dos años en el hospital donde prácticamente no recuerdo nada. Desde que he vuelto a la vida cotidiana lo único que puedo hacer es cabrearme. Es prácticamente como si me hubiera despertado en otra vida. Hace seis meses me uní a este grupo y pensé que llevaban una máscara. De todos ellos soy prácticamente el más sano, así que al final es realmente difícil estar delante de ellos. Vivo cabreado y me enfado con mi mujer, que me quiere con locura, pero sigo luchando en una silla de ruedas por aceptar mi situación. Cuando abro los ojos, prácticamente, lo primero que hago es mandar un saludo a estos amigos. Al final todos estamos proyectados hacia la plenitud, como dice el padre Eugenio muy claramente. Es algo que te hace pensar, porque esa plenitud, aunque a veces me cueste entenderla, es ciertamente un camino hacia Cristo.

Julián: Me llama la atención que estemos ante una situación como esta, que el Misterio no nos ha ahorrado, y el hecho de que uno pueda estar tan cabreado… ¿qué sería de la vida si no pudiéramos abrirnos a una posibilidad, que inicialmente creíamos imposible, de plenitud y cumplimiento? ¿Te imaginas que la vida fuera como lo que te pasó y no tuvieras la posibilidad cada mañana, cabreado o no cabreado, descansado o no descansado, de realizarte? Jesúsno nos ahorró nada, no prometió ahorrarnos nada de lo que les ocurre a los demás. Podríamos haber sufrido una situación así sin la gracia de haberle encontrado a Él, de haber encontrado un lugar donde la vida puede tener constantemente la gracia de ser abrazada. Por eso la palabra plenitud está llena de significado, no porque simplemente tenga que esperar a que se solucione mi enfermedad. Me sorprende que tanta gente pueda arreglar su situación, pero no por eso son más felices si no encuentran esa plenitud que sólo nos da Cristo. Esto de poder utilizar, como decía Laura antes, todo este desafío para volver a Él, me parece que es lo más espectacular que nos ha pasado y que nos sigue pasando, cada uno de nosotros al abrir los ojos por la mañana se encuentra con esta posibilidad. Yo, como tú, no podría soportarme si no me acordara de Él, si no me abriera constantemente y no mecánicamente, si no decidiera cada vez dejarle entrar en mi vida, porque también, como tú, me cabrearía. En cambio, la posibilidad que se abre ante nosotros cada día es la de dejar entrar una presencia que pueda llenar la vida con esa plenitud que cada uno de nosotros desea. Gracias.

Tiziana: Buenas noches a todos. Tengo 40 años, soy de Friuli. Gracias al Covid soy amiga de los Quadratini desde hace un año y medio o dos, así que me gustaría agradecerlo también, y contarte algo que me ha cambiado en estos años. Mi enfermedad es una enfermedad incurable, por lo que no puedo tener hijos, con un diagnóstico tardío de 23 años, y es una enfermedad que ha devastado un poco mis órganos internos. No hay cura, así que, aunque te operes, vuelve a aparecer, no sé si has oído hablar de ella pero se llama endometriosis, en la fase más grave, que muchas veces me obliga a quedarme en la cama.

Quiero contarte algo que le ha pasado a mi padre. Tuvo un accidente y se cayó, se golpeó el cuello, se quedó prácticamente sin poder usar los brazos y ha estado en el hospital cinco meses. Volverá a casa en septiembre en silla de ruedas y tetrapléjico, por lo que sólo podrá utilizar la mitad del brazo izquierdo y nada más.

Sin embargo, lo más hermoso es que, cuando estaba sin usar los brazos, yo pedía ir a darle de comer, y veía a Cristo. Veía a un hombre en la cruz, que tenía que abandonarse a sí mismo y entregarse a los demás, así que también me ayudó a abandonar todos mis miedos, inseguridades, paranoias. Desde el momento en que esto ocurrió, cambió toda mi vida. La relación con mi padre cambió, se intensificó, vi un cambio en la relación entre mis padres, vi una ternura que antes no existía. Después de cincuenta años de matrimonio, eso no se puede dar por sentado. Realmente vi eso: pero ¿cómo un hombre en la cama, inmóvil, paralizado, que no puede hacer nada, no puede hacer videollamadas, es dependiente, se ve obligado a depender de otros, puede cambiar las relaciones así, y mi vida? Si esto no es Cristo, no sé lo que es. Gracias a este camino he podido ver esta mirada y tener esta conciencia, y luego traerla a mi vida. Ahora tengo curiosidad por ver cómo volverá a casa y cómo serán las relaciones en casa, que no es algo previsible. Quería daros las gracias a todos porque para mí todos sois padres y hermanos y es realmente hermoso vivir así.

Una cosa que has dicho ahora, sobre la enfermedad: nunca he pedido una cura, nunca he pedido al Señor que me dé la gracia de la curación, porque gracias a la enfermedad he descubierto que muchas cosas no se dan por supuestas. La relación con mi marido, el marido que te ayuda, tantos amigos que estáncerca de ti, el trabajo que puedes hacer… No sé, una pequeña cosa gracias a la cual hoy puedes dar un paso más… es realmente una gracia, y mi padre en esto también me ha ayudado a ver lo esencial de las cosas, lo fundamental y lo que cuenta, y dejarse ir, es decir, quedarme con lo valioso y lo demás fuera. Gracias.

Julián: ¿Puedo hacerte una pregunta, Tiziana?

Tiziana: ¡Por supuesto!

Julián: ¿Qué hace posible el abandono? Porque todo empezó contigo y con tu padre abandonándose a otro.

Tiziana: Estamos acostumbrados a querer hacer por nosotros mismos, por nuestro orgullo… pero debemos reconocer que no somos capaces de hacer nada sin el Señor, cero. Sólo somos capaces de enfadarnos, de estropear nuestra vida, de darlo todo por sentado. Todas las relaciones, antes de la enfermedad,se daban por sentadas. Es un anhelo que viene de dentro, no sé cómo explicarlo. Una de las cosas que vi fue el abandono de mi padre y me dije: ¿por qué yo no lo hago si él lo hace en una condición de vida que no ha elegido? Y me llamó a eso, sé que no es fácil.

Julián: Hay una elección, una libertad que uno tiene que poner en marcha, porque ante una situación incurable, uno podría, o bien atascarse en eso, comotantas veces nos pasa, o bien abrirse a otra posibilidad que siempre está en nuestras manos; de lo contrario siempre habría que sufrir una situación como la que tú describes, o que cada uno puede pensar con respeto a sí mismo.

Pero no la hay, eso es lo que siempre me sorprende frente a estas situaciones: no hay una situación que nos toque vivir que no tenga otra posibilidad que la que tú describes. Pero esa es una apertura que sólo puede darse libremente, si uno se abre a esta verificación que has descrito, y por eso puede sorprender que cuando uno se abre y ve el cambio que necesita puede empezar a mirarse a sí mismo con esta ternura que hace que la vida sea totalmente diferente. Siempre me llama la atención esta oportunidad que pueden tener todos los aspectos de la vida, pero nadie te puede obligar, puedes tener todos los motivos para seguir cerrado, para estar cabreado, como decías antes, pero nadie te puede impedir abrirte a esta posibilidad, y quien se abre empieza a ver el ciento por uno. “Los que me sigan verán aquí el céntuplo”, tanto que este céntuplo prevalece incluso sobre la situación, porque muchas personas no tienen ninguna enfermedad y pueden estar absolutamente insatisfechas.

Por eso os he hablado tantas veces del décimo leproso, porque es el único que se dio cuenta de que no bastaba con no tener lepra para ser feliz. Volvió porque se dio cuenta de que la diferencia aquí no estaba simplemente en estar enfermo o sano, sino en tenerle a Él cambiando la vida o no; porque muchos no tienen lepra pero no han entendido, como los otros nueve, que lo más hermoso no era simplemente estar curado, era Él. Así es como podemos descubrir a través de todas estas situaciones quién es Cristo para la vida. No se trata simplemente de una lección sobre Cristo, de quien tantos hablan. ¿Pero quien ha visto, me pregunto tantas veces, quien ha visto que necesita a Cristo para vivir? Esa es la gran diferencia, y por eso en cuanto lo ves en tu padre empiezas a entender que Cristo adquiere una densidad sólo con decir su nombre que te llena de emoción ante Él y que paradójicamente es la forma que ha elegido para darse a conocer y reconocer Su presencia. Gracias Tiziana.

Letizia: Hola Julián. Es la segunda vez que tengo un tumor en el espacio de tres o cuatro años. Y aunque la primera vez fue el descubrimiento de una preferencia, esta vez no me apetecía mucho, incluso llegué a pensar en un momento que Dios me la tenía jurada, ya que yo era una cabeza dura, que nohabía aprendido la lección, que no había entendido nada. Pero la coincidencia con los acontecimientos del Movimiento me obligó a darme cuenta de que Cristo realmente hace todo para que me dé cuenta de Él y para que comprenda que para Él soy única.

Todo lo que nos habías repetido a lo largo de los años sobre el corazón, sobre la libertad, lo que nos contabas de forma impresionante, la recomendación que el propio don Giussani me había hecho cuando hablé con él, de que «lo importante en la vida es ser verdadero», esta vez se convirtió en un camino viable, no en una duda sobre mí o sobre la realidad. Ponerlo por encima de mis expectativas, porque me parecía algo difícil de retener, también por todas las razones que han dicho los demás, me llevaba en el día a día a retomar lo único necesario para vivir, sin añadir nada más. Por eso, ver a los amigos morir y vivir de una manera tan hermosa me hizo ver lo que dijiste una vez: «La única penitencia es no ir contigo», no porque quiera morir, sino porque vivir así es realmente deseable.

Julián: ¡Pero qué ganas de morir!

Letizia: Todavía no he llegado a eso….

Julián: Muy bien, ya llegará, no te preocupes, cuanto más crece el afecto por Cristo, como sucede con san Pablo, que prefiere ir con Cristo, lo mejor que le puede suceder.

Letizia: Tengo que decir, sin embargo, que he tenido el milagro en este asunto, una curación, y es que veo que ha cambiado mi forma de verme, la conciencia que tengo de mí, el valor de mi persona. No es que haya visto cambiar muchas situaciones a mi alrededor, es más, algunas me parece que incluso han empeorado un poco, en algunos aspectos, porque tengo la certeza de que para Cristo soy valiosa y estoy bien así, no tengo que añadir nada más, sóloestimar a Aquel que viene a mí. En resumen, estoy contenta y ya no dependo del juicio de los demás, aunque sea el jefe de la comunidad o mi marido. Estoysegura porque lo que estoy viviendo no me lo puede quitar nadie y no necesito nada más para vivir.

Julián: Te lo agradezco, porque eso es lo que me gustaría que todo el mundo pudiera decir de sí mismo: eres valioso a mis ojos. Y pase lo que pase, nunca, nunca te abandonaré. Esta afirmación es la mirada con la que Cristo nos mira siempre, no importa lo que hayamos hecho, no importa lo que no seamos capaces de hacer, no importan todas nuestras paranoias… nada cambia. Siempre pienso en una madre cuyo hijo puede hacer todas las estupideces, con todos los enfados que pueda tener, puede quejarse de tantas cosas, pero no puede borrar sus tripas de madre. Si nosotros, que somos malvados, dice Jesús, no podemos mirar a nuestros hijos de otra manera, imagina a Dios con qué mirada nos mira. Y esto es tan escandaloso que, ante esta mirada llena de ternura, de misericordia, que para los hombres es casi un escándalo, Jesús tuvo que contar las parábolas de la misericordia para responder a este escándalode preferir a publicanos y pecadores. Así que esta es la mirada: no hay mundo después de Jesús, con la comunidad cristiana que nos lo recuerda continuamente, nos lo recuerda en la liturgia en las Laudes, que pueda borrar esta mirada de nuestras vidas. Por eso espero que todos podamos tomar este camino que tú dices, la conciencia de uno mismo, que es la razón por la que nos fascinó don Giussani, porque don Giussani, lo único que quiso transmitirnos con la Gracia, con el carisma que recibió, es esta preciosidad de nuestra vida, esta valoración ilimitada de nuestra vida. Y por eso no hay mayor regalo que podamos recibir que éste, porque esto es así en cualquier situación, con cualquier mirada con la que me miren los demás, la situación por la que pase, los sentimientos que tenga, las paranoias que me sobrevengan, todo esto no es capaz de mover ni un milímetro esta mirada llena de la preferencia de Cristo hacia nosotros. Y esto es lo que me gustaría, que pudiéramos mirarnos así.

Esto es, como tú dices, un camino, porque no es inmediato. Gracias a Dios, porque no quiero que se convierta en algo mecánico, como cuando uno escucha a un ser querido decir «te quiero» y dice «ya lo sé», esto es como dar por hecho que no te sorprende tanto como el primer día que te lo dijeron. En cambio, poder reconocerlo libremente cada mañana es otra cosa muy distinta a una repetición, aunque sea formal, de las cosas. Gracias Letizia.

Rosa: Como has tocado un tema muy querido por nuestra amiga Alejandra, te la pongo un momento.

Julián: ¡Se ha ido!

Alejandra: Hola Julián, te había escrito en español, pero he traducido porque si no ellos no lo entendían.

Queridísimo Julián, en primer lugar, te agradezco tu sí, porque aprendo viéndote vivir, no sólo por lo que dices, sino por ejemplo viendo tu sonrisa, tus ganas de obedecer, en un momento, decías a los Memores, en que uno querría gritar a alguien. Mi pregunta es muy concreta. Las metástasis en mis pulmones empezaron a crecer de nuevo y ahora ya son las más grandes, una de 11 por 14 centímetros, no milímetros, y la otra de 7 por 9 centímetros, pero desde que me hablaste, además de pedirle a Giussani un milagro, le decía al Señor: «Señor, Julián dijo: ‘Yo me iría contigo ahora’. Así que haz que quiera ir contigo». Porque cuando decías: «¿Qué problema hay? Yo me iría contigo ahora», me acuerdo de eso, ya que me tengo que ir, y me siento culpable porque el pobre Señor me está llamando y he dado una mala impresión porque no me quiero morir, no me quiero ir, y me gustaría ser como tú dices, como le decías ahora a Letizia, pero ¿qué puedo hacer? Y quería preguntarte cómo llegaste a eso de estar feliz de morir, como le decías a Letizia ahora. Gracias, Julián, rezo y ofrezco por ti y por el Movimiento. Te abrazo con fuerza.

Julián: Gracias, Alejandra. No tienes que preocuparte por eso, porque eso es una sorpresa. Sólo tenemos que preocuparnos de una cosa, de dejarnos mirar con la mirada con la que nos mira Cristo. Porque no es un esfuerzo por nuestra parte: el fruto cristiano es una sorpresa. Yo soy el primero en quedarme sorprendido cuando, ante el cuerpo de mi padre, desearía haber ido yo también. O ante la muerte de un sacerdote amigo, aquí en Italia, Don Danilo, que es una de las primeras veces que me salía decir algo así, por lo que el primer sorprendido soy yo. Así que no te preocupes por eso. Vive, déjale entrar siempre, cuando sientes el deseo de Él, de su presencia, porque esto es lo que nos enseñó don Giussani: no mires los huecos, no mires lo que falta. No hay nada más hermoso que esta mirada que don Giussani describe en el sí de Pedro: en un momento dado prevalece Su presencia, en lugar de nuestras limitaciones. Hasta el punto de decir cosas que siempre me hacen estremecer: “Toda mi preferencia humana es para ti, Cristo”. Y esto lo dijo de alguien como Pedro, que había cometido el último gran error, negándole delante de todos. Pero es casi imposible para nosotros aceptar que un error tan grande pueda mantenerse unido con el hecho de decir: «Yo tampoco sé cómo, por qué, cómo se mantienen estas cosas juntas, pero toda mi simpatía humana es para Ti». Todo lo demás vendrá cuando Dios quiera. Dios sigue queriendo que sientas Su preferencia aquí: ¿cuál es la diferencia? La vida eterna ya ha comenzado aquí. «Que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo”. Ya estás participando de la vida eterna aquí, ahora, por la forma en que estás viviendo esto. Uno ya puede estar viviendo lo que desea de una manera, tú lo estás viviendo de otra. Puedes esperar, el Misterio aún te da tiempo para esperar. No te lleva con él, ¿verdad? Quizá cuando llegues te des cuenta de que te estabas perdiendo lo mejor, porque lo mejor es estar con él. Mientras tanto, disfrútalo. Gracias, querida.

Piero: Buenas tardes a todos, buenas tardes, gracias don Julián.

Julián: Buenas noches, Piero, ¿cómo estás?

Piero: Más o menos bien. Yo también quiero contar mi experiencia dentro de este grupo de los Quadratini que dirige el padre Eugenio y que organiza con gran cuidado Rosa. Empecé a participar en el grupo a mediados de mayo de este año, cuando descubrí gracias a una amiga mía la existencia de este lugar. Esos días estaba muy enfermo, realmente enfermo, tenía dolores que me hacían pensar en un final inminente.

Entonces me asusté mucho porque el primer pensamiento que me vino a la cabeza fue que yo –piensa en lo absurdo– nunca sería capaz morir, como si dependiera de mí, de mis habilidades. Luego, poco a poco, me di cuenta de lo absurdo de mi pensamiento y así, poco a poco, empecé a conocer gente, rostros reales, sufrientes pero reales, y comprendí el gran regalo que me había hecho el Señor. Por eso me dispongo a recorrer el último tramo de mi vida para ir hacia Él, junto a tantos hermanos y hermanas que experimentan el sufrimiento de la enfermedad y no sólo eso, sino que se han encomendado por completo a Jesús, a menudo con una ternura infinita, y no es sólo una forma de hablar. Estar juntos para vivir la Eucaristía, aunque sea con una perspectiva de poco tiempo, me hace pensar y desear el encuentro con Jesús. Sí, el mismo que nos prometió la vida eterna en el Paraíso. Y así pienso que será un nuevo nacimiento, una nueva consistencia de mi ser, que ya estoy experimentando ahora, quizá en una pequeña medida, en la tierra, no esperando la muerte, sino esperando pasar por la puerta estrecha, es decir, el último acto concreto de mi vida. Tener tiempo para prepararme me parece una forma de adaptación progresiva a la maravilla, a la belleza, a la compañía sin concesiones, a la necesidad de felicidad y ternura, al misterio. Todas experiencias que en este lugar ya se respiran, a través de la Santa Misa y después en el diálogo con don Eugenio, ayudados por la delicadeza de Rosa, que conoce y acompaña nuestras pequeñas y frágiles historias, pero apoyados por una profunda educación en la mirada a Cristo, generada por don Giussani y su preciosa enseñanza. Un gran abrazo.

Julián: Gracias, querido Piero. Lo que dices es sorprendente, porque siempre partimos by default, casi por defecto, de nuestras capacidades. Y cuando nos enfrentamos a un don, como has dicho, el don prevalece sobre nuestras capacidades. Y entonces el foco se desplaza de lo que más o menos conseguimos hacer, que es poco, todos lo vemos, a estar determinados por el don que recibimos, y entonces es como si ese don se impusiera y ya estamos más determinados por el don que por lo que somos capaces de hacer. Y este don es tan único que cuanto más se da uno cuenta de que el don es Su presencia –no es un regalo que nos hace, no, es Él, Él mismo es el don, su presencia, su persona–, es ahí que uno empieza, como dices, a encomendarse, lleno de ternura. Y esto que has descrito es la educación en la que nos introdujo don Giussani, no tengo nada más que compartir contigo que este tesoro que aprendo y deseo seguir aprendiendo mientras viva, de don Giussani. Porque no tengo nada más interesante que hacer en la vida que esto. No puedo imaginar nada más asombroso que aprender a vivir con gratitud y asombro, como has dicho, este regalo.

Todo lo demás me parece poco, como decía Leopardi: «Es poco y pequeño para la capacidad del alma», ¡comparado con lo que deseamos! Porque esto escomo que te toque la Lotería, es el tesoro del Evangelio. Quien ha encontrado el don de Dios en Su presencia vive de este tesoro, vive de la gratitud por este tesoro. Por eso es difícil, cuando uno toma conciencia de ello, no estar agradecido, alegre y agradecido, pase lo que pase en la vida, porque nada es comparable a Él.

Paola: Gracias, padre Carrón, por estar con nosotros. Estoy leyendo porque quiero ser breve. La mañana pasada me levanté con un fuerte dolor de espalda, pero esa misma mañana fue de emoción y gratitud. ¿Por qué? Porque este repentino dolor intenso, que no había tenido durante días, me hizo retroceder un poco, y entonces me dije: “este no es el camino” y ofrecí a Jesús, por ti, por todos los enfermos y por todos los necesitados, el sufrimiento que tenía en ese momento. Después de eso, los Laudes me dijeron que el Señor me ha tomado y me toma de la mano, y para seguir percibiendo y viendo su presencia, busqué en YouTube el programa que hicieron sobre nosotros, los enfermos. Por casualidad después vi la jornada de Comunión y Liberación en Reggio Emilia, que fue hace años con Nembrini, que a la pregunta «¿Cómo se puede vivir intensamente lo real?» respondió en resumen así: «Lo real es aquello que te hace llegar al agujero de tu gran deseo, y pedir al Señor que lo cumpla. Esa es mi emoción y mi gratitud». Quería preguntarte, aunque ya has contestado en parte, ¿qué ayuda a que el recuerdo del Señor presente sea continuo? ¿Cómo se hace?

Julián: ¡El agujero! Lo que más nos ayuda a vivir la memoria de Cristo es ese agujero que tenemos que anhela la plenitud, porque el Señor nos hizo para Él, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él, así que nada nos ayuda más a anhelarlo, a vivir de su memoria, que lo que pasa en la realidad, que el hambre y la sed. ¿Qué hizo que la mujer samaritana deseara agua? Su sed, que no había sido satisfecha ni siquiera con todos los maridos que había tenido. Su sed de plenitud sólo encontró respuesta en Él. ¿Qué provocó el deseo del hijo pródigo de volver a casa? Las algarrobas, que no eran suficientes, las algarrobas eran demasiado pequeñas para responder a eso. No es que se diera un garrotazo y dijera: «ahora tengo que ir a casa», o que hiciera mortificación… no, su verdadera autoconciencia es la que le hizo borrar toda la avalancha de imágenes de realización que tenía, que ya habían resultado ser un fracaso, para abrir bien los ojos a la única realización. Y esto no lo hizo, como ves, porque se detuvo allí a golpearse a sí mismo o porque se puso a pensar, ¡no! Es la vida la que urge, sólo por eso necesitamos esta lealtad con nuestra humanidad, porque nuestra humanidad está constituida por este deseo que clama constantemente por su realización. No hay nada que despierte esto más que el recuerdo, el hecho de que ocurra. Porque piensa en ti, ¿qué te hace desear el agua? La sed. ¿Qué te da ganas de comer? El hambre. Pero, como vemos ahora, no es evidente, porque hay muchas enfermedades por las que la gente no tiene hambre. Para nosotros tener hambre es un problema, mientras que tener hambre es estar sano, es tener el deseo de una plenitud que para tantos, cuando no la tienen, verdaderamente la vida se vuelve insoportable.

En cambio, que podamos mirar así nuestra hambre, nuestra sed, nuestra humanidad tan deseosa, ese es uno de los regalos que me hizo don Giussani, cuando decía: «¡Pero qué humanidad la mía!». En lugar de enfadarme con mi humanidad porque desea, empezar a mirarla con esta ternura con la que él la miraba, porque allí encontraba como la grieta que le hacía buscar a Cristo. Por eso me asombra tanto, lo repito a menudo, que Giussani durante un año, cuando tenía 13 años, sólo viviera leyendo a Leopardi.

Leopardi, con su humanidad: “¡todo es poco y pequeño para la capacidad del alma!”. Y este fue el único con el que pudo sentir vibrar todo su ser humano un niño de 13 años, y esto paradójicamente, que podría ser un problema, es lo que le hizo sentir, y nos hizo sentir, tan crucial para la vida a Cristo. Cuando uno entró en clase y dijo: «¡La verdad, la belleza, la justicia que buscamos se han hecho carne!», desde ese día, dice Giussani, el instante se llenó de una densidad sin igual. Es decir, es este encuentro constante entre nuestra humanidad tan deseosa, como la ha hecho el Misterio, y la ha hecho así porque quería llenarla de Él, y para mí esa es una de las cosas más hermosas que Cristo nos ha dado a través de don Giussani. Poder mirar así nuestra humanidad, con esta ternura única a la que Él respondió con su venida, y sigue viniendo a nosotros para llenar nuestro corazón si uno, como decía Piero, se abre, cuando se confía, Le deja entrar, y entonces le da a Cristo la oportunidad de ser Cristo para nosotros. «Venid a mí todos los sedientos y os haré descansar»: este es Cristo. De tal modo que el hambre y la sed son la única forma de no sentir a Cristo de manera formal. Muchos hablan de Cristo, pero no se mueve ni una migaja de sus pliegues: ¡pero eso no es Cristo!

Cristo es esa presencia que nos sacude, como a Isabel. Cuando la Virgen entra en casa de Isabel, ya llevaba al niño en su vientre, y esto hace que Juan el Bautista se sacuda en el vientre de Isabel. Esto es Cristo: si no es una sacudida, es una formalidad la palabra Cristo, no es una presencia que desencadena esta sacudida. Como dijeron los apóstoles, aquellos dos cuando regresaban: «¿Pero no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”. Cristo es lo contrario de una palabra vacía, y sólo podemos entenderlo si tenemos humanidad, podemos ver a Cristo y saltar, porque las piedras, siempre lo digo, no se sorprenden de la belleza de las montañas, ¡no se sorprenden! Pueden estar ante un espectáculo precioso, pero no saltan. Sólo el hombre puede sorprenderse por esta humanidad suya que el Misterio le ha dado para llenarla con él. Así que nada es más amigo de Cristo que nuestra humanidad.

Paola: Gracias, muchas gracias.

Rosa: Te leo la intervención de una amiga Quadratino que no quiere hablar, no sé si por la emoción, y me ha escrito lo que le gustaría decirte.

Hola, me llamo Laura, y tengo dos grandes dolores en mi vida: la enfermedad autoinmune sistémica crónica, desde hace 19 años, y la enfermedad psiquiátrica de mi hermano, que empezó cuando tenía unos 20 años, y se suicidó a los 35, hace 11 años. Mis padres nunca se han recuperado y no saben que mi hermano mayor también tiene problemas. Estos dos dolores son lo más querido que tengo, porque me llenan de preguntas que le hago a Dios. No tengo dudas, tengo preguntas. Cuando tuve el Covid, un amigo mío me metió en este grupo, el CL Quadratini, y pensé que se trataba sólo de la enfermedad física, pero como sucedió cuando conocí el Movimiento, que pensé que se trataba sólo de un pequeño trozo de mi vida y en cambio, de nuevo para mi enorme sorpresa, Dios entró en los pliegues más profundos de mi corazón. Las misas diarias, los rostros de los que asisten, los silencios respetuosos, las verdaderas amistades que nacen, transformaron lentamente el dolor de insoportable a pacífico, reconciliaron la disposición del corazón a lo que Dios me pide aunque no sea lo que quisiera. Pedí que mi hermano se curara, y murió, pero su muerte trajo un aumento de vida sin precedentes e impensable en mí. Pero esa es otra historia.

Julián: Querida Laura, incluso algo tan misterioso como lo que nos cuentas, ¿cómo podríamos haberlo mirado, ser capaces de mirarlo, querida Laura, sin Cristo? ¿Entiendes? ¿Cómo podrías mirar a tu hermano sin juzgarlo por este misterioso gesto? Pero ya no podemos arrancar de nuestros ojos, de cada fibra de nuestro ser, la presencia que ha entrado en nuestras vidas. No sabéis cómo va a llegar Cristo a cada uno de vosotros, pero os ha llegado y os sigue llegando como llegará a vuestros hermanos, a vuestros padres. Te lo da para que a través de ti les llegue también a ellos. Somos así, pobres pero todos determinados por ese don, porque cuando recibimos ese don es también para todos los que nos rodean, en este caso tus padres. Por eso, si dejas entrar a Jesús, cada vez, en tus pensamientos, cuando te sientes desesperada con tus preguntas, tus preguntas sirven para abrir la grieta, para abrir un pasadizo, para entrar en relación con Él, entonces todo se vuelve diferente. Es fácil, Laura, es fácil, porque cuanto más les urge la vida, como vemos en los niños, más miedo tienen, más corren a sus madres, no se quedan ahí pensando en todas las paranoias que les vienen a la cabeza. ¿Tienen hambre? ¿Qué hacen, qué piensan? Corren hacia mamá. ¿Tienen alguna preocupación? Corren a compartirlo con su madre. Por eso leemos en el Evangelio de estos días que, cuando los discípulos estaban preocupados por que los niños no molestaran a Jesús, porque éste tenía otras cosas más importantes que hacer, según los discípulos, que ocuparse de los niños, Jesús les corrige y les dice: ‘dejad que los niños vengan a mí’.

Porque de los que son como ellos, los que tienen esta sencillez como ellos, los que se confían así, los que se abren así, los que no interponen nada entre su necesidad y la búsqueda de su madre, de esos es el reino de los cielos. Para esos comienza una nueva vida, como la has visto comenzar en ti. Y así, a través de ti, puede llegar a tus padres, pues se preguntarán cómo Laura puede vivir así, si no es por lo que le ha pasado. Y así se morirán de envidia al ver cómo vives esta situación y qué esperanza les das al vivir con tu sí, tan sencillo como el de un niño. No tenemos nada más interesante que hacer en la vida que esto. Él hace el resto, nosotros no tenemos que hacerlo, tú no tienes que hacerlo, sólo tu sí brillando en tu cara, por ti, y por ellos, y por nosotros. Gracias.

Don Eugenio: Ahora hablo yo. Está claro que tal y como soy me quedaría aquí hasta mañana, porque cuando estás con Jesús y los amigos, vamos a hacer tres tiendas, lo recordáis, ¿no? Hagamos tres tiendas y quedémonos aquí. ¡Pero no podemos hacer eso!

Julián: Podemos hacer esto todo el tiempo porque siempre estamos con Jesús.

Don Eugenio: ¡Perfecto! ¡Es maravilloso! Pero tenemos que cerrar en un momento determinado, porque lo más grande, también nos hemos dicho hoy, es la compañía de Cristo en la vida ahí, en la circunstancia que el Señor me da, así que esto es maravilloso. Rosa, tienes la responsabilidad, ya que hay un montón de manitas levantadas, de elegir la última, y entonces concluimos. Así que Rosa tiene que decidir quién es el último.

Rosa: No, qué responsabilidad… Bueno, Maria Silvia.

Maria Silvia: ¡Qué responsabilidad me has dado!

Julián: ¡Aprovéchala!

Maria Silvia: Digo algo muy simple. Ahora estoy sin aliento, también estoy emocionada, así que casi no puedo hacerlo. Me han operado de los pulmones y, como podéis oír, estoy sin aliento. Me descubrieron el tumor en enero, me operaron en marzo, ahora estoy recibiendo quimioterapia, muchas cosas. Hace una semana mi amiga Fiorenza vino a visitarme desde el extranjero, me enseñó sus fotos y me dijo: “Mira, ahí está el desierto, es precioso, es una experiencia increíble, te llevaré allí cuando vengas a visitarme”. Y le dije: “No, mira, gracias, lo he dejado”. El desierto me aterra precisamente por su falta de fisicidad, es algo que cambia continuamente y me aterra. Pero al día siguiente, no fue casualidad, en la misa la primera lectura fue del profeta Oseas que dice: «Te llevaré al desierto y te hablaré al corazón». Después, el padre Eugenio hizo el sermón. Ahí se produjo un verdadero vuelco, porque lo que para mí era lo menos deseable y lo menos atractivo, yo buceo, por lo que adoro el agua, de repente se convirtió en una experiencia deseable, en una belleza extrema, tanto que en ese momento le mandé un mensaje a Fiorenza y le dije: «Me voy contigo al desierto». Y lo que sucedió entonces fue una continua inversión de lo que antes eran mis buenas intenciones. No hago planes fuera de normal, como si me fuera a la luna, pero tengo buenas intenciones como ir de vacaciones a Rimini, y me lo salté por culpa de la quimioterapia, así que Él me trastocó mucho, me estropeó muchos planes, Él con mayúsculas. Ahí vi, al igual que en los últimos días, esta agitación constante y una sensación de que se me dice: “Quédate conmigo. Déjame guiarte hacia tu plenitud. Quédate con la realidad, soy yo, no escapes de mi abrazo”. Cada vez me pone de nuevo allí, y lo digo así ahora, soy un poco poética, pero siento que es verdad. Me encontró de nuevo, y como el hijo pródigo volví, me abrazó y ahora me quiere con Él, se preocupa tanto por mí que hace de todo para que no vuelva a huir. El padre Pigi en las vacaciones me decía: «Dios nos ama tanto que se haría daño con tal de abrazarnos».

Julián: ¡Gracias! Me viene a la memoria esta frase de Giussani: «¿Por qué afanarse, si es tan fácil obedecer?», confiar, como tú. Uno se afana de muchas maneras, pero al final, ya ves, llega el día siguiente y convierte el desierto en algo deseable. No por el desierto, sino porque el desierto es el lugar donde Él puede hablarte sin que nada te distraiga. Por eso quiere llevarte al desierto, no porque el desierto sea quién sabe qué, sino simplemente para que uno no tenga otras distracciones y pueda darse cuenta realmente de lo extraordinario de Su presencia, del don que es Él, que puede llenar la vida de uno y cambiar el desierto en un lugar de vida, ¡esa imagen tan poderosa de los profetas! Lo que es árido, sin agua, donde parece que nada puede nacer y nada puede dar vida, puede convertirse por Su presencia en un lugar de vida, lo que es una bella imagen para nuestros desiertos, porque cada uno puede ver su propio desierto. El desierto puede ser no poder ir a las vacaciones, puede ser no poder ir al mar, puede ser no poder cumplir un deseo que uno tiene, el desierto puede ser la aridez con la que se viven ciertos momentos… el desierto puede ser toda la vida cotidiana, no es el desierto físico, pero como hemos visto en los testimonios de esta noche, Él es capaz de cambiar el desierto en este lugar de vida, incluso una enfermedad, incluso una situación que uno no desearía. Y esta es esa gracia que es Cristo.

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