Máxima exigencia

Cultura · Cristian Serrano
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13 enero 2014
Ahora sí. Una vez más, se repite el ciclo. Se acabó la cuesta arriba. La primera vuelta de la liga quedó en el pasado. Acabó como empezó. Esta temporada no destaca por el juego. El mejor componente de lo vivido es la competitividad y la exigencia.

Ahora sí. Una vez más, se repite el ciclo. Se acabó la cuesta arriba. La primera vuelta de la liga quedó en el pasado. Acabó como empezó. Esta temporada no destaca por el juego. El mejor componente de lo vivido es la competitividad y la exigencia. La mayor sorpresa es el Betis: el cambio de entrenador no resuelve todas las carencias del equipo y sus números están en contra de la estadística que augura la salvación. La promesa del año repite candidato: Atlético de Madrid.

Si recuerdan el encuentro que abrió la liga en el Bernabéu, hablar del Betis es hablar de uno de los mejores rivales que han visitado la Casa Blanca. Ahora, siete puntos distan de entre la última posición de los verdiblancos y la salvación.

La Real cambió de técnico pero no de objetivo: el sueño de la Champions se convirtió en un peso pero el objetivo liguero es volver a Europa y ahí está, luchando por ser ese cuarto que, no hace mucho, era el Valencia. Cuesta entender que los ché no están en la puja ni parece que puedan aproximarse a corto plazo.

F.C. Barcelona, Atlético de Madrid y Real Madrid: apasionante. A falta de juego, se aprieta la clasificación. La primera vuelta realizada es casi imposible repetirla. De lograr semejante gesta volveríamos a hablar de una liga de 100 puntos.

En los últimos años Barcelona y Madrid han crecido de forma exponencial. Por el contrario, los problemas económicos y la desigualdad televisiva ha dejado al resto de equipos muy tocados en los últimos años. Pero el equipo del pueblo ha querido representar a toda la liga para luchar frente los gigantes.

El ambiente previo al enfrentamiento al Atlético-Barça era de una tensión nueva. Un cosquilleo agobiaba a la afición atlética. Eran conscientes de poder mirar de frente al Barcelona. Lo sucedido en el terreno de juego fue vibrante. Escaso de grandes ocasiones, tácticamente los rojiblancos anularon a los del Tata. Trabajosamente ambos ganaron un punto sin llegar a perforar la portería rival. Fue un partido soberbio.

A Pepe le tocó deshacer la losa que pesaba sobre el madridismo. Pasaban los minutos en Cornellá y el Madrid no era capaz de ganar y así recortar puntos a líder y colíder. El valor de la victoria tuvo dos rostros: la de Pepe corriendo sin rumbo por todo el campo besando el escudo y la de Ancelotti abrazando a todos sus  jugadores al final del encuentro.

Nos falta juego. El Barcelona juega a ráfagas lo mismo que el Madrid. Y el Atlético ofrece otro espectáculo, el de la intensidad. Pero ver a tres ahí arriba peleando ya es una alegría. Me cuesta acabar viendo ahí a los rojiblancos. La sospecha me invade cuando pienso en los meses venideros y veo un calendario plagado de fechas importantes al mismo tiempo que veo una plantilla en la que los minutos se distribuyen entre catorce jugadores. Veremos si llega o no el fuelle hasta el final.

Máxima exigencia se requiere para cumplir con los objetivos en esta liga. Pelear por la permanencia volverá a ser agónico. Salvo una gran criba el título y los puestos europeos tardarán en tener dueños.

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