Mammuth

Cultura · Juan Orellana
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4 septiembre 2011
La pareja de cineastas formada por Benoît Delépine y Gustave de Kervern nos presentan una extraña road-movie llamada Mammuth y protagonizada por Gérard Depardieu y Yolande Moreau. Mammuth es un tosco trabajador de un matadero que se acaba de jubilar. Está todo el día en casa sin hacer nada, y su mujer le hace ver que necesitan más dinero. Así pues emprende un viaje en moto en busca de sus antiguos patronos para conseguir certificados de su trayectoria laboral, lo cual le permitiría recibir una pensión mayor. Mammuth es un tipo elemental, muy primario, pero buena persona y muy inocente y simple. En su vida hay pocos amores: su trabajo, que se acabó; su primer amor, que también terminó trágicamente cuando estaba empezando, y su mujer, Catherine. En este sentido, el film, que es un desfile de personajes desabridos, deshumanizados o marginales, propone el amor como única posible redención de una vida hostil y poco gratificante.

La película consigue crear una atmósfera conmovedora, tierna, algo existencialista y muy humana; una atmósfera que se hace añicos innecesariamente en dos o tres momentos del film. Es una pena, pues el tono llega a recordar a maestros del realismo poético francés, pero con el nervio de la narrativa posmoderna. Esa delicadeza de fondo se rompe, insisto, por momentos de guión que violan la coherencia del film. La pureza del personaje de Mammuth, y que subyace a una brutalidad que nos recuerda al Michael Simon de Boudu (Jean Renoir, 1932), alcanzaría de lleno al espectador sólo si se eliminasen ese par de escenas, y no por escatológicas o sexuales, sino porque desdibujan el perfil dramático del personaje que se había ido construyendo con mucho tino.

La película tiene también una fuerte carga social que, entre bromas y situaciones surrealistas, denuncia los modos de un sistema económico donde la persona particular parece que despierta poco interés. En el fondo nos hace mirar la crisis económica desde la perplejidad y soledad de un hombre que ha trabajado duro toda su vida, y que ahora se siente desamparado. En fin, una película muy interesante, tierna, también divertida, con una excelente partitura de de Gaëtan Roussel. Es una pena que pierda tanto el tono en un par de ocasiones.

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