Malditos bastardos

Cultura · Juan Orellana
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20 septiembre 2009
Pasó por el Festival de Cannes y no se llevó la Palma de Oro, aunque sí la Palma al mejor actor para Christoph Walz. De la sala de proyección de la Croissette Quentin Tarantino salió con un mensaje claro: tenía que mejorar el montaje de Ingloriousus Basterds. Así que se puso manos a la obra y al Festival de San Sebastián ha traído ahora su nueva versión, que en español se ha traducido como Malditos bastardos. El título original es una variación ortográfica de The Inglorious Bastards, un film de Enzo G. Castellari (1978) al que Tarantino ha querido homenajear. En España se llamó Aquel maldito tren blindado.

Si aquel film italiano se inscribía en lo que los japoneses llamaron Macarroni Combat -refiriéndose a ese estilo spaguetti western aplicado a la Segunda Guerra Mundial-, Malditos bastardos es a su vez una aproximación pulp al Holocausto. Y éste es el punto interesante: ¿se puede reinventar en clave gamberra la persecución nazi a los judíos? ¿Es admisible una lectura cómica de la Shoá? Para responder positivamente a estas cuestiones, Quentin Tarantino le da la vuelta a los hechos históricos y propone un final invertido de la Segunda Guerra Mundial: la venganza judía. Son los judíos los que acaban matando a los nazis, y no a la inversa. De esta forma, Malditos bastardos se convierte en el homenaje fílmico de Tarantino a las víctimas del Holocausto. Si Spielberg tiene su homenaje –La lista de Schlinder-, Benigni el suyo –La vida es bella-,… y tantos otros, ahora el cineasta de la cultura pulp ofrece el suyo.

El argumento, estructurado innecesariamente en capítulos, desarrolla varias tramas paralelas. Por un lado al coronel de las SS Hans Landa, llamado cazajudíos, cuya misión es obvia. Busca judíos hasta debajo de las piedras… y los encuentra. Es sofisticado, inteligente y maquiavélico. Lo interpreta Christoph Walz. Es lo mejor del film, sin duda alguna, y su personaje supera con creces al de Brad Pitt, supuesto protagonista. Precisamente Pitt encarna a Aldo Raine, un oficial americano que encabeza un comando guerrillero de judíos americanos, cuya misión es "matar nazis": no detenerlos, ni hacerles prisioneros… matarlos. Y cortarles la cabellera, como los indios o los cascos de romanos de Asterix. De todos ellos el más temido es el llamado Oso judío, cuya arma letal es un memorable bate de béisbol. Ambas tramas convergen en un cine de París, que regenta una judía cuya familia fue asesinada por Landa. Ese cine va a acoger el estreno de un film propagandístico producido por Goebbels y al que va a asistir el mismísimo Hitler. ¿Conseguirán los hombres de Aldo Raine acabar con la vida del Führer y de su Estado Mayor?

La película, en la que también tienen papeles Mélanie Laurent, Eli Roth, Michael Fassbender, Diane Kruger y Daniel Brühl, es irregular de ritmo y estilo, pero el conjunto funciona, interesa y divierte, ofreciéndonos un desenlace brillante y apoteósico. El film no propone ninguna reflexión seria -ni lo pretende- y a lo más que llega es quizá a una apología de la venganza, una apología que no se toma en serio ni el mismo Tarantino.

Imprescindible verla en VOS, para disfrutar del alemán, francés e italiano con acento tejano. Verla doblada supone perder el cincuenta por ciento del interés y el humor del film.

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