Maggie`s plan

Cultura · Juan Orellana
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26 octubre 2016
Maggie (Greta Gerwig) es una profesora que cree que ya está preparada para ser madre. Como se siente incapaz de encontrar un marido estable, ya que sus amantes no le duran más de seis meses, decide ser madre soltera gracias a un donante de semen. Pero ese intento de controlar su vida no da resultado, ya que va a aparecer John (Ethan Hawke), casado con Georgette (Julianne Moore), que va tirar por tierra el plan de Maggie.

Maggie (Greta Gerwig) es una profesora que cree que ya está preparada para ser madre. Como se siente incapaz de encontrar un marido estable, ya que sus amantes no le duran más de seis meses, decide ser madre soltera gracias a un donante de semen. Pero ese intento de controlar su vida no da resultado, ya que va a aparecer John (Ethan Hawke), casado con Georgette (Julianne Moore), que va tirar por tierra el plan de Maggie.

A veces ocurre que un actor determina el sentido y estilo de las películas en las que trabaja, sea quien sea el director. Greta Gerwig es un buen ejemplo. Ella ha trabajado con directores muy diversos, incluyendo su marido, Noah Baumbach (Mistress America, 2015). Es el caso de Daryl Wein (Lola versus, 2012), Whit Stillman (Damiselas en apuros, 2011), Alison Bagnall (The dish and the spoon, 2011)… y otros muchos. En este caso, es la directora Rebecca Miller, ya curtida en dramas familiares, la que dirige esta historia de treintañeros sentimentalmente desconcertados, la especialidad de Greta. Esta actriz es, en cierto modo, el Woody Allen femenino, ya que sus personajes suelen vivir en permanente inseguridad emocional y perplejidad afectiva. Una vida sexualmente promiscua es normalmente la contrapartida de una insatisfacción existencial y de una búsqueda infructuosa de un compromiso estable. Todo esto va acompañado habitualmente de largos parlamentos, no exentos de cierta filosofía “urbana” cosmopolita.

Esta película va más allá de una mera comedia de enredos, y es como un retrato impresionista de la confusión, una desdramatización del drama, y pone sobre la mesa la cuestión de la maternidad y del matrimonio en claves posmodernas. Al final triunfa una tesis muy cercana a Woody Allen: no es posible someter la vida a un plan prefijado, porque el caos tiene sus propias reglas. Queda abierta la pregunta entonces de dónde va a parar el papel de la libertad y de la voluntad. Una película tan agradable como inquietante.

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