Macron, “el presidente que gana perdiendo”

Entrevistas · A.L.
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28 abril 2022
Olivier Roy es politólogo francés, profesor en el Instituto Universitario Europeo y titular de la cátedra mediterránea Robert Schuman Centre for Advanced Studies.

“Estas elecciones pasarán a la histórica como la paradoja de Emmanuel Macron: el presidente gana perdiendo. Conserva el Elíseo, pero la suya es una victoria por defecto. No resiste porque sea popular, sino porque la opción Marine Le Pen resulta inaceptable para la mayoría de los franceses”.

¿Estamos ya muy lejos de aquel entusiasmo que en 2017 llevó al presidente electo a la mayoría absoluta en la Asamblea nacional?

Así lo demuestran los resultados. El país está dividido. Macron tiene que enfrentarse al hecho de ser profundamente impopular para buena parte de la sociedad francesa. Ha sobrevivido sobre todo porque Marine Le Pen no ha estado a la altura de sus ambiciones. El líder de República En Marcha ha perdido a la izquierda y no ha ganado a la derecha. La única novedad de estas elecciones ha sido el resultado obtenido por Mélenchon. El voto popular –el de las periferias– y el juvenil han ido a parar sobre todo a él. Eso significa que ha conseguido el voto de los jóvenes musulmanes. Ha captado el malestar de los menos integrados, de las periferias, absteniéndose fundamentalmente de hablar del islam. En definitiva, la base electoral de Macron se ha reducido. De hecho, ya cuenta con un electorado de centro-derecha, el que votaba a Chirac y Sarkozy. Es cierto que ahora el electorado de izquierdas le ha permitido ganar, pero no lo ha elegido en la primera vuelta. Quién sabe cómo votará en las elecciones de junio. Se abre un periodo de grandes incógnitas.

La paradoja de Marine Le Pen, en cambio, es que pierde pero crece.

Ella ha conseguido dos cosas: librarse de la demonización que la vincula a la figura de su padre, Jean Marie, y en consecuencia ha sido la única que ha logrado normalizarse políticamente. Es cierto que los más puros han apostado por el soberanista Zemmour. Pero esto también le ha venido bien porque la ha desplazado hacia el centro, contribuyendo a su aceptación. De hecho, cuando hablan de ella ya no la definen como líder de la extrema derecha. Solo de la derecha. Si no ha ganado es porque no ha conseguido una tercera cosa: parecer presidencial. No se ha mostrado lo suficientemente informada, ha dejado que Macron la arrinconara en el debate dándole clases y no ha logrado acreditarse como una figura política lo bastante seria como para aspirar a la presidencia.

Ahora en Francia avanza un tercer gran partido, el de los abstencionistas.

Lamentablemente, esto forma parte de una crisis más general de los partidos políticos. Los franceses ya no los votan. Republicanos, socialistas, comunistas, verdes… Todos han salido perdiendo. Es la época de los movimientos, que no están tan arraigados en el terreno, no tienen sedes políticas ni militantes como en otro tiempo. Son volátiles por definición. Igual que su voto, que ya no es aparentemente de descontento, sino de mero cambio por el cambio.

Entrevista publicada en La Repubblica

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