Los obstáculos que esperan a la sucesora de Cameron (y de Thatcher)

España · Cristina Balotelli
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13 julio 2016
Gran Bretaña tiene nueva primera ministra. Se supone que es una buena noticia para el país, pero la manera en que Theresa May ha llegado al más alto cargo de gobierno deja un cierto sabor amargo a muchos de los 17,5 millones de personas que votaron a favor del Brexit. Y es que May no ha sido elegida democráticamente, sino después de la renuncia de Andrea Leadsom, que sí defendió el Brexit.

Gran Bretaña tiene nueva primera ministra. Se supone que es una buena noticia para el país, pero la manera en que Theresa May ha llegado al más alto cargo de gobierno deja un cierto sabor amargo a muchos de los 17,5 millones de personas que votaron a favor del Brexit. Y es que May no ha sido elegida democráticamente, sino después de la renuncia de Andrea Leadsom, que sí defendió el Brexit.

Las elecciones para elegir entre May y su rival, previstas para dentro de unas nueve semanas, ya no se celebrarán. Las bases del partido conservador, que tenían que expresar su voto –y que se dicen ampliamente euroescépticas– han perdido la posibilidad de hacerlo. La oposición ya ha mostrado su descontento. El laborista Jon Trickett, así como los demócrata-liberales y los verdes han pedido elecciones generales. Para Trickett, parlamentario cercano al líder laborista Jeremy Corbyn, resulta “crucial” tener “un primer ministro elegido democráticamente”.

No es la primera vez que un pro-Brexit se retira. Ya van Boris Johnson, Nigel Farage, Michael Gove (que no obtuvo votos suficientes por parte de los parlamentarios conservadores, pero que probablemente tendrá un papel en el nuevo gobierno) y Andrea Leadsom. Hasta el sábado pasado, Leadsom parecía muy segura de sí y optimista. Decía que tenía a su favor la ventaja de ser un rostro nuevo y una auténtica Brexiteer (mientras que May hizo campaña, aunque con cierta renuencia, para permanecer en Europa).

Pero precisamente el hecho de ser “nueva” ha pesado en su carrera hacia el liderazgo. El hecho de comportarse, en ciertas situaciones, como novel, mostrando su inexperiencia con los medios, ha jugado en su contra y le ha atraído numerosas críticas. La polémica estalló el fin de semana por una entrevista que Leadsom dio al Times de Rupert Murdoch. Preguntada por la periodista sobre las diferencias entre ella y Theresa May, la ex ministra de Energía citó incautamente, como rasgo distintivo de su hipotética idoneidad para el liderazgo, el hecho de ser madre. Al contrario que May, que no tiene hijos. El periódico lo destacó en titulares, de modo que esta afirmación de Leadsom, tal como aparecía publicada, resultaba efectivamente ofensiva hacia May. Emitida por todos los telediarios y emisoras, citada en todos los tabloides, hizo que sus colegas afilaran los dardos.

Leadsom ha recibido mucha presión para retirarse. “Lo que dije es que la maternidad no debería influir en la campaña”, afirmó en su defensa en otra entrevista con el conservador Telegraph. Pero el daño ya estaba hecho. Durante la polémica, May permaneció en silencio y Leadsom tuvo que pedirle disculpas. Luego –aparentemente de manera inesperada– anunció su decisión de retirarse diciendo que no tenía el apoyo necesario, por parte de los parlamentarios tories, para construir “un gobierno fuerte y estable”. Algunos dicen que el establishment es una máquina tan sofisticada que Leadsom no tenía ninguna opción para progresar. O sea, que hay quien ve en toda esta historia una conspiración bien construida. ¿Planificación o simplemente paso en falso por parte de una política relativamente inexperta?

“Me siento muy honrada y acepto humildemente” suceder a David Cameron, dijo May, la segunda mujer primera ministra en Gran Bretaña después de Margaret Thatcher. Seguramente, May cuenta con el apoyo de la mayoría de los parlamentarios tories, pero siempre quedará la duda sobre cuál de las dos mujeres habría caído si las bases del partido hubieran votado.

La opinión de los que conocen a May es unánime a la hora de valorar sus cualidades políticas (dirigió el ministerio de Interior desde 2010), su ética en el trabajo y su capacidad para unir. En su mensaje, ella afirma que el país ha votado por el cambio y que hay que trabajar por un gobierno conservador que esté más cerca de los trabajadores y por un país “no para unos pocos privilegiados” sino para todos. Para despejar las dudas de quienes no creen en su determinación para sacar a Gran Bretaña fuera de la UE, ha reiterado que “Brexit significa Brexit”, y que no habrá un nuevo referéndum.

Ahora le espera la ardua tarea de intentar unir un país dividido. Y un partido conservador que ya ha mostrado sus múltiples grietas y divisiones. El problema de Theresa May es que muchos la ven como una herramienta del establishment. Formada en Oxford, con años de experiencia en política, cercana a David Cameron y parte de esa elite a la que el voto del Brexit quería castigar.

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