Meeting de Rimini

Los nuevos derechos no tienen rabo

España · Fernando de Haro
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26 agosto 2014
No hay motivo para demonizar los nuevos derechos. Ha sido quizás la conclusión más provocativa de uno de los encuentros que ha tenido lugar este martes en el Meeting de Rimini. La mesa redonda ha estado dedicada a la llamada ´cuarta generación´ de derechos, en la que los españoles somos expertos, sobre todo porque Zapatero fue su gran impulsor y porque la derecha se ha puesto de lado en esta cuestión durante lo que va de legislatura.

No hay motivo para demonizar los nuevos derechos. Ha sido quizás la conclusión más provocativa de uno de los encuentros que ha tenido lugar este martes en el Meeting de Rimini. La mesa redonda ha estado dedicada a la llamada ´cuarta generación´ de derechos, en la que los españoles somos expertos, sobre todo porque Zapatero fue su gran impulsor y porque la derecha se ha puesto de lado en esta cuestión durante lo que va de legislatura.

El Meeting de Rimini sigue trabajando sobre la intervención del responsable de los cielinos, Julián Carrón, con motivo de las elecciones europeas. En aquella intervención el sacerdote español reflexionaba sobre la atracción y la repulsa que provocan los nuevos derechos que pretenden satisfacer el ansia de infinito del hombre del siglo XXI.

Andrea Simoncini, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Florencia, fija posición pronto: ´los nuevos derechos no deben ser criminalizados. Expresan un deseo legítimo. Cuando, por ejemplo, una madre habla del derecho a tener un hijo sano, está diciendo que quiere que su hijo no sufra´. El problema es pedirle al derecho lo que no puede dar. Simoncini señala que ´el derecho se ha convertido en una antropología práctica. Es una especie de selfie de lo que le interesa a la sociedad. ¿Y qué dice esa foto? El derecho nació como una defensa de la razón frente al poder. Ahora los derechos sociales, como consecuencia de la crisis, están puestos en cuestión.

Pero surgen nuevos derechos individuales que se presentan como una gran promesa´. Según el profesor Carter Shead, de la Universidad de Notre Dame, los nuevos derechos están afectados por la ambigüedad de la fundamentación de los derechos humanos. Cuando fueron proclamados tras la II Guerra Mundial se dejó de lado el debate sobre esa fundamentación. Por eso ahora es frecuente interpretarlos con una antropología marcada por el individualismo radical.

No por ello, según el tercer ponente, el juez Tomasso Epidendio, asistente del Tribunal Constitucional italiano, ´los nuevos derechos deben ser tratados como un enemigo que hay que combatir sino como una provocación. La tentación es rechazarlos con violencia y caer en esa tentación supone empeorar la situación´. Epidendio sostiene que los derechos humanos han sido sin duda una ocasión de progreso moral, un terreno en el que la cultura laica y la cultura católica pueden coincidir en la defensa de la dignidad humana. Después de la II Guerra Mundial hubo un consenso en torno a esos derechos humanos que ahora se ha roto: unos están a favor de los nuevos derechos y otros en contra. ´Pero hay que tener en cuenta -señala el magistrado- que el derecho es un lenguaje, no es bueno o malo en sí mismo. El problema no es el lenguaje de los nuevos derechos sino una retórica que los convierte en una promesa de resolver el afán de infinito del hombre, que el Estado puede atender con un coste cero´.

El lenguaje de los nuevos derechos se utiliza para poner el acento sobre un valor que se quiere afirmar, olvidando qué coste tiene afirmar ese valor y a quién perjudica. El juez se refiere a su propia experiencia: ´lo digo como magistrado, afirmar un derecho siempre tiene un coste, supone aplicar la fuerza, supone limitar los derechos de otros´. Y pone un ejemplo: si autorizo la maternidad de alquiler, se multiplican el número de padres y madres y eso tiene consecuencias.

Epidendio señala que los nuevos derechos no necesitan una respuesta reactiva sino un debate sereno. Lo primero que tiene que preguntarse la sociedad es cuáles son los costes cualitativos y cuantitativos de su proclamación. En este debate es necesario hablar del protagonismo excesivo del Estado y del peligro de la absolutización del derecho. A principios del siglo XX se teorizaba la necesidad de separar de modo radical el derecho de la moral, de los valores. Ahora estamos en el otro extremo, los nuevos derechos tienden a afirmar determinados valores, identificando moral y derecho. Como si el derecho pudiera resolver, de forma inmanente, aspiraciones que son transcendentes. Se puede así entender el derecho a la salud como el derecho a no sufrir, algo que es imposible. El debate sobre los fundamentos se hace más necesario que nunca.

Los nuevos derechos no tienen rabo. Hay que dejar hablar a la realidad para que los ponga en su sitio y no dejarse llevar por la ideología. Pero, según el juez Epidendio, eso no significa que los nuevos derechos no puedan mostrar un rostro muy feroz. ´Hay ocasiones en las que cuestionan la libertad, y eso es muy peligroso´.

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