Los no sometidos, el nuevo libro de Tzvetan Todorov

Cultura · Carolina Figini
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8 enero 2016
Tzvetan Todorov llega a las librerías francesas con su nuevo libro, “Insoumis” (aquellos que no se someten). En él presenta a ocho figuras, de Etty Hillesum a Nelson Mandela, de Aleksander Solzhenitsyn a Edward Snowden, que realizaron protestas solitarias contra los regímenes más despiadados, o bien en democracias contra los dictados que consideraban moralmente injustos.

Tzvetan Todorov llega a las librerías francesas con su nuevo libro, “Insoumis” (aquellos que no se someten). En él presenta a ocho figuras, de Etty Hillesum a Nelson Mandela, de Aleksander Solzhenitsyn a Edward Snowden, que realizaron protestas solitarias contra los regímenes más despiadados, o bien en democracias contra los dictados que consideraban moralmente injustos.

Todorov ha explicado al periódico francés Libération que sus protestas son muy diferentes entre sí. Por ejemplo, en democracia es posible luchar contra una injusticia apoyándose en una ley, cosa que en una ocupación  militar o en una dictadura resulta casi imposible.

Sin embargo, estas figuras tienen varios puntos en común. Por ejemplo, han rechazado combatir elmal según la lógica de identificar en el otro al enemigo. Incluso en el campo transitorio que la llevaría hasta Auschwitz, Etty Hillesum rechazó toda forma de odio hacia los nazis.

En las dictaduras, incluida la comunista donde Todorov vivió sus primeros años en Bulgaria –él mismo lo ha recordado en Le Monde–, es típico pensar que la sociedad totalitaria se dirige hacia una perfección, y todos aquellos que se oponen o la critican son “enemigos” que quieren enfangar esta utopía de felicidad.

En cambio los “no sometidos” ahí están y denuncian las opacidades, los compromisos e incluso los delitos que comete el totalitarismo o las fuerzas que niegan los derechos también dentro de las democracias. Más que por esta actitud, estas personas se distinguen por una extraordinaria lucidez, por la cual la moral, donde las acciones se juzgan por las intenciones, nunca se confunde con la política, que las juzga por el resultado. Es por esto que su lucha tiene un sentido no solo contra los totalitarismos y los genocidios del pasado, sino también hoy, que constatamos algunas de las peores consecuencias de las intervenciones americanas en Iraq (2003) y en otras partes del mundo.

Desde este punto de vista, Todorov parece cercano a Noam Chomsky, que dedicó precisamente un ensayo, “El nuevo humanismo militar”, a las “cruzadas ateas”, si se puede llamar así a las guerras libradas a partir de valores anti-islámicos primero por los soviéticos y luego por el propio Occidente.

El actual es un Todorov polémico, comprensiblemente, visto el terrible año 2015 de Francia, que comenzó con la publicación de un número de Charlie Hebdo crítico precisamente con la criatura literaria de Michel Houllebeck titulada “Sumisión”.

Pero es también un Todorov consciente, que se da cuenta de que “la sociedad sería poco vivible si todos se sometieran a su propia moral. La desobediencia civil, que comporta la violación de ciertas leyes en nombre de valores no negociables como la dignidad humana, la libertad, etc, debe ser un hecho aislado, y quien elige este camino debe ser consciente de que su gesto tendrá consecuencias”, ha declarado el escritor en una entrevista a la revista Hebdo.

La temática del libro es parecida a la del resistente, y para Todorov “la persona no sometida y el resistente son dos tiempos del mismo movimiento: uno negativo, el rechazo a una imposición; y otro más positivo, afirmativo de un principio”.

Según la jurista francesa Germaine Tillion, a la que dedica un capítulo de “Insoumis”, estos dos momentos se encuentran en un momento dado. De hecho, esta mujer decía: “Para mí, resistir significa decir no, pero a mí me pasa que cuando digo no también afirmo algo”.

La tendencia a decir sí cuando los demás lo dicen, y por tanto a conformarse, prevalece entre la gente, observa el intelectual. “Haría falta una energía infinita” para buscar siempre la verdad más allá de los comportamientos recomendados por los grandes medios, las decisiones del gobierno, la situación en que se encuentran… Muchos de los personajes de su libro han estado recluidos en la cárcel, el gulag o en el campo de concentración nazi.

Aquí, estas personas ordinarias y a veces también imperfectas (“Mandela era el primero que no quería ser considerado un santo; Tillion era muy directa e irreverente al hablar, y en el lager hizo algo que nadie esperaría en condiciones parecidas, sacó a la luz las canciones de su infancia”) han sabido realizar gestos extraordinarios partiendo de su vida cotidiana. Todorov invita a no olvidar que el primer paso de Mandela fue reconocer la humanidad de los guardianes de la prisión donde estaba encarcelado. Esta decisión, en cierto sentido, en determinadas situaciones, se impone, y por eso hay que conocer estos ejemplos de personas “no sometidas”, “resistentes” y en algunos casos incluso “justas”.

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