Entrevista a Richard Cohen

´Los niños que actúan en desacuerdo a su sexualidad son una bendición para la familia´

España · Enrique Chuvieco
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7 julio 2014
Siempre que tiene oportunidad, el terapeuta pide perdón a los homosexuales si alguien se ha sentido ofendido alguna vez. Con todo, no cesan los sabotajes cuando se desplaza desde su país, Estados Unidos, a impartir sus cursos.

Siempre que tiene oportunidad, el terapeuta pide perdón a los homosexuales si alguien se ha sentido ofendido alguna vez. Con todo, no cesan los sabotajes cuando se desplaza desde su país, Estados Unidos, a impartir sus cursos. Para cubrir este objetivo y la presentación de su último libro, Hijos gay, padres heterosexuales, ha estado en España y se ha encontrado con el rechazo de algunos, porque Cohen afirma que, como ocurrió en su caso, se pueden sanar las tendencias por el mismo sexo. Niega que se pueda probar científicamente que se nazca homosexual, porque “la biología dice lo contrario”, al tiempo que recomienda “a los padres que acojan y abracen el mundo femenino de sus hijos de igual modo que las madres hagan lo propio con el masculino de sus hijas y comprobarán cómo estos niños regresarán naturalmente a su orientación sexual acorde con su sexo”.

Usted ha dicho que sanar la homosexualidad no es curar una enfermedad, ¿es, por tanto, facilitar que la persona viva mejor su condición sexual?

Efectivamente. Hay distintas razones por las que alguien siente atracción por el mismo sexo. Por lo tanto, si les ayudamos a identificar esos motivos y luego a resolver cada uno de esos aspectos no tendrán que sufrir consentimientos homosexuales después de ese proceso. Les intentamos ayudar a resolver las causas para que lleguen a ser libres.

¿Con qué argumentos sostiene que la condición natural del ser humano es la heterosexualidad?

Simplemente por la biología, que demuestra que el hombre y la mujer se compaginan perfectamente en el aspecto físico. Cualquier homosexual proviene de una pareja heterosexual. Sabemos qué causas provocan la homosexualidad, por lo tanto, podemos prevenirlas. En mi libro Hijos gay, padres heterosexuales (Libros Libres), hay doce principios que las familias pueden hacer para ayudar a sus hijos gays o lesbianas a cambiar o prevenir estas situaciones, porque biológicamente estamos diseñados como heterosexuales.

Recientemente decían en un programa de televisión que un niño de 2 ó 3 años es consciente de cuándo su orientación sexual es distinta de su sexo, ¿qué opina al respecto?

He visto, como terapeuta y en la literatura científica al respecto, que si un niño actúa o desarrolla un comportamiento no acorde a su sexo, implica que un niño es muy femenino o una niña muy masculina. Hemos comprobado que hay tres generaciones anteriores a ese niño en las que no existen o son muy escasos los vínculos entre padre-hijo. En este sentido, ocurre igual en relación con las mujeres, pues es en la cuarta generación cuando una niña actúa de manera masculina. En definitiva, no han nacido gays, lesbianas o transexuales.

San Juan recoge que cuando los discípulos preguntaron al Maestro quién era culpable de la ceguera del invidente, si él o sus padres, Jesús respondió que ninguno de los dos, porque el trabajo y la misericordia de Dios se iban a manifestar a través de su enfermedad. Por tanto, esos niños que actúan en desacuerdo a su sexualidad son la bendición para restaurar los vínculos de todas sus familias. Porque al niño pequeño le gusta jugar con Barbies y el padre tiene que unirse al mundo del niño y preguntarle qué le gusta de las Barbies. El niño dirá que le encanta su pelo rubio, su vestido rosa, sus tacones…, y el padre le apoyará en estos comentarios, con lo que estará uniéndose al mundo emocional del niño, que se sentirá acogido y amado por su padre tal y como es. En ese momento, el padre llevará al niño al mundo de la masculinidad y ambos jugarán con artilugios y deportes más masculinos. Los padres que han participado en los mundos femeninos de sus hijos y las madres que han hecho igual en los mundos masculinos de sus hijas, con el tiempo, comprobarán que todos estos niños regresarán naturalmente a su orientación sexual acorde con su sexo. De esta forma están restaurando una maldición generacional de al menos tres generaciones en las que no había vínculos apenas entre padre e hijo y entre madre e hija (en este sentido, George Rekers ha publicado distintos estudios). Por tanto, no es verdad que un niño nazca gay o una niña lesbiana y, por otro lado, la familia pierde algo muy importante: la bendición que puede suponer un niño/a de esas características.

Ha declarado que fue homosexual, ¿experimentaba un malestar tener este tipo de relaciones?

He vivido una vida homosexual durante muchos años. Tuve varios novios y con uno de ellos viví tres años. Tras ser educado como judío, este último era católico y amaba a Jesús. A través de él, acabé conociendo y amando a Jesús y comprendí que el Señor actúa de maneras misteriosas. En un momento determinado, leímos en la Biblia que a Dios no le gustaba el comportamiento homosexual. Yo me enfadé mucho con eso, porque yo no quería parar. Más tarde decidimos no tener relaciones sexuales. Me convertí al catolicismo y le pedí a Dios que quitara mis sentimientos homosexuales. Fui durante nueve años célibe, después conocí a mi mujer y nos casamos, pero aquello fue un infierno, porque yo no había resuelto mi atracción por gente de mi mismo sexo, simplemente la había reprimido.

¿Cómo abandonó definitivamente su práctica homosexual?

Estuve buscando documentación, cursos, seminarios, terapeutas, sacerdotes… por todo el mundo, que me ayudaran, pero nadie entendía el problema en toda su complejidad. Eso fue hace 31 años. Fue muy doloroso y muy largo entender por qué yo tenía atracción por el mismo sexo. Entendí también que durante aquellos años rezaba erróneamente, pues pedía y rogaba al Señor: ¡Quítame mis sentimientos homosexuales! Él podía hacerlo pero no lo hizo. Por lo tanto, la oración que yo debía rezar era otra: “Señor, enséñame el significado de mis sentimientos homosexuales, por qué los tengo”. Ocurrió que el Espíritu Santo me reveló una por una las razones por las que tenía atracción por personas del mismo sexo. Así, empecé en terapia a tocar esos puntos y recibí la aprobación y el afecto de hombres heterosexuales. De forma natural, mis pulsiones homosexuales desaparecieron. Le pedí a Dios qué quería de mí y discerní que me solicitaba que volviera a la universidad, sacara el graduado de Psicología, buscara y ayudara a otros que tuvieran una atracción no deseada por el mismo sexo y apoyara a sus familias. Esto fue hace 27 años. Por lo tanto, los últimos años, como terapeuta, he ayudado a miles de personas que tenían una atracción no deseada por su mismo género a convertirse en heterosexuales.

En los últimos años, han aparecido muchas personas que se declaran homosexuales, como consecuencia del reconocimiento político y mediático en los países desarrollados. ¿Observa usted otros factores?

En Abriendo las puertas del armario se explica perfectamente la historia del movimiento pro derechos de los gay, que comenzó en Estados Unidos en los sesenta, siguiendo el movimiento de los derechos civiles. Antes eran rechazados por sus familias, las iglesias y todo el mundo. Como es natural, estaban resentidos y dolidos, se juntaron y decidieron una estrategia para conseguir la aceptación de la gente. Elaboraron un manifiesto homosexual, del que hago un resumen en el libro aludido, donde explico su historia, motivaciones y estrategia.

En cualquier lugar donde va intentan suprimir sus actos, ¿cree que los homosexuales le temen y por eso impiden el ejercicio de su libertad de expresión?

El movimiento homosexual es como un edificio, fijado en dos pilares: en uno dicen: “Hemos nacido homosexuales”; y en otro: “Por tanto, no podemos cambiar”. Aparezco yo, ex homosexual, casado, con tres hijos, ejerzo como terapeuta durante 25 años –en los que ayudo a mucha gente– y afirmo que, científicamente, no se puede demostrar que la gente nazca homosexual. Por lo tanto, el cambio es posible, con lo que destruyo su edificio y me odian por eso.

Vinculado con lo anterior, usted ha dicho que hay que respetar la decisión de las personas que quieran continuar con su homosexualidad, ¿ha atendido a gente que haya sido obligada a seguir sus terapias?

No, no aceptamos ese tipo de personas en nuestras consultas. Si hay padres que traen a sus hijos con esa intención, entonces trabajamos con ellos, no con los niños. Es un tema familiar que compete a toda la familia. Si los padres hacen el cambio, los hijos lo harán también. De ahí, este libro.

¿Podría explicar brevemente en qué consisten sus terapias? ¿Se ha centrado únicamente en el colectivo homo y bisexual para desarrollar su actividad?

Sintéticamente, hay tres pasos para resolver esa atracción no deseada. El primero es desvelar, identificar y comprender las raíces profundas de esa tendencia. En el segundo, resolver, sanar, abrazar cada una de esas causas. La tercera es que hombres homosexuales tienen que ser curados por heterosexuales. Esto es, sentirse queridos, que les acepten como son; e igual en el caso de las mujeres homosexuales que deben percibir que las aprecian y las quieren incondicionalmente. Cuando se realiza este trayecto los sentimientos homosexuales van disminuyendo y los heterosexuales van apareciendo.

Por nuestra condición humana, todos perseguimos una vida plena, con significado. ¿No cree que esta es la razón última para probar vías nuevas para conseguir nuestros objetivos?

Absolutamente, no. No hay evidencia científica de que un neonato nazca con la atracción por el mismo sexo. Es el resultado de cuestiones familiares, del entorno y del temperamento. Segunda cuestión: nadie decide tener atracción por el mismo sexo: son el resultado de heridas y la necesidad de ser amado. La gente tiene que tener esperanza para pasar de la atracción por el mismo sexo a convertirse en heterosexual, porque está científicamente documentado y el cambio es posible. Esto es la libertad de decisión: continuar por esa vía o explorar el camino de la posibilidad del cambio. Depende de uno.

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