PAPA FRANCISCO

Los negocios no viven de facturar muchos ceros sino de un corazón abierto

Mundo · Giuseppe Frangi
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11 septiembre 2018
“Es como una pequeña encíclica”, le dijo el Papa a Guido Gentili, director del diario italiano Il Sole 24 Ore, al término de una larga e intensa entrevista de dos páginas que este periódico acaba de publicar. Una pequeña encíclica que toca muchos temas de la actualidad social y económica. El entrevistador no buscaba anécdotas para conseguir titulares, por eso el discurso de Francisco pudo distenderse, con gran claridad y amplitud. El inicio del diálogo es emblemático del tipo de mirada de Francisco hacia el desarrollo económico y el crecimiento. Inmediatamente advierte que lo que hoy ya no funciona es confiar en performance individuales como motores de tracción de una riqueza colectiva. Esa lógica no funciona, como demuestra el hecho de que este proceso esté generando descartes a nivel humano y social. Descartes que ya no solo genera gente explotada y pobre, sino “expulsados” y “completamente rechazados”.

“Es como una pequeña encíclica”, le dijo el Papa a Guido Gentili, director del diario italiano Il Sole 24 Ore, al término de una larga e intensa entrevista de dos páginas que este periódico acaba de publicar. Una pequeña encíclica que toca muchos temas de la actualidad social y económica. El entrevistador no buscaba anécdotas para conseguir titulares, por eso el discurso de Francisco pudo distenderse, con gran claridad y amplitud. El inicio del diálogo es emblemático del tipo de mirada de Francisco hacia el desarrollo económico y el crecimiento. Inmediatamente advierte que lo que hoy ya no funciona es confiar en performance individuales como motores de tracción de una riqueza colectiva. Esa lógica no funciona, como demuestra el hecho de que este proceso esté generando descartes a nivel humano y social. Descartes que ya no solo genera gente explotada y pobre, sino “expulsados” y “completamente rechazados”.

El Papa habla también de “exclusión estratégica de los que viven al lado”. Eso no es verdadero crecimiento, es un crecimiento enfermo. Es un proceso que ha olvidado la componente fundamental de todo desarrollo auténtico: la dimensión de pueblo. Aquí Francisco hace una interesante observación. Dice que la dimensión de pueblo no es el resultado de una acción voluntarista. La dimensión de pueblo es un dato de hecho que consiste en millones de acciones cotidianas, la mayoría gratuitas, que permiten la convivencia. Para caer en la cuenta de esto, señala el Papa, basta “mirar alrededor con el corazón abierto”. Es un dato de hecho que tiene en la dinámica familiar el primer modo de desvelarse. ¿Cuál es la característica fundamental de esta amalgama que reconocemos como pueblo? La de ser inclusivo, afirma Francisco. De una economía enferma de individualismo ansioso, debemos pasar a una economía basada en esa aportación realmente positiva que es propia de toda dinámica comunitaria. Es un cambio de paso que no solo obedece a necesidades morales sino también a una lógica de convivencia auténtica.

El Papa dice también que este paso hacia una economía inclusiva no es solo una buena intención sino una realidad ya presente y activa en el tejido social. Es el tercer sector, un sujeto que ya no solo tiene un rol “reparador” (reparar las heridas abiertas en el tejido social por un desarrollo desigual) sino propulsivo. Es decir, que pone en marcha procesos cuyo beneficio no solo se mide en dividendos sino en valor y crecimiento social generado. Tampoco se trata aquí de armarse de buenas intenciones sino de convencerse para caminar sobre terrenos más sólidos, y el bienestar social es la condición esencial para que una empresa pueda crecer. “Perseguir únicamente el beneficio ya no garantiza la vida de una empresa”, afirma con mucha determinación Francisco.

Por último, entre las muchas cosas que dice en la entrevista, quiero destacar esta. Según Bergoglio, el mundo económico se apoya en el “conocimiento del cómo” (es decir, en las competencias), pero “también del porqué”. El porqué es el significado de aquello que se produce. Si lo que se produce mina o incluso destruye un tejido de vida común (pensemos actualmente en el fenómeno de los juegos y las máquinas tragaperras), evidentemente nos encontramos también ante una destrucción de la economía, aunque facture muchos ceros. Volver a valorar el “porqué” es por tanto otra condición para construir riqueza real y no burbujas.

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