Los límites del llamado constitucionalismo

España · Fernando de Haro
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22 octubre 2012
123.155. Son los votos que pierde el llamado constitucionalismo, la suma de socialistas, populares y UPD en el País Vasco. Ha pasado de los 486.345 votos de las elecciones de 2009 a 363.338 de las del pasado domingo. En el momento en el que ETA ha abandonado las armas, la opción no nacionalista, la que podría oponerse a una futura secesión, decrece. UPD se mantiene, cae el PP y, sobre todo, se derrumban los socialistas, que pierden más de 100.000 votos. Es la hora de la autocrítica y de reconocer los límites del constitucionalismo.

Lo más evidente es que el Gobierno de Patxi López, apoyado en la cámara de Vitoria por el PP, no ha supuesto una alternativa consistente al nacionalismo. López se convirtió en secretario general del PSE en aquella operación que acabó con Nicolás Redondo Terreros porque el socialismo de siempre se había convertido en zapaterismo. Y no hubiese pasado nada si López hubiera cambiado el constitucionalismo duro por un constitucionalismo blando.

Pero López en la última legislatura ha nadado entre dos aguas. Ha hecho guiños permanentes al PNV, ha querido que le quisieran los nacionalistas. Todos sabíamos que en circunstancias normales su formación y su currículum no le hubieran permitido ser lehendakari. Pero nos callábamos porque dejar al PNV fuera del Gobierno era más importante que cualquier otra cosa. Era el momento de aplaudir al primer lehendakari socialista. Lo malo es que López parecía no darse cuenta y alimentaba grandes ambiciones. Quería sustituir a Zapatero e hizo zapaterismo. Su desplome es una nueva entrega del desplome del más nefasto presidente del Gobierno que hemos tenido. Se desploma el constitucionalismo en el País Vasco porque se desploma, sigue desplomándose, el PSOE en toda España. Ahí están los resultados de Galicia. Y pronto llegarán los del PSC en Cataluña. Se disuelve un PSOE que ha dejado de ser PSOE.

Pero la caída del constitucionalismo tiene raíces más profundas. La política siempre está determinada por una cultura. Los resultados en el País Vasco son la consecuencia de la hegemonía cultural del nacionalismo. Y hay que reconocer que el constitucionalismo, incluso en sus mejores momentos, cuando el PP y el PSOE estaban realmente de acuerdo, no supo construir una alternativa en este terreno. Con toda la paciencia, la profundidad y el esfuerzo que requiere empezar a construir una cultura nueva. Los foros y las publicaciones que se crearon en los años en los que el Espíritu de Ermua estaba vivo pronto perdieron fuerza y se vieron afectados por las luchas intestinas. Era necesario construir para la siguiente generación. Afortunadamente hay quien todavía lo sigue teniendo claro.

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