`Los jóvenes necesitan maestros de la vida, que les enseñen el gusto de las cosas`

Mundo · Yolanda Menéndez
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2 marzo 2010
Pedro Samaniego dirige la Casa de Acogida de Menores Virgen de Caacupé, en Paraguay. Esta casa acoge a jóvenes infractores con la ley en situación de riesgo o que cumplen condena en la cárcel de menores. Es un lugar educativo sin rejas, donde la educación radica en la relación de Pedro con "sus" chavales. Ya alcanzan la cifra de 90 los chicos que han pasado por allí.

Se trata de una obra apoyada por CESAL, ONG de cooperación internacional, desde su nacimiento, con la construcción y posterior puesta en marcha de aulas y talleres. Recientemente, la Agencia Española de Cooperación Internacional aprobó a CESAL un proyecto que acaba de comenzar, cuyo objetivo es la construcción de nuevos talleres y aulas que favorezcan el sostenimiento de la casa y la educación tanto de los jóvenes de la casa como de otros chavales de la zona.

¿Qué es el Centro de Acogida Virgen de Caacupé?

La casa de acogida Virgen de Caacupé da espacio y abrigo a menores adolescentes que una vez que terminan su condena en la cárcel no tienen un lugar donde vivir o no quieren volver con su familia por muchas razones, y últimamente los mismos jueces nos están pidiendo que admitamos a jóvenes con medidas de libertad asistida o incluso a algunos que tienen que cumplir su condena. Esta casa surge a partir de las visitas quincenales, al inicio, que un grupo de amigos realizamos en la cárcel de menores o correccional "Itaguá" para aprender el sentido de la gratuidad. De esta propuesta nace una amistad con los chicos y ellos nos buscan para no volver a reincidir o para continuar la amistad que nace dentro de las cárceles.

Los jóvenes que usted educa son a menudo chavales que ningún otro centro admite, ¿qué le permite aceptar el desafío de educar a jóvenes que llegan en estas situaciones?

La verdad es que estos jóvenes son rechazados desde el inicio, o sea, ya en sus familias, en las calles, y hasta en la misma cárcel, este rechazo lo perciben en casi todos los ambientes y es muy difícil para ellos aceptar que otro les quiera o quiera estar con ellos. Yendo a la cárcel descubrí que también yo soy un necesitado, no podía responder totalmente a la necesidad de estos chicos, porque eran inmensos, pero veía en sus miradas este deseo de ser ayudados, acompañados, o de pertenecer a alguien. Cuanto más profundizaba en mi experiencia, me descubría totalmente identificado con la misma necesidad, y justamente al ponerme a lado de ellos con esta conciencia veía nacer una amistad totalmente gratuita, una compañía que no nacía de un cálculo, sino de un hombre dispuesto a compartir con ellos el camino de la aventura humana.

En España hay un intenso debate sobre el endurecimiento de la Ley del Menor, para hacer a los menores responsables ante la ley de los delitos que cometen, sobre todo los delitos de sangre. Y es que en los últimos años, y no sólo en España, crecen de forma preocupante los delitos violentos cometidos por menores, ¿qué se puede proponer ante esta situación?

Evidentemente, cuanto más nos alejamos o perdemos el significado de la vida, el sentido de la vida, nos volvemos salvajes o violentos, y la prueba es que cada vez más vemos esta violencia en nuestros niños y jóvenes, la señal de esta decadencia humana es la falta de horizontes o metas, a los jóvenes ya no les interesa alcanzar una meta, pues ya nadie es capaz de educarlos, y entonces gana este vacío y desinterés por las cosas, ya es un viejo a sus 15 años, sin vigor ni entusiasmo.

Me parece que los adultos, al no tener tampoco esta capacidad de educar, no son ejemplos a quienes seguir, los jóvenes necesitan de maestros de la vida, que les enseñen el gusto de las cosas, el sentido, una razón adecuada.

La experiencia que yo vivo en la Casa Virgen de Caacupé con estos muchachos es realmente sorprendente. Tengo un caso muy lindo que contarle, un chico estando en la cárcel pensaba que al irse a la Casa se escaparía inmediatamente, ése era su plan, pero comenta después de dos años: "Qué grande fue mi sorpresa que al llegar a la casa descubro que todo el orden, la belleza, la disciplina, los amigos, todos estaban hechos a mi medida o, más aún, sobrepasaba mi medida, y cambié de parecer y de aquí ya nadie me quita". Efectivamente, permaneció dos años y medio.

Yo creo que una propuesta que les desafíe el corazón despierta en ellos ese interés, pero como nadie les ofrece, entonces predomina el aburrimiento, la depresión y el abandono, pero en esta tarea hay que desafiar y lo que falta en nuestra sociedad es quien se arriesgue.

Los responsables educativos en España se quejan de la falta de interés que muestran los chavales por lo que estudian, ¿es posible despertar ese interés?

Repito que faltan maestros de la vida. Maestros pueden ser los padres, profesores, cualquier adulto que se implique con su realidad y los tome en serio. Necesitamos maestros a quien seguir. Pongo otro ejemplo. Cuando empezamos la casa, no teníamos nada, sólo la casa, pero qué hermoso es ver ahora cómo los chicos se implican con ella, al hacer el jardín, cuidar los animales, la huerta, etc, no por una particular atracción, sino al ver a alguien que hace en primera persona y les propone participar de ella. Antes no conocíamos ni el nombre de las plantas, ahora los conocemos todos, uno por uno, incluso consultan enciclopedias para investigar más de su origen, una cosa sorprendente, hasta el interés por el estudio nace justamente al verse él mismo querido y provocado en su libertad, pero dentro de una relación de afecto que los acompaña.

A menudo los propios padres se encuentran desbordados y afirman que "ya no saben qué hacer con sus hijos", ¿es necesaria una educación que ayude a los adultos a ser padres?

Debemos partir de nosotros mismos, yo soy el primero que necesito ser educado, yo soy el primer necesitado, esta conciencia me permite estar al lado de los chicos sin pretender nada, más bien aprender de la realidad que me pide ir más al fondo: ¿de qué está hecho? ¿Quién le puso frente a mí? Efectivamente necesitamos un ámbito, una casa, unos amigos, una compañía, que nos eduque constantemente a mirar así, yo sólo no me sentiría capaz de hacer nada, más bien me nacería un miedo que me imposibilitaría mirar de frente.

www.cesal.org

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