Los inicios de un nuevo escenario energético

Sociedad · Francisco Medina
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27 enero 2021
España ya ha remitido hace tiempo a Bruselas el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, con los compromisos adquiridos en el ámbito de las energías renovables.

España ya ha remitido hace tiempo a Bruselas el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, con los compromisos adquiridos en el ámbito de las energías renovables.

 

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% Generación de energía renovable en el sistema eléctrico42%60%74%

 

A partir de ahí, el Real Decreto-Ley 23/2020, de 23 de junio ha establecido la creación de un nuevo marco retributivo para la generación de energía eléctrica a partir de fuentes de energía renovables, basado en el reconocimiento a largo plazo de un precio fijo para la energía, a través del marco del procedimiento de concurrencia competitiva en el que se ofertará, bien la energía eléctrica, bien la potencia instalada, bien una combinación de ambas, sobre el precio de retribución de la misma. Podrán distinguirse entre diversas tecnologías según distintos criterios (características técnicas, tamaño, niveles de gestionabilidad, criterios de localización, madurez tecnológica y aquellos otros que garanticen la transición a la descarbonización de la economía); y las llamadas comunidades de energías renovables podrán competir por el acceso al marco retributivo en condiciones de igualdad con otros.

Este llamado régimen económico de energías renovables -desarrollado en un Real Decreto (el Real Decreto 960/2020, de 3 de noviembre)- es el resultante de un procedimiento de subasta en sobre cerrado, en el que es ofertado el precio de energía eléctrica, y se asume un compromiso de entregar una cantidad de energía en un plazo determinado o energía mínima de subasta (es decir, el volumen mínimo de energía que toda instalación ha de alcanzar por cada instalación que se ha acogido al régimen económico de energías renovables antes de que finalice el plazo máximo en que dicha instalación ha de vender esa misma cantidad alcanzada -entre 10 y 15 años-). Todas las instalaciones participarán en el mercado diario e intradiario, percibiendo tanto el precio del mercado como del que resulte en la adjudicación de la subasta.

La Orden TEC/1161/2020, de 4 de diciembre, ha establecido ya el primer mecanismo de subasta para el otorgamiento de este nuevo régimen económico de energías renovables, estableciendo un calendario indicativo para el período 2020-2025, habiéndose realizado, para el año 2020, la convocatoria de una subasta para un volumen mínimo de 3.000 MW, aprobada por la Secretaría de Estado de Energía, en su Resolución del pasado 10 de diciembre. En dicha convocatoria, el producto a subastar será la potencia instalada -o potencia máxima que puede alcanzar una unidad de producción, que será la menor de las que vengan especificadas en las características de los motores, turbinas o módulos fotovoltaicos-.

Se prevén penalizaciones para aquellas instalaciones que no alcancen la energía mínima de subasta en el plazo máximo de entrega -a tal efecto se establecen hitos intermedios de control, para garantizar que se alcance dicho mínimo-; se establecen parámetros de control en la subasta (precios de reserva; precios de riesgo; la exigencia de que el volumen de producto subastado supere, al menos, en un 20% el volumen del producto a subastar; o el porcentaje máximo del volumen adjudicado a una empresa o grupo empresarial sobre el volumen total subastado); la adjudicación de las ofertas por tramos -divisibles e indivisibles; y demás mecanismos dirigidos, en principio, a garantizar la libre concurrencia y evitar desequilibrios entre oferta y demanda.

Estamos en un momento de cambio de escenario. El plan de implantar 60 GW de potencia renovable para los próximos diez años, unido a los Mecanismos de Recuperación y Resiliencia y al instrumento React-UE, permite vaticinar que la energía procedente de fuentes renovables sea motor de transformación: seguramente el mecanismo de la subasta contribuya a moderar el precio de la energía, y contribuya a consolidar la implantación de las energías renovables. Claramente, se abrirán oportunidades de negocio.

Sin embargo, la última crisis económica, la llamada burbuja fotovoltaica producida en los años del Plan Nacional de Energías Renovables del Gobierno Zapatero, la pandemia del COVID-19 y sus efectos, y el empobrecimiento de muchos, nos recuerdan un factor siempre presente en un contexto tan complejo como el mercado del sector eléctrico y de energías renovables: los usuarios del sistema que no son productores ni comercializadores.

En la factura que pagamos todos los meses, se incluyen: los peajes de acceso a la energía eléctrica (que definen los precios según la potencia que se contrate y el consumo según la tarifa y el período), los costes del sistema (pagos por capacidad, servicios de ajuste y de interrumpibilidad, fondo de eficiencia energética y retribuciones abonadas por el Operador del Sistema y el Operador del Mercado) y los precios del mercado mayorista de electricidad, fijados diariamente en base al precio de “casación” de oferta y demanda. A lo que hay que añadir impuestos (IVA, impuesto a la electricidad), la potencia contratada y la energía.

La cuestión de la subida de nuestra factura, ciertamente, es más complejo de lo que, a priori, pueda decirse. El menor número de horas de sol en invierno, el temporal de este año, la existencia de días con menos viento, o el aumento del consumo de gas. Tampoco cabe olvidar el hecho de dos factores que están afectando actualmente: una menor producción de energías renovables y una mayor demanda, que hacen que el mercado acuda a tecnologías más caras (ciclo combinado o centrales térmicas).

Sin embargo, que ha de existir cierta intervención es, igualmente, claro: no sólo en la regulación del procedimiento de subasta, sino en la fase posterior, una vez terminada ésta, de inscripción de las instalaciones en el Registro de Régimen Económico de Energías Renovables. Los efectos del boom de las renovables que, en 2008, provocó serios sobrecostes para el sistema nos muestran, como en otros ámbitos de nuestra vida, que las decisiones que tomamos repercuten en otros. No vivimos aislados: estamos conectados -valga la redundancia-. De lo que se trata es que, a través de la generación de potencia renovable, se pueda generar un modelo más sostenible de economía, que huya de la rentabilidad fácil y garantice una rentabilidad razonable.

Se ha hablado, tanto desde el Gobierno como desde el sector privado, de la necesidad de dar señales de certidumbre para los mercados. Pero también hay que contar con los que consumen la energía y la pagan. Todos tenemos derecho a conocer qué beneficios son los que redundan en la sociedad cuando se fomenta el mecanismo de la subasta. Si vamos a entrar en un nuevo escenario energético, tenemos que entrar juntos. Si se generan burbujas especulativas, todos salimos perdiendo.

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