Los descendientes

Cultura · Juan Orellana
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16 enero 2012
Los descendientes se ha alzado con el Globo de Oro a la mejor película dramática. El director Alexander Payne, conocido por títulos como Entre copas o A propósito de Smith, vuelve a ese terreno que le es familiar del drama  arropado entre sonrisas y ciertas dosis de ternura. En este caso adapta un relato de Kaui Hart Hemmings, y nos cuenta la historia de un abogado, Matt King, económicamente muy desahogado, que vive con su familia en Hawai. Por un accidente náutico, su esposa Elizabeth queda en coma, y Matt debe ejercer de padre de familia, algo que no había hecho en su vida. Sus dos hijas, Alex y Scottie, no se lo pondrán demasiado fácil.

Este drama familiar, que combina con tiento melodrama y comedia, toca muchas cuerdas de interés, sin aspavientos y con contención. Así, el film emociona sin ser lacrimógena, y aunque no arriesga demasiado en sus propuestas, es sin duda un film sólido, aprovechable y valioso. Por un lado, el guión pone el dedo en la llaga del "padre ausente", que es también marido ausente. La nueva situación le obliga a replantearse sus prioridades y a reinventarse como padre. Una niña compleja y una adolescente que tontea con el alcohol, las drogas y el sexo, son unos retos demasiado difíciles para un hombre que no ha educado en su vida. Pero con el tiempo llegará a encontrar en sus hijas sus mejores aliados. Es más, como ya hemos visto en otras películas, Alex dará algunas lecciones de madurez a su padre. También hay una historia singular de acogida, ya que un impresentable amigo de Alex se incorpora a la vida familiar, y supone un contrapunto cómico que también sirve para representar un tipo de joven muy presente en la actualidad.

Es muy interesante el tema del perdón, en la película muy relacionado con el reconocimiento de los propios errores. Todo en la vida tiene consecuencias, y el mal cometido puede convertirse en una ocasión de bien. Al final, la reivindicación de la vida familiar resulta algo previsible y se resuelve de forma ciertamente pobre y tópica: todos juntos viendo la televisión. Aun así, el film es positivo en sus propuestas de fondo. A la magnífica interpretación de George Clooney, que le ha valido el Globo de Oro, se añade la actriz televisiva Shailene Woodley, que sorprende por la madurez de sus registros y su interpretación convincente de la hija mayor Alex.

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