“Lo que quieren estos chicos no es migrar, sino un futuro”

Entrevistas · Juan Carlos Hernández
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11 mayo 2021
Entrevistamos a Isabel Lázaro, profesora de la Universidad de Comillas, sobre el fenómeno de los menas. Doctora en Derecho, especialista en menores extranjeros, nos alerta de nuestra ceguera frente a las niñas menores que caen víctimas de las mafias y ejercen la prostitución en nuestro país.

¿En qué circunstancias vienen estos menores a nuestro país?

Ya hace muchos años que comenzó esta migración de adolescentes solos, a veces muy jóvenes, a veces niños y niñas, aunque lo más visible son los niños. Las niñas, que también las hay, son invisibles porque las que viajan solas, sin otros referentes familiares en Europa, vienen en manos de redes, y normalmente sabemos de ellas cuando ya se han hecho adultas, y entonces cuentan que ya estaban aquí siendo menores.

¿Se podría decir que son la punta de lanza de su familia?

No son la punta de lanza de las familias en el sentido de pensar en una reagrupación familiar posterior, no son lo que se llama niños ancla, que aseguran su residencia legal en el país para atraer luego al resto de la familia. Es cierto que muchos de ellos son para la familia un pilar y un sostén cuando consiguen trabajo porque envían remesas y son un apoyo económico para las familias, de hecho vienen con ese empuje de poder ayudar, pero solo en ese sentido. Muchos de ellos, por tanto, no están totalmente desvinculados de sus familias, no es que no tengan unos padres que no se preocupan por ellos, sin que eso signifique necesariamente que sean los padres quienes les hayan enviado, porque hay de todo. Hay padres que impulsan a sus hijos a la migración, y uno tiene que plantearse las condiciones de vida en ciertos países para que los padres empujen así a sus hijos a una aventura de tanto riesgo en tantos sentidos, porque el viaje es tremendo, ya lo es para los adultos, mucho más para los menores, pero luego cuando llegan aquí tampoco están en una situación boyante. No es nada fácil, nos cuesta mucho aceptar su minoría de edad, hay una gran resistencia, en algunos casos porque las diferencias étnicas hacen que parece que las apariencias sean diversas, pero también porque detrás hay una política de no incentivar esta migración, pero esa no incentivación no puede pasar por la respuesta concreta que recibe el individuo, que es un niño, y se es niño hasta los 18 años, según la Convención de los derechos del niño.

¿Y qué ocurre cuando cumplen la mayoría de edad?

Cuando entran en el sistema de protección, para lo cual a veces hay mucha resistencia, pero una vez que están dentro lo que dice la ley es que su residencia en España es regular, tienen una autorización de residencia, con ciertos desajustes en los tiempos a veces, pero la tienen. No tienen autorización para trabajar, y no la van a tener hasta los 18 años. Ahora estamos en un proceso de reforma para que a partir de los 16, igual que los niños españoles, puedan acceder al trabajo. Como normalmente son adolescentes cercanos a la mayoría de edad, no se hace con ellos un buen plan de formación para que lleguen a la mayoría de edad con posibilidades de acceder al mercado de trabajo, de manera que si cumples 18 años y hasta ese día no has podido trabajar, al día siguiente no vas a tener trabajo. Ya has salido del sistema de protección, que no siempre es inmediata, pero en algunas comunidades autónomas sí, el mismo día en que cumples 18 años se abre la puerta del centro y estás fuera, ya no puedes estar dentro del sistema de protección del menor. Y a ver quién a los 18 años tiene suficiente poder adquisitivo para sostenerse por sí mismo, desde luego nuestros nacionales no están en esas condiciones.

“Demos un sentido a este gasto social que estamos haciendo, de manera que favorezcamos la integración de estas personas en nuestra sociedad”

Necesitan un plan de formación. Están aquí, lo cierto es que están aquí, lo cierto es que España tiene unas fronteras permeables, que ni quiere ni puede cerrar porque nosotros vivimos de la relación con el exterior. La permeabilidad de las fronteras supone que efectivamente en un mundo de desigualdad tan enorme como la que existe en este mundo, va a estar llegando permanentemente gente en busca de un futuro, mientras no se alimente el futuro en sus países de origen. No pensemos que son migraciones absolutamente queridas, lo que se quiere es futuro, vida, si tuvieran otras alternativas a las que nosotros deberíamos cooperar, quizá no vendrían. Pero los tenemos aquí y forman parte de nuestra sociedad. Estamos haciendo una inversión cuando los incorporamos en el sistema de protección, claro que sí, sobre ese dato se ha hecho campaña, claro que cuestan, igual que costamos todos en otros terrenos, como cuesto yo a la sanidad pública, a las infraestructuras, todo sumado en un estado de bienestar claro que todo cuesta, y una plaza en un centro de protección cuesta dinero, claro que sí. Ahora bien, demos un sentido a este gasto social que estamos haciendo, de manera que favorezcamos la integración de estas personas en nuestra sociedad, que sean personas que aporten después socialmente. Y en lo personal tienen muchísimo que aportar la mayor parte de ellos. Este cómic que nos han hecho de mafiosos no se corresponde con lo que son esos niños, no tiene relación con los datos de la realidad.

¿Qué hay de real en esa sensación de inseguridad por la presencia de menas de la que se ha hablado últimamente?

Podemos hablar de sensaciones de seguridad o inseguridad, pero lo cierto es que en la Comunidad de Madrid hay unos 450 menas tutelados. En centros de medidas judiciales hay 20. Esta es la proporción, para que nos situemos. ¿Este es el dato que causa tanta inseguridad en Madrid? Me parece que es una visión un poco deformada de la realidad. También es cierto que si yo tengo a los chavales de 16, 17 años, ni siquiera en un centro de protección sino en albergues, porque no hay espacio suficiente, como están en un albergue y tienen cama y comida nos creemos que eso es protección. El resto del día no hay actividad alguna, están en la calle pululando, ¿qué esperamos que ocurra? Con estos y con otros, claro que al final caen en el consumo y en el trapicheo. Si no tienen otra opción…

Por tanto, necesitan un adulto que les acompañe de un modo adecuado.

Lo primero es sentarse con ellos y plantearse el futuro: ¿qué quieres ser, qué quieres hacer? Hay quien quiere formarse para algún oficio. Siempre recuerdo un caso que para mí fue muy ilustrativo. Un mena refugiado que hizo una ingeniería. Le proponían talleres pero en su casa todos eran ingenieros y médicos, y gracias a una entidad que apoyó mucho esa voluntad del chaval, ahora es uno de los que han participado en el proyecto del mercado de San Antón en Madrid. Y es un mena. ¿Aportan? ¿Es que solo aportan los que hacen grandes obras visibles? Desde lo pequeño también aportamos en la sociedad. Pero lo cierto es que vienen con ganas de sacar un futuro adelante y eso no siempre se lo ofrecemos.

“Desde un punto de vista jurídico se debe articular mejor el acceso al mundo laboral”

Una ley no sustituye el amor que puede dar una persona, ¿pero está nuestro marco jurídico lo suficientemente desarrollado para gestionar adecuadamente la integración de estos menores?

No favorece la integración porque no se afronta bien la cuestión del trabajo, que trae luego otras dificultades. Jurídicamente hay que articular bien la posibilidad de acceder bien al mundo del trabajo y respecto a la residencia, también favorece la estabilidad en la residencia, porque tienen residencia estable mientras son menores de edad, luego pierden toda esa estabilidad y pasan a ser irregulares. Entonces durante la minoría de edad no van a aprovechar bien los recursos de que disponen porque viven bajo la inquietud de qué pasará después, y lo que se hace con estos chicos cuando llegan a la mayoría de edad no es una devolución al país de origen, que tampoco es que yo sea partidaria de eso, sino que abrimos la puerta a la calle, a la situación irregular, y que se aproveche de tu situación irregular quien quiera. Me parece una hipocresía, esta España tan poblada de personas en situación irregular, trabajando en situaciones que permiten la explotación, lo que genera son unas masas que cada cierto tiempo acceden al arraigo a través de la regularidad, y eso me parece un sistema bastante hipócrita.

¿Cómo es la regulación en otros países de nuestro entorno?

Creo que Francia está en una situación parecida a la nuestra en lo que se refiere a menas. Es verdad que muchos de los que están aquí quieren subir al norte y su objetivo principal son los países nórdicos, que ofrecen un sistema mucho más estable. Recuerdo una conversación con un chaval en París que me decía que quería volver de Suecia, se había recorrido Europa varias veces y estaba bastante mal, pero me decía que en Suecia se vivía bastante bien por las condiciones sociales pero allí “la gente no te quiere mucho, el trato es mejor en España”, o sea, que la gente aquí parece que es más cálida, más acogedora, pero no el sistema, que no te da alternativas. Y eso se refleja en los sistemas jurídicos: sistemas que son acogedores y que dan mayor estabilidad, que es el elemento básico para ofrecer un cierto horizonte en la vida de estas personas.

Volvamos al tema de las niñas en manos de las mafias. ¿Cómo es su situación? ¿Es posible su salida de la red mafiosa?

Estamos bastante ciegos ante estas realidades con las que convivimos. España es un país en el que se consume muchísima prostitución y una parte de esa prostitución está alimentada por personas extranjeras. Los criterios para determinar si son menores de edad, a veces, son criterios a ojo. Hay un libro que recoge un informe con historias de vida muy interesante que publicó hace tiempo Women´s link worlwide, un libro sobre madres con los hijos robados poniendo sobre la mesa una serie de historias terribles de mujeres víctimas de trata que tenían hijos que las propias mafias habían separado de sus madres. Y esta era la manera de chantajearlas. Tenemos una imagen de la trata muy falsa porque nos imaginamos a las mujeres con grilletes y, muchas veces, sus cadenas son muy invisibles.

La amenaza por tu hijo es peor que una cadena.

Y a lo mejor al inicio de tu viaje no se basa en una amenaza por tu hijo sino que el inicio es una huida por un matrimonio forzado, estás intentando rescatar a tus hijos pequeños de la ablación y son mujeres que inician su viaje pensando que para ellas, de las que quizá ha abusado su propio marido o que la casaron cuando era una niña, pensar que tiene que pasar por la prostitución un par de años no se le hace tan terrible. Lo que no sabe es que no son dos años. Devolver la deuda del viaje no son dos años sino que es la vida entera, porque les van cobrando el espacio donde duermen, si le cuidan al niño o le dicen que le van a llevar a su hijo con otros niños donde otra persona les cuida pero ya no lo ves… y van cobrando por el cuidado de los hijos. De manera que la deuda en lugar de disminuir va creciendo. Algunas de estas mujeres cuentan en el libro que han estado en España cuatro años y no han sido invisibles del todo porque han estado en contacto con policías y les han pedido su documentación y nadie se ha dado cuenta de que eran niñas. Para mí esto es escalofriante, están entre nosotros y no vemos lo que está ocurriendo. Merecen protección, son vidas muy rotas; en un tiempo cuando la autoridad entraba en contacto con ellas, se declaraba el desamparo de los hijos. Hay una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en un caso en el que el niño se da en adopción y la única respuesta que se deja en manos de la madre es que escriba una carta contando la historia y que cuando esa criatura llegue a la mayoría de edad pueda leerla porque ya no puede establecerse el contacto. Es tremendo y por más que un tribunal diga que se compense, no hay compensación posible.

¿Es sensible nuestra sociedad frente a esta problemática que hemos abordado en esta entrevista?

Es importante generar sensibilidad para comprender y con esto no quiero decir de una política con todas las puertas abiertas ni un mundo de color de rosa. Son personas como somos todos, con sus luces, con sus sombras, pero merecen respeto como queremos merecer nosotros también. Es necesario generar espacios de convivencia que nos permitan conocernos mejor de una forma realista. En las sociedades que vamos creando cada vez hay menos espacios de convivencia. Hay parques donde conviven los niños pequeños pero en aquellos parques donde entran estos adolescentes no hay un espacio real de convivencia. La gente que tiene miedo y huye. Lugares donde se pueda dar una conversación real con estos chicos. En general es un problema en nuestra sociedad, los adolescentes no tienen espacios adecuados donde estar salvo en el ámbito deportivo. Porque cuando se pone nombre a las personas y se trabaja conjuntamente, nos cambia la visión a todos.

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