Lo que es imposible

Cultura · F. Medina y F. Gómez
COMPARTIR ARTÍCULO Compartir artículo
| Me gusta 0
6 noviembre 2012
Dicen que cualquier circunstancia que nos sucede en nuestra realidadsiempre suscita interrogantes sobre en qué consiste nuestra vida, quiénes somosy para qué existimos o para qué vivimos. En el caso de catástrofes naturales,como el del tsunami que arrasó las costas de Tailandia en el año 2004, lapregunta parece agudizarse más todavía. Y, ante ella, no deja de actuar lalibertad humana, ya sea para ir hasta adentro de ellas, en busca de una respuesta,ya sea para cerrar el interrogante o mirar hacia otro lado; ya sea para negardesesperadamente la posibilidad de ser respondidas.

Un tsunami es un hecho que te cambia: tanto si es el ritmo frenético deldía a día como una ola inmensa de agua que te arrastra sin piedad, te sale elgrito profundo: "¿Qué hago aquí?". "¿A dónde voy?". "¿Por qué esto?". Laconmoción es mayor cuando ves las devastadoras consecuencias que tiene eldejarte llevar por la corriente y no consigues aferrarte a una roca sólida. Eltsunami de la vida nos trae el desconcierto por el derrumbe de nuestrosesquemas y proyectos y nos introduce en el miedo ante lo desconocido, porque,en el fondo empiezas a intuir que la vida no la controlas, no la riges tú; Algoes el que te lleva: ya no decides tú, y eso es lo que, en realidad, nos damiedo.

Cuando te adentras en el drama de esta familia, no dejas de sorprendertepor la humanidad de personas como María, Enrique o los niños (¡ojo con Lucas!):el impacto ante la realidad es impepinable, como ineludible es que uno constataque tiene un corazón que busca y no se conforma con cualquier cosa: trasreunirse con su hijo Lucas, la peripecia que pasa María es brutal. En la vida,sufres cuando caminas, sufres en tus propias carnes tu miseria, tu límite, tuincapacidad para responder a lo que el otro espera. María vive un camino deespinas, acompañada de su hijo, con el que se implica (en el hospital) en unarelación educativa: el problema es ¿qué hay al final de este camino? TambiénEnrique busca, roto por el dolor que produce cuando algo que tienes parece quelo pierdes (se derrumba cuando habla con su suegro por teléfono). En la vida,cuanto más aferras, más se te escapan las cosas. Ante este tsunami, que tecuestiona y te revuelve por dentro (como los que padecen el tsunami), ¿cómosalir y agarrarse a roca sólida?

Un camino sin Origen y sin un Destino:hacia la nada

Conmueve ver a cada uno de ellos luchar por sobrevivir y buscarse los unosa los otros. Hacer coraje para sobreponerse a la catástrofe y experimentar lasolidaridad humana; el hecho de que los habitantes del poblado lleven a Maríaal hospital es de una humanidad provocadora, pero no llega a ser caritas,porque estos gestos de solidaridad no permiten intuir para nada la presencia delMisterio. No hay atisbo alguno al hecho religioso: de la catástrofe, no parecehaber preguntas y toda la historia personal de cada uno es vista como fruto deun azar. Lo que, en realidad, vence en la historia del tsunami es esa visiónlimitada del tiempo que culmina con la muerte. Todo aquello por lo que luchaspara construir algo, en el fondo, no perdura, porque se lo lleva el maremoto.No hay nada por lo que merezca la pena luchar que perdure. Así lo ha dichoMaría Bellón (la superviviente del tsunami en la vida real), cuya posición antela vida ha sido el de "cuestión de maldita suerte".

Desde el principio, el tsunami de la vida nos arrastra a todos; otracuestión es que sea capaz de eliminar el grito más profundo de nuestraexistencia: el "¿por qué?" y el "¿para qué?" de nuestra existencia. La realidades que bebemos de una mentalidad en la que, en lugar de seguir las exigenciasdel corazón, nos recreamos una y otra vez en las consecuencias devastadoras deltsunami; en el fondo, para reafirmarnos en que todo es producto de unacasualidad. Se nos mete en los tuétanos de que estamos de paso en esta vida,sin rumbo a un Destino, sino a merced de fuerzas invisibles, ciegas ycaprichosas. Parece que, hagamos lo que hagamos, no somos libres. Lo que se nosofrece con la familia de Enrique y María es que estar en familia es mejor queestar solo; y es verdad: los vínculos te hacen más libre y con el corazón másabierto. Pero, en ellos, no se ve un Origen, un Algo que dé consistencia a lasvidas de cada uno. Ni siquiera un atisbo de una conciencia de lo que significaestar juntos (como expresión de que Otro te ha puesto), como algo que no eligesy que te es dado.

¿Qué hay después de lo que ha sucedido?

La pregunta que nos deja Lo imposiblees: y después de esto, ¿qué? Un acontecimiento es algo que deja un antes y undespués: te cambia y te permite recomenzar y crecer. En el caso del tsunami de2004, es imposible que no se haya abierto ningún interrogante ante la magnituddel acontecimiento y, sin embargo, en la película, todos se ponen de perfilante el drama profundo de la vida. Ciertamente, sin una experiencia humana queno censure nada ni indague en las preguntas no se puede responder a esto,cuando la muerte, la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, la pérdida de un serquerido te asaltan como un maremoto…para eso, no existen aspirinas. Sin estaperspectiva, no se puede hacer un camino sobre el sentido del dolor y delsufrimiento. Y es aquí donde no se entienden (a no ser porque se busquenotoriedad y una buena taquilla) ni la agresiva promoción que se ha hecho a lapelícula ni este desvelarse en público de María Bellón (al entrevistarse conNaomi Watts, que interpretó su papel), que distan mucho de lo que significa dartestimonio de un hecho. Aquí parece que estemos, de nuevo, en la corriente deuna exhibición sentimental que en nada ayuda ni a las víctimas del tsunami ni ala propia sociedad de nuestros días. 

La urgencia de una respuesta frente aldeterminismo

Así, el trasfondo de la historia que nos narra "Lo imposible" deja un posode enorme tristeza, porque en ella no hay espacio para sorprenderse por elmilagro: todo es una realidad compuesta de objetos parciales, regida por ununiversal destino trágico y determinada por el caos. Y, partiendo de este determinismo,se ha hecho trampa con la realidad, porque, en el fondo, hace depender delhombre Algo que excede de sus propias fuerzas. Porque la cuestión es ¿qué nossostiene en los momentos de dolor, cuando nuestro ánimo y nuestras fuerzasfallan? Y, por otro lado, ¿qué hay de todas las personas que murieron? ¿Y de losque perdieron a un ser amado? ¿Quién da respuesta a todo ese sufrimiento?

Necesitamos partir de una experiencia verdaderamente humana, que nos pongaante los ojos la verdad de nosotros mismos: que no tenemos el mismo valor queun árbol arrancado de cuajo, o un coche desguazado; que tampoco somos seresdejados al azar, sino hombres preferidos porque hemos sido creados a imagen ysemejanza de un Dios omnipotente, que no pasa de largo ante el sufrimiento,sino que se hace Hombre para compartir nuestro destino, que murió por cada uno,rescatándonos de la muerte inexorable. Hace falta ver ese rostro de Dios,Jesucristo que tiene el poder de dar la vida y de quitarla (nos sigueasombrando la novedad de la resurrección de Lázaro). Esta entrada de Dios en laHistoria de los hombres constituye el mayor Milagro de todos los tiempos.Querer censurar este hecho es reducir el Hombre a la nada. Y no estamos hechospara la nada, sino para la Vida. 

Noticias relacionadas

La dificultad para ver a Cristo
Cultura · Angelo Scola
El nuevo dios con minúscula nos domina hasta tal punto que corremos el riesgo de volvernos incapaces de captar el misterio. Pero hay una alternativa...
8 abril 2021 | Me gusta 5
Solidarios. La vida más allá de uno mismo
Cultura · Ángel Satué
Antonio Rubio Plo nos acerca a la vida de Svetlana Alexievich, de Antonio Guterres, de Mahamat Saleh Haroun, de Andrea Riccardi y de Antoinette Kankindi. ¿Quiénes son estas personas? ...
9 marzo 2021 | Me gusta 1