Lo que Cristina no quiere escuchar

Mundo · Horacio Morel (Buenos Aires)
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4 junio 2012
Siguiendo una tradición inaugurada por su marido cuando era presidente, Cristina Fernández de Kirchner mudó su asistencia al Te Deum de la fiesta patria del 25 de mayo lejos de la Catedral de Buenos Aires, esta vez a la sede episcopal de Bariloche, en la Patagonia, escapando de la filosa palabra del Cardenal Primado de la Argentina.

Desde hace más de 500 años la Iglesia eleva su voz contra los atropellos del poder. El 21 de Diciembre de 1511 (IV Domingo de Adviento) fue Fray Antonio de Montesinos quien acusó a los encomenderos por la opresión y la servidumbre a la que con crueldad habían reducido a los naturales, inaugurando con su homilía de aquél día la línea que la Santa Madre jamás abandonó en América Latina, haciendo suya la causa de los derechos humanos y de la justicia social.

En estos tiempos que corren en la Argentina, en los que el gobierno kirchnerista propone a la sociedad el mal negocio de un engañoso bienestar a cambio de libertad, las palabras que el Cardenal Jorge Bergoglio pronunció en la homilía del Te Deum sin funcionarios nacionales entre los asistentes, hubieran sonrojado y avergonzado a los poderosos de turno.

Denunció Monseñor Bergoglio las "locuras" cotidianas que "mienten y engañan y terminan impidiendo la realización del proyecto de Nación: la del relativismo y la del poder como ideología única. El relativismo que, con la excusa del respeto de las diferencias, homogeiniza en la transgresión y en la demagogia; todo lo permite para no asumir la contrariedad que exige el coraje maduro de sostener valores y principios. El relativismo es, curiosamente, absolutista y totalitario, no permite diferir del propio relativismo… El poder como ideología única es otra mentira. Si los prejuicios ideológicos deforman la mirada sobre el prójimo y la sociedad según las propias seguridades y miedos, el poder hecho ideología única acentúa el foco persecutorio y prejuicioso."

La homilía del Cardenal no se limitó a una crítica política como muchos medios han intentado mostrar, sino que es toda una imputación a un determinado modo de vivir, una especie de ‘contracultura' que encuentra en el estilo kirchnerista su expresión política: "El vacío de amor, su vulgarización y bastardeo permanente, aún desde algunos discursos pseudo-religiosos, no sólo nos deshumaniza sino que, por ende, nos despolitiza… Una política sin mística para los demás, sin pasión por el bien, termina siendo un racionalismo de la negociación o un devorarlo todo para permanecer por el solo goce del poder… el ejercicio de buscar poder acumulativo como adrenalina es sensación de plenitud artificial hoy y autodestrucción mañana", sostuvo Bergoglio.

La crítica del Primado rescató la situación de los más débiles e indefensos olvidados por el sistema y la pasividad con la que la sociedad argentina asiste a este verdadero desastre humano, social y cultural: "¿qué nos lleva a ser cómplices, con nuestra indiferencia, de las manifestaciones de abandono y desprecio hacia los más débiles de la sociedad? Porque en la voracidad insaciable de poder, consumismo y falsa eterna-juventud, los extremos débiles son descartados como material desechable de una sociedad que se torna hipócrita, entretenida en saciar su ‘vivir como se quiere' (como si eso fuera posible), con el único criterio de los caprichos adolescentes no resueltos. Parecería que el bien público y común poco importa mientras sintamos el ‘ego' satisfecho. Nos escandalizamos cuando los medios muestran ciertas realidades sociales, pero luego volvemos al caparazón y nada nos mueve hacia esa consecuencia política que está llamada a ser la más alta expresión de la caridad… con los niños y los jóvenes somos como adultos abandónicos que prescindimos de los pequeños porque nos enrostran nuestra amargura y vejez no aceptada, los abandonamos al arbitrio de la calle, al ‘sálvese quien pueda' de los lugares de diversión o al anonimato pasivo y frío de las tecnologías, porque no queremos aceptar nuestro lugar de adultos, no entendemos que la exigencia del mandamiento del amor es cuidar, poner límites y abrir horizontes, dar testimonio con la propia vida… los ancianos son abandonados en la egoísta incapacidad de aceptar sus limitaciones que reflejan las nuestras… para este narcisismo y consumismo son material descartable, los tiramos al volquete existencial", refiriendo que el adormecimiento de la conciencia "señala cierta narcosis del espíritu y de la vida."

Como punto de apoyo de la urgente tarea de reconstrucción moral y social, destacó Mons. Bergoglio que Jesús "proclama la única forma de fundar un vínculo y una comunidad que sea humanizadora: el amor gratuito…la confianza social es raíz y fruto del amor. Jesús manifestó el poder del amor como servicio… es este mandamiento que pide todas nuestras fuerzas… y que, sobre todo, pide un corazón noble…El verdadero poder es el amor, el que potencia a los demás, el que despierta iniciativas, el que ninguna cadena puede frenar porque hasta en la cruz o en el lecho de muerte se puede amar. No necesita belleza juvenil, ni reconocimiento o aprobación, ni dinero o prestigio. Simplemente brota y es imparable, y si lo calumnian o destruyen más reconocimiento incuestionable adquiere… Lejos de ser un sentimentalismo común, y una mera impulsividad, el amor es una tarea fundamental, sublime e irremplazable que hoy se torna una necesidad para ser propuesta a una sociedad deshumanizada."

Cristina se lo pierde, los demás podemos escucharlo y olvidarlo: todos los argentinos lo sufrimos.

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