Lo mucho que a España le interesa Rímini 2010

Mundo · Fernando de Haro
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27 julio 2010
El emperador se pasea, quizá con los ojos desorbitados y, a buen seguro, con la voz en el cuello, y proclama que está afectado por la sed de lo imposible. "Tengo necesidad de la luna, o de la felicidad, o de la inmortalidad". El emperador es Calígula y las palabras se las ha puesto en la boca el gran Albert Camus. Con la representación de su obra de teatro comenzará la 31 edición del Meeting de Rímini.

La gente de Comunión y Liberación (CL), que ha levantado durante las tres últimas décadas el mayor encuentro cultural del Viejo Continente (más de 100 mesas redondas y más de 800.000 visitantes), dedica este año la convocatoria que comienza el 22 de agosto a una cuestión irreverente. "Esa naturaleza que nos empuja a desear cosas grandes es el corazón", reza el lema. Si para explicarla convocan al Calígula de Camus, la palabra naturaleza en este caso tiene poco de ese objetivismo reseco y empolvado de los filósofos iusnaturalistas que tan poco quiere saber del drama de los días. Y la referencia al corazón tampoco parece que vaya a diluirse en  consideraciones sentimentales o servir de refugio para los espiritualistas porque hay convocados, según anuncia el programa, tres jefes de Estado, seis ministros del Gobierno italiano y el presidente de la Comisión Europea.

La convocatoria de los de CL a favor del corazón se produce después de que esté a punto de terminar el año II tras el inicio de la crisis que sigue teniendo a la Unión Europea en un suspiro. En el G-20 de junio quedó meridianamente clara la solución de Merkel frente a la de Obama. Disciplina fiscal, reducción del déficit y no hay más que hablar. No le falta razón. Aunque, paradojas del destino, las pruebas de resistencia hechas a los bancos a finales de este mes de julio se han vengado de forma irónica de la disciplina germánica. Los mercados han castigado la deuda alemana por la gran exposición de sus entidades a los bonos griegos.

No es momento de cuestionar las reglas que imponen austeridad y menos desde una España en la que la tasa de paro no baja del 20 por ciento. Pero cuando la recuperación amenaza con tener la forma de una W (vuelta a la recesión después de una tímida recuperación) y, cuando es evidente el despropósito de haber puesto en marcha una moneda única sin gobierno económico común, es fácil que en el modo de pensar de los europeos acabe dominando la idea de que todo se debe a no haber cumplido las reglas y que la solución está en dejarlas claras y hacerlas respetar a sangre y fuego. En el fondo es como si volviera a dominar esa sospecha tremenda hacia el hombre y hacia su naturaleza, que se instaló en el Viejo Continente por influencia del protestantismo y de cierto catolicismo del que en nuestro suelo patrio hemos tenido sobrada ración. Como si el corazón del hombre fuese peligroso, estuviese tan dañado que no tuviera ya grandeza para crear, emprender o reconocer los verdadero y lo bello. Como si hubiera que someterlo. El mensaje que lanzan los de Comunión y Liberación desde el Meeting, hablando de política, de economía y de muchas cosas más subraya que no hay caída que pueda destruir el destello que el Infinito imprime en la razón y en la libertad. Mensaje de confianza en el corazón como creador de historia. No por casualidad dos de las exposiciones están dedicadas a Flanery O´ Connor, la gran escritora del Sur de los Estados Unidos que supo reflejar en sus provocativos relatos lo poco esquemático que es el deseo, y al Ulises de Dante que siempre quiso ir más allá de las columnas de Hércules. Hemos nacido para desafiar el Non Plus Ultra.

Si la provocación es oportuna para toda Europa, lo es especialmente para la España que vive el año VI de Zapatero. El curso comenzó convirtiendo el aborto en un derecho, expresión de la fragmentación del gran y único corazón en una multitud de deseos parciales que llegan a legitimar la muerte de los inocentes. Termina con un país profundamente desencantado de los políticos (último Barometro del CIS) y dominado por la sensación de la impotencia frente a la crisis. La batalla nos deja exhaustos. Por un lado, un poder que pretende dominar con el propósito de descomponerlo y acomodarlo a cosas pequeñas. Y, por el otro, una respuesta cada vez más obsesionada por la militancia y la movilización para defender valores irrenunciables. Respuesta que también desconfía de la capacidad de clarificar y de construir que tiene el corazón. Se cree, ingenuamente, que la restauración de cierto orden es útil y posible. La cita de los de Comunión y Liberación promete para los que estamos hastiados del picadillo de deseos, de un estatalismo que sofoca la creatividad y la responsabilidad y de los sueños de una restauración construida desde arriba.

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