Llamad y se os abrirá

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27 febrero 2015
¿Quién no se ha desalentado ante Dios, bajo su aparente silencio como respuesta a nuestras peticiones ?

¿Quién no se ha desalentado ante Dios, bajo su aparente silencio como respuesta a nuestras peticiones ? Se instala la sensación de que  nuestras manos sangran al golpear una y otra vez la aldaba de su puerta sin que nos oiga.Buscamos desesperadamente otras vías para llegar a Él y ser tenidos en cuenta, y recurrimos a una especie de mercadeo, de contrato de compraventa o incluso al chantaje, y hablo de la promesas hechas a Dios.

Creo que nadie ha escapado en alguna ocasión a este juego, al menos en el pensamiento de realizarlo. Nuestra falta de fe y confianza, nos empuja a veces a escalar las montañas más altas, confiando en nuestras fuerzas y sin equipo apropiado y luego pasa lo que pasa, que iniciamos el ascenso y enseguida nos damos cuenta de que no podemos. Pero voy a detenerme en una reflexión personal sobre esas promesas fáciles de hacer y fáciles de romper, como diría Mary Poppins.

“Te prometo Señor esto, si me concedes lo otro”. Siempre existe en este intercambio el “Si me…” es la condición que le ponemos a Dios, y en esta actitud, en realidad lo que le estamos presentando es algo de lo que no gozamos. No tenemos fe, ni esperanza, ni confianza, ni convicciones, ni seguridad que ofrecer  para efectuar el intercambio. Nos ponemos en actitud de hipotecar el amor que creemos tener a Dios. Con una promesa con condiciones, estamos regateando con el Señor, entramos en el camino de la mezquindad.

Dice Jesús “Yo os digo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá .Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué Padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto  más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” (Lc, 11,913).

Dios ama sin condiciones, nunca dejará de darnos lo que le pedimos. Qué no vemos, que no oímos, que caminamos en el más árido desierto, que nuestras fuerzas están ya en las últimas, que caemos una y mil veces en nuestra escalada hacia el amor; pues un día y otro volvemos a llamar a la puerta. Nuestra perseverancia en ello, demostrará, que tenemos la seguridad de que un día el ruido del picaporte despertará al señor de la casa. Solo la fe mueve montañas, solo la fe, “derrite a Dios”.

El amor, no regatea, solo ofrece, “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, como dice San Pablo . Y es en el amor del Otro, donde uno quiere corresponder entregándolo todo, y entonces sí, es ahí donde uno puede ofrecer las promesas que quiera. “Te prometo Señor… no si me concedes…  Te prometo Señor  esto… porque quiero corresponder a lo que ya me has dado” El amor lo cambia todo, llena de energías todo nuestro ser para ofrecer a Dios lo que ante Él creemos puede pedirnos. Con esa confianza podremos cumplir cualquier promesa hecha a Él.

Y dice Jesús que el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan. En el texto de Lucas antes mencionado nos dice ´¡cuánto más el Padre dará..!´ Como si nos dijera: ¡Por mucho que os conceda un padre terrenal a su hijo, Dios va a daros muchísimo más, va a dar lo mejor, y nos presenta al Espíritu Santo, que es el fruto del amor entre el Padre y el Hijo y ¿que nos regala con Él? Pues acudimos al catecismo para verlo.

Dones del Espíritu Santo:

Sabiduría: gusto para lo espiritual, capacidad de juzgar según la medida de Dios.  

Inteligencia (Entendimiento): Comprender la Palabra de Dios y profundizar las verdades reveladas.

Consejo: Ilumina la conciencia en las opciones que la vida diaria le impone, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma.

Fortaleza: Fuerza sobrenatural que sostiene la virtud moral de la fortaleza.  Para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las contrariedades de la vida. Para resistir las instigaciones de las pasiones internas y las presiones del ambiente. Supera la timidez y la agresividad.

Ciencia: Nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador.

Piedad: Sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios como Padre y para con los hermanos como hijos del mismo Padre.  Clamar  ¡Abba, Padre!

Temor de Dios: Espíritu contrito ante Dios, conscientes de las culpas y del castigo divino, pero dentro de la fe en la misericordia divina. Temor a ofender a Dios, humildemente reconociendo nuestra debilidad. Sobre todo: temor filial, que es el amor de Dios: el alma se preocupa de no disgustar a Dios, amado como Padre, de no ofenderlo en nada, de ´permanecer´ y de crecer en la caridad

Con estos regalos, encontraremos las respuestas que no recibimos. ¡No lo dudes! Con este equipaje, podemos escalar las montañas más altas sin temor alguno.

´Cuando hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a él no le agradan los necios. Cumple lo que prometes,  pues vale más no prometer, que prometer y no cumplir´.(Eclesiastés, 5,4)

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