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Literatura y cultura

Mundo · Elena Santa María
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29 diciembre 2016
´Este año leí a Joan Didion y sentí con ella el vértigo de la ausencia, cambié radicalmente de vida, trabajé más que nunca, vi a Eschenbach suspender el tiempo, me aburrí del fútbol, me despedí de personas a las que no dejaré de añorar, fui feliz en el Índico y aprendí que la belleza es una fuerza imparable y que ante su capacidad destructiva es inútil todo lo que no sea resignarse. No vivimos lo suficiente como para que exista un solo año anodino en nuestra historia personal´. Este es el balance del año 2016 que Rafael Latorre comparte en El Español. Y es que, en estos días del año, la prensa se llena de esas ´historial personales´ bien contadas.

´Este año leí a Joan Didion y sentí con ella el vértigo de la ausencia, cambié radicalmente de vida, trabajé más que nunca, vi a Eschenbach suspender el tiempo, me aburrí del fútbol, me despedí de personas a las que no dejaré de añorar, fui feliz en el Índico y aprendí que la belleza es una fuerza imparable y que ante su capacidad destructiva es inútil todo lo que no sea resignarse. No vivimos lo suficiente como para que exista un solo año anodino en nuestra historia personal´. Este es el balance del año 2016 que Rafael Latorre comparte en El Español. Y es que, en estos días del año, la prensa se llena de esas ´historial personales´ bien contadas.

Lola García contaba en La Vanguardia su viaje a Pearl Harbor, un lugar visitado por muchos japoneses -igual que muchos estadounidenses visitan Hiroshima- y del que destaca que percibía la ´ausencia de odio´. Allí se encontró a un veterano que sobrevivió al ataque de Pearl Harbor hace 75 que le decía: ´¡Lo que nunca imaginé es que me casaría con una japonesa!´.

En el mismo periódico Juliá Guillamon imaginaba un día con su mujer: ´Cenaremos mirando una película antigua y, al terminar la cena, pasaremos al sofá. Cuando falten veinte o veinticinco minutos de película, nos dormiremos abrazados uno al otro. Me despertaré antes que tú y te llevaré a la cama dulcemente. A la mañana siguiente, en la agenda que te regaló Albert y que te hizo tanta ilusión apuntarás: ‘¡Qué gran día!’. Yo pasaré a tu lado, veré lo que escribes y te besaré en el cuello´.

También en La Vanguardia, Lluis Foix aprovechaba estos días de descanso para contemplar la naturaleza: ´Son alicientes en estos días en los que la naturaleza parece que está triste y dormida pero no es así. Mantiene su vitalidad como en el resto de estaciones del año. El sol invernal se apaga en el horizonte y la noche fría y transparente se adueña de la oscuridad´.

Pedro G. Cuartango reflexionaba El Mundo sobre el tiempo en este fin de año: ´Ahora que se acaba el año y comienza un nuevo ciclo me parece útil recordar que somos porque estamos hechos de tiempo. El tiempo es nuestro tesoro, nuestro único activo porque todo se construye en ese viaje por la banda deslizante de la temporalidad. No podemos salirnos de ella, al igual que una flecha avanza a un punto indeterminado del espacio. Como esa flecha, todo tiene un origen para llegar a un destino. Y la distancia es un fragmento de un recorrido infinito al igual que la vida es un momento en la inmensidad de lo real. Toda indagación nace o vuelve al problema del tiempo, ese gran misterio que acuna nuestra existencia´.

Por su parte, José Blasco del Álamo decía en El Español, a propósito de estas fiestas: ´Si en la Edad Media fue la religión la que elevaba al ser humano hacia algo superior, en la Edad Moderna pasó a ser la cultura. Hoy en día, el valor que más cotiza en la sociedad de consumo es la belleza, el culto al cuerpo, la negación de la muerte. El mundo del siglo XXI es tan materialista como el Imperio Romano. En dicho imperio, en un contexto de grave crisis religiosa, apareció Jesús. ¿Viviremos otra vez alguna aparición similar? (…) ¿Sería mejor un mundo sin Dios…? Manuel Jabois piensa que sí: ‘Sería un mundo sin coartadas, tanto para hacer el mal como para hacer el bien’. Otros, como el agnóstico Vargas Llosa, responden negativamente, alegando que sobrevendría ‘una barbarización generalizada de la vida social’. Los dos argumentos me parecen plausibles -¿qué otras coartadas buscarían algunos fanáticos para seguir matando?, ¿cuántos misioneros abandonarían África si perdiesen la fe de repente?-, aunque también me pregunto si la verdadera respuesta a quién ganará la Batalla de Nochebuena se encuentra en un lugar indeterminado entre la moral y la belleza, en el amor: nuestro anhelo de inmortalidad tal vez sea un anhelo de ser amados y, como pensaba Dostoievski, Dios sea necesario -siquiera en la imaginación- porque es el único que puede amar eternamente´.

Tras leer estos fragmentos se entiende bien la conclusión del diagnóstico que hace Guntram B. Wolff en El País para 2017: ´En 2017 los votantes dirán si piensan que los responsables políticos nacionales y europeos han cumplido sus promesas. Pero las batallas electorales no van a limitarse a la inmigración y las desigualdades. Los factores culturales son más importantes de lo que creen los economistas. Ese es el ámbito en el que ciudadanos y expertos deben intervenir si desean defender la democracia liberal´.

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