´Libia no es Iraq, una intervención militar tendría grandes ventajas´

España · PaginasDigital
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8 marzo 2011
Entrevista a Justo Lacunza, rector emérito del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islamistas.

¿Qué ventajas y qué inconvenientes tendría una intervención militar en Libia? ¿Cómo podría realizarse esa intervención?

Una intervención militar tendría tres grandes ventajas. La primera, neutralizar la brutal acción bélica de Muammar El Gadafi contra su propio pueblo, bloquear la llegada de más mercenarios y parar los ataques violentos de las milicias. Con otras palabras, poner fin a los bombardeos, a las matanzas y a la masacre de la población. La segunda, impedir que se cree un vacío de poder y broten facciones disidentes que conviertan, sobre todo el litoral libio, en la tierra de nadie. Algunos dicen que Libia "está al borde la guerra civil", pero el país está en guerra desde el 17 de febrero de 2011. La tercera es evitar una crisis humanitaria, como ya la está habiendo en las fronteras, y el éxodo de miles de libios que han comenzado a abandonar sistemáticamente ciudades y aldeas ante la situación real de una auténtica guerra.

La gran desventaja de una intervención militar es la marea de protestas antiamericanas y antioccidentales, que crecería en ciertos círculos políticos. El antiamericanismo sería apoyado por los que siempre están contra los Estados Unidos y temen que en sus propios países la población se subleve contra la dictadura. Además, tanto los Estados Unidos como la Unión Europea no son muy propensos a una acción militar que tenga por escenario el Mediterráneo. ¿Contarían con el apoyo de Rusia y China?

No creo que la juventud en los países árabes esté contra una intervención militar en Libia para desbloquear la situación, y menos ahora que el sentir popular es luchar por la dignidad y los derechos humanos contra dictadores y tiranos. El "revolucionario" libio ha perdido toda su credibilidad. La intervención podría realizarse con el bloqueo del espacio aéreo y el apoyo directo a las zonas que están bajo control de los opositores. El bloqueo del suministro para los aviones, tanques, camiones y vehículos dejaría el material de guerra de Gadafi inservible. Agujereando las pistas de los aeropuertos donde están posicionados los cazas, éstos no podrían ni despegar ni aterrizar. Bloqueando las comunicaciones internas no sería posible la coordinación, algo básico en la guerra total de Gadafi contra la oposición. Si se le acusa a Gadafi de crímenes contra la humanidad, habrá que parar la guerra en Libia de alguna manera y sin mucho tardar.

Los jóvenes árabes ya no miran a la UE como el poder colonizador, sino como la tierra de oportunidades, derechos y libertades. No hay que comparar la actual situación en Libia con la de Iraq o la de Afganistán. Son contextos históricos diferenciados con protagonistas diferentes. La historia de los países árabes y del mundo ha cambiado en las últimas cuatro semanas, y de eso debemos tomar nota. No hay marcha atrás en la reivindicación de la libertad, de la dignidad y de los derechos humanos.

Con la intervención militar se trata sencillamente de evitar la masacre de miles de personas y de evitar las operaciones militares del Gobierno. Los que luchan contra la tiranía de Gadafi piden que haya una acción militar exterior que neutralice y destruya la capacidad militar del coronel. No se puede abandonar a millones de personas que sueñan con la democracia, la justicia y la libertad.

¿Por qué Gadafi ha tenido capacidad de reaccionar y ha conseguido una contraofensiva?

Porque tenía armas, soldados, milicias y mercenarios. Su reacción se basa en un principio que expuso en su segunda intervención pública una vez comenzada la guerra: "yo soy un luchador, un revolucionario y al final tendré que morir derramando mi sangre". Después de casi 42 años en el sillón de mando, Gadafi no se va a entregar para dar paso a la democracia, a las libertades y a los derechos, y menos para que le juzgue un tribunal en el extranjero. Hay algo que no debemos olvidar: cada vez que Gadafi ha tenido problemas internos o dificultades externas, bien por un intento de golpe de Estado o por una manifestación popular, siempre ha actuado con crueldad y dureza contra los que han cuestionado su régimen o han osado desafiarlo. Eso es lo que ocurrió, por ejemplo, con la masacre de 1.200 prisioneros en la cárcel de Abu Salim en Trípoli en febrero de 1996. Y es el aniversario de esa masacre lo que en parte ha sido el detonador de la sublevación en Libia. Gadafi ha creado un régimen dictatorial que tiene como referentes el miedo, el terror, la intransigencia y la incertidumbre. Esto le ha permitido sobrevivir durante más de 40 años. Por lo tanto no está dispuesto a dejarlo. Había creado ya el enjambre de poder comenzando por su familia y había amarrado el control de los recursos, las finanzas, los consejos populares, la seguridad, la policía, el ejército y las concesiones petrolíferas. Pero esa olla a presión ha explotado con la insurrección popular.

¿Resistirá Gadafi?

El coronel libio resistirá, como todo dictador, hasta el final y luchará a sangre y fuego por la supervivencia. Sus incondicionales seguidores lo arropan y los milicianos lo protegen. Todos han comido la miel de la colmena. Será muy difícil romper los anillos de seguridad que le hacen de escudo protector. Su resistencia depende de la disponibilidad de armamento y de la fidelidad de sus más allegados. Podría ser el objetivo de una traición gestada en sus propias filas. Gadafi utilizará todas las maniobras y artimañas para quedarse firmemente en el poder. Ha dicho que "el pueblo libio lo ama", pero él continúa con la masacre de quienes ha definido como "drogadictos" y "delincuentes".

¿Puede convertirse Libia en una nueva Somalia?

Libia puede convertirse en la nueva Somalia, si no hay una intervención global que lo impida, intervención que no es solamente militar, sino ante todo humanitaria y en defensa de un pueblo. Los herederos del coronel no están dispuestos a soltar la codiciada presa del mando, de los recursos, de las inversiones y de la hegemonía familiar. Y son muchos los que pretender seguir los pasos de la dictadura de Gadafi, comenzando por sus propios hijos junto con la constelación de amistades creadas a lo largo de los 42 años en el poder. Dentro y fuera de Libia. Hay que pensar también que Túnez y Egipto no estarían dispuestas a ver nacer la "Somalia libia" en sus fronteras.

¿Hay riesgo de que Libia acabe controlada por Al Qaeda?

Libia podría convertirse en el nuevo territorio de Al Qaeda. Si hay un vacío de poder, aumenta la inseguridad, brotan grupos de milicias, nacen bandas de guerrilleros, se forman alianzas mafiosas para el control del crudo. Y eso es lo que el movimiento yihadista quiere y desea: el caos para pescar en aguas sucias y evitar que haya un Estado centralizado en Libia. Al Qaeda busca nuevos territorios donde implantarse, no para la expansión del islam, sino para continuar haciendo sus propios negocios. La situación de caos generalizado en Libia favorecería la implantación de células, grupos y movimientos a favor de Al Qaeda. Además, Libia es un gran productor de crudo, por lo tanto toda acción que contribuya a dañar los intereses de Occidente, el movimiento yihadista lo apoyará sin reservas ya que va en línea con sus intereses y su ideología.

¿Es posible el desarrollo democrático en el norte de África sin que, al final, los integristas se hagan con el control?

Es posible el progreso democrático en los países del África del Norte, aunque hay que pensar que cada Estado tiene su propia historia. La democracia y el islam no son incompatibles. Será difícil, sin embargo, llegar a tener un Estado aconfesional en los países de mayoría musulmana. Pero eso ya lo tenemos en Indonesia, en Malí, en Turquía, en las repúblicas de Asia Central. En este momento los pueblos árabes no quieren ni los tiranos con sus dictaduras ni quieren escuchar la predicación de los islamistas con el engaño del radicalismo islámico. Las nuevas generaciones no van a permitir que los integristas se hagan con el poder político. El precio de la revolución es caro y en las últimas semanas ha abierto la senda de los derechos humanos, de la dignidad y de la libertad. Los habitantes de los países árabes, y de cada nación en el mundo, quieren pan, trabajo, dignidad y derechos humanos. Los gobiernos que no están dispuestos a trabajar en esa línea tendrán poco tiempo en el poder. Los países árabes han aguantado demasiado los regímenes férreos de tiranos y dictadores. La llegada de la democracia, con todos sus problemas, creará más entendimiento y construirá más puentes entres naciones y estados. De esto no me cabe la menor duda y estoy convencido desde hace muchos años.

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