Letrinas y alcantarillas, el trabajo de los cristianos

Mundo · Stefano Vecchia
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7 septiembre 2015
No solo marginación religiosa y persecución. La vida de los cristianos en Pakistán está marcada por un profundo atraso. En parte es fruto de sus orígenes, retales de una época en la que la India estaba unida bajo el régimen británico, antes de la separación que creó en 1947 una patria aparte para los musulmanes. El cristianismo se difundió entre los excluidos del sistema. Normalmente, los misioneros eran sus únicos defensores. El prejuicio de pertenecer a grupos sociales inferiores se conservó después de que el territorio pasara a Pakistán. Lo confirma una investigación independiente realizada por una organización cristiana y dirigida por el activista Basharat Yaqoob, publicada en el “Pakistan Christian Post”.

No solo marginación religiosa y persecución. La vida de los cristianos en Pakistán está marcada por un profundo atraso. En parte es fruto de sus orígenes, retales de una época en la que la India estaba unida bajo el régimen británico, antes de la separación que creó en 1947 una patria aparte para los musulmanes. El cristianismo se difundió entre los excluidos del sistema. Normalmente, los misioneros eran sus únicos defensores. El prejuicio de pertenecer a grupos sociales inferiores se conservó después de que el territorio pasara a Pakistán. Lo confirma una investigación independiente realizada por una organización cristiana y dirigida por el activista Basharat Yaqoob, publicada en el “Pakistan Christian Post”.

Que los cristianos viven sin educación, sin sanidad, sin viviendas, sin empleo; que sufren discriminación en el mundo de los negocios, que acusan la dificultad para que se apliquen las leyes y rija la justicia, es algo que puede no sorprendernos, pero los datos publicados son igualmente duros. La tasa de desempleo es muy alta y el 65% de los hombres que trabajan se dedican a la limpieza de desagües y baños públicos, mientras que el 29% de las mujeres, entre ellas muchas menores, son empleadas domésticas. Muchos de ellos, también menores, trabajan en condiciones de semi-esclavitud en las ladrilleras.

Indudablemente, hay varios niveles de responsabilidad. El informe llega a plantear esta pregunta: “¿Dónde podemos dirigirnos para acceder a servicios necesarios? ¿Cuál es la solución para poder tener una existencia menos precaria y un futuro?”. Las respuestas son difíciles de encontrar en un país que en su conjunto avanza con retraso en materia de bienestar. Mientras, crece la desigualdad. La pobreza y la decepción se extienden, en parte también a causa de la radicalización religiosa y de las disputas que pesan como rocas en la vida cotidiana de las comunidades cristianas. A diferencia de otros colectivos, para ellos no existen programas de ayuda local. En consecuencia, muchas familias se ven obligadas a vivir en campamentos o refugios precarios incluso en las redes de alcantarillado. Donde las condiciones de vida son fáciles de imaginar.

Como si eso no fuera suficiente, sobre su precariedad pesa además la voluntad de volver a limpiar los suburbios de las grandes zonas metropolitanas. Son 40.000 cristianos en riesgo de expulsión solo en Islamabad. De momento les salva el bloqueo decretado el 27 de agosto por el Tribunal Supremo, a la espera de que las autoridades aclaren las razones de los procedimientos. Hasta ahora, las demoliciones han dejado sin techo a 20.000 personas. En palabras de Salim Michael, asesor de la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal, “la mayoría de las personas en riesgo de expulsión llegaron a Islamabad para dedicarse a empleos de baja cualificación, y ahora quieren echarles”.

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