Las razones del apoyo a CFK

Mundo · Horacio Morel (Buenos Aires)
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28 noviembre 2011
Proponemos sintéticamente cinco hipótesis que intentan explicar el rotundo resultado de los comicios presidenciales en la Argentina, que favoreciendo la reelección de la presidenta Cristina Fernández le abren las puertas de un tercer período constitucional al kirchnerismo. Los guarismos son más que elocuentes: CFK obtuvo casi 11.600.000 votos (54%), el socialista Binner algo más de 3.600.000 votos (casi el 17%), el radical Alfonsín casi 2.400.000 votos (poco más del 11%), el peronista federal Rodríguez Saa 1.715.000 votos (casi el 8%), el ex presidente Duhalde 1.260.000 votos (casi el 6%), el izquierdista Altamira casi 500.000 votos (2,30%) y Elisa Carrió, quien había obtenido el segundo lugar hace cuatro años atrás, sólo 400.000 votos (menos del 2%).

¿Cómo se explica tan aplastante apoyo electoral?

1. El apoyo popular a Cristina se entiende fundamentalmente desde lo económico. En líneas generales la gente percibe que está bien, o al menos mejor que muchas épocas pasadas, y el bolsillo manda. Especialmente los asalariados gozan de la protección de un sistema que les garantiza por vía de las paritarias y el protagonismo sindical aumentos permanentes de sueldo con los cuales el ingreso está defendido ante los embates de un proceso inflacionario que, pese a ser indisimulable, el gobierno se esmera en desconocer. Los sectores industriales y agrícolas hace varios años que gozan de rentas extraordinarias gracias a la sustitución de importaciones y los precios internacionales de los comodities, y difícilmente recuerden una etapa tan próspera. El pequeño empresario, el comerciante, el cuentapropista y el profesional independiente están más complicados, con costos crecientes y una presión tributaria enorme. En bastante menor medida, el apoyo se origina en una aceptación global de las políticas de gobierno (por ejemplo, la política en materia de derechos humanos, o de medios de comunicación, o aquellas de carácter institucional). Para mucha gente sin mayores expectativas que llegar a fin de mes y progresar discretamente, un gobierno que garantice una mediana gobernabilidad ya es bastante bueno. No es éste un aspecto de menor consideración, teniendo presente la siempre convulsionada historia política argentina y la crisis institucional y el default del 2001/2002. La economía argentina, no obstante sus claros límites y dificultades, se ha revelado robusta aún en el marco de la crisis internacional, hecho demostrado por haber resistido una fuga de capitales de casi 70.000 millones de dólares en los últimos dos años (es decir, más de una vez y media sus reservas monetarias y casi el 20 % de su PBI).

2. Otro aspecto del apoyo es cultural, y demuestra que el denominado "progresismo laicista" está definitivamente instalado también en sociedades "tradicionalmente católicas" como la argentina, aunque habría que debatir a fondo si este rótulo no es un mito. Cristina encarna esa mentalidad de la que ya está impregnada toda la sociedad sin distinción de clases o sectores sociales. El grueso de la comunidad artística, por ejemplo, apoya al gobierno con entusiasmo, y la caja de resonancia que son los medios hace el resto para que la gente se identifique con los actores, músicos, escritores, directores de cine y artistas a los que admira. En este clima de apoyo es que se sancionó el matrimonio gay, y es por donde se colarán la eutanasia y el aborto, ya en ciernes a pesar del tropiezo legislativo sufrido por el segundo de los proyectos hace una semana al no poder obtener dictamen de comisión.

3. No hay oposición. El finado Kirchner fue muy inteligente en no indicar como su oponente a ningún otro político, sino a la prensa (Grupo Clarín). De esta manera "ninguneó" a todos los políticos o partidos opositores, quienes al no poder entrar en un juego dialéctico con el gobierno no supieron nunca a qué jugar. La ausencia de actividad partidaria habitual, es decir, en períodos no electorales (un rasgo de la cultura política argentina que prácticamente desapareció) hace que usualmente los partidos carezcan de propuestas concretas, y por ende, de iniciativa si no están en el poder. Es decir, la oposición no sabe cómo ser oposición. Ser oposición no es un rol determinado del ejercicio democrático argentino, sino el mero interregno de tiempo en el que no se es gobierno.

4. Una parte importante de la población, en lo más bajo de la escala social, vive de los planes de ayuda del gobierno, prolijamente distribuidos a través de los "punteros" y de organizaciones sociales de base, quienes le garantizan junto al sindicalismo el apoyo al gobierno con presencia en las calles. El desorden vial que provocan ya es parte del paisaje ciudadano de Buenos Aires, aceptado o al menos soportado por todos. Es una porción no menor del electorado, particularmente importante en el Gran Buenos Aires, distrito en el que suele definirse la elección nacional por densidad poblacional.

5. Un último aspecto del apoyo, que se vincula íntimamente con el punto anterior, tiene que ver con el evidente y preocupante deterioro cultural y educativo de la población, el que no se limita únicamente a las capas pobres de la sociedad. En la medida que la igualdad social es perseguida ante todo con la distribución de bienes y no con la educación, el apoyo a un gobierno populista está garantizado. La ignorancia propicia el abuso de poder. Para poner un ejemplo, cualquiera que se interese por el medio ambiente sabe que el gobierno vetó la ley de glaciares para favorecer la explotación minera a cielo abierto, que es un negocio millonario, aunque destruya el ecosistema y ponga en riesgo las fuentes de agua dulce. Pero para percatarse de ello hace falta una cierta educación, ya sea formal -académica- como informal -de hábitos-). Mucha gente, si conociera este tema más o menos bien, seguramente encontraría un buen motivo para no apoyar al gobierno. Algo parecido pasa con el permiso para el uso indiscriminado de fertilizantes agroquímicos para algunos cultivos (soja, tabaco, yerba mate) que se exportan y que explican buena parte del boom económico (ya que el gobierno por vía de retenciones capta una parte de las rentas extraordinaria de estos sectores productivos y los vuelca a los planes sociales y a los subsidios al transporte y servicios públicos en general). El costo es un enorme aumento de enfermedades vinculadas a estos nocivos elementos como mostró unos días antes de las elecciones la televisión en un exhaustivo informe en el que pudimos ver vastas imágenes -que conmocionaban el alma de todo bien nacido- de chicos en la provincia de Misiones, enfermos de cáncer a la piel o con malformaciones. Un pueblo que no está educado no conecta una cosa con la otra. Es lo mismo que explica que sonados casos de corrupción (por ejemplo, el de las Madres de Plaza de Mayo) no salpique al gobierno, al punto de parecer Cristina tener un chaleco antibalas político.

Más allá del resultado electoral, de los números macroeconómicos y de la esgrimida ajenidad de la crisis económica mundial, la Argentina enfrenta un grave escenario inflacionario difícil de superar sino se aumenta la capacidad instalada a fin de ensanchar la oferta de bienes. El común de los empresarios argentinos carecen de verdadero espíritu emprendedor, y no perciben la conveniencia de reinvertir, prefiriendo siempre amasar fortunas personales que no arriesgan. La desconfianza que la política proyecta sobre la economía constituye la excusa perfecta para su conducta mezquina.

En las recientes semanas que siguieron al triunfo electoral del oficialismo, el gobierno aprovechó su momento de gloria para imponer un inflexible control sobre el mercado de cambios a fin de detener la presión sobre el dólar (porque la esquizofrenia típica argentina lleva a votar al gobierno el domingo y a salir corriendo a comprar dólares por desconfianza hacia el mismo el lunes), y a anunciar un duro ajuste de tarifas de servicios públicos anulando los subsidios existentes no sólo a favor de los más elementales como electricidad, gas o transporte sino de los más insólitos como los casinos. Los días venideros dirán si las medidas resultan efectivas y/o populares, o si implicarán dilapidar buena parte del apoyo electoral, o si en definitiva la sociedad argentina -lamentablemente resignada al cercenamiento de libertades- cual permisivo árbitro de fútbol apenas pronuncie un tibio "siga, siga" a favor de la acción de gobierno.

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