Las fuerzas de seguridad (y II)

España · PaginasDigital
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6 abril 2014
El 99% (o más) de las miles de manifestaciones que tienen lugar en España cada año transcurren de esa manera pacífica. Porque lo quieren así quienes las convocan y organizan, y a la postre los que en ellas participan.

Como continuación al post anterior (“Las fuerzas de seguridad I”), quisiera aclarar algunas cuestiones:  

1. El artículo 21.2 de la Constitución de 1.978 (CE en adelante) señala que: ´En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes´.  Por otra parte, el artículo 17 CE señala que toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. El artículo 114  CE otorga precisamente a las fuerzas y cuerpos de seguridad la misión de “proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades”, además de “garantizar la seguridad ciudadana”, como indico en el post anterior.  

2. La democracia occidental se basa en el imperio de la Ley, uno de los pilares del Estado de Derecho. Ese principio tiene abundantes consecuencias, pero podemos simplificarlo indicando que la ley, la ´regla de juego´ que nos damos en Democracia debe imponerse siempre y está por encima incluso de quienes la hacen. La ley es la garantía de nuestros derechos y nuestras libertades, y emana de la soberanía popular.  

3. Es tarde ya para recurrir una y otra vez a los tiempos de franquismo, a los grises, a los rojos y a todas esas historias del pasado. El argumentario político y social ha superado esas reminiscencias hace ya mucho, aunque ciertos sectores sociales (siempre a la izquierda del espectro político) se empeñen constantemente en alegar ese reduccionismo tan pobre.  

4. La cuestión es, pues de respeto a la Ley, nada más, y la policía está para imponer ese respeto frente a los que se empeñan en vulnerar la ley atentando contra nuestras libertades, las de todos, las de los ciudadanos.

5. He participado en decenas de manifestaciones en mis 51 años de vida. Y creo que estoy en condiciones de asegurar que las carreras, escaramuzas, golpes y demás consecuencias de los disturbios se producen, en todos los casos, porque así lo deciden los manifestantes, a quien en ese momento pasamos, con todo fundamento, a llamar ´alborotadores´.  

Porque si se siguen las condiciones de las autoridades tras la preceptiva comunicación y se atiende a las indicaciones de la policía (que está allí para garantizar nuestra libertad y seguridad, y la de todos, no debemos olvidarlo), jamás habrá incidentes.  

Recuerdo el caso de una manifestación sindical, que transcurrió en Madrid entre Atocha y Sol. Al finalizar la misma quisimos manifestarnos ante la sede del Ministerio de Hacienda en Alcalá 3, y para ello cortamos la calle. En minutos, los antidisturbios nos indicaron (con toda corrección) que eso no lo podíamos hacer y que de inmediato nos retiráramos a las aceras. Cosa que en ese momento hicimos todos ´como un sólo hombre´, a pesar de que seríamos unas tres mil personas. Pero si nos hubiera parecido oportuno podríamos haber permanecido inmóviles, podríamos habernos puesto a insultar a ´los cuerpos represivos´, o a lanzarles objetos en señal de protesta, y también podríamos habernos tapado la cara, comenzando a correr en diferentes direcciones. Habríamos podido considerar oportuno provocar a la fuerza publica, producir incidentes y, como resultado buscado, haber convocado a innumerables periodistas para ser portada a la mañana siguiente. Pero no lo quisimos, y nada pasó. Esa ´manifa´ fue legal, comunicada en plazo y permitida, a pesar de que ocupamos las calles del centro de Madrid durante unas cuantas horas, un día laborable.  

El 99% (o más) de las miles de manifestaciones que tienen lugar en España cada año transcurren de esa manera pacífica. Porque lo quieren así quienes las convocan y organizan, y a la postre los que en ellas participan.  

6. La polaridad izquierda-derecha está hoy más vigente que nunca, y soy de la opinión de que la gran mayoría de los conflictos pueden reconducirse a esa dicotomía. Y, en la casi absoluta totalidad de los casos, aquellas en las que se producen incidentes son las convocadas por grupos de izquierda.

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