DICTADURA, FRONTERAS Y MIGRACIÓN

Las fronteras de Júpiter

Cultura · JOSÉ CHECA BELTRÁN
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9 noviembre 2022
Las fronteras de Júpiter es la primera obra narrativa de Silvia Marcu. Escrita antes de la invasión rusa de Ucrania, retrata su vida de niña y joven universitaria en la Rumanía de Ceausescu, así como su desembarco en Occidente tras la caída del muro de Berlín.

En los actuales momentos trágicos de guerra y migraciones merece conocerse la profunda necesidad que los ciudadanos de las dictaduras sienten por alejarse de ellas y vivir definitivamente en el imperfecto mundo de las democracias occidentales.

Gracias a esta novela el lector occidental podrá conocer la psicología, el dolor, el amor y el desamor en la intrahistoria de una dictadura comunista y de una inmigrante en una democracia capitalista. Gracias a esta encubierta autobiografía novelada de Silvia Marcu, quienes desde Occidente creyeron en la utopía comunista descubrirán nuevos detalles que sugieren el carácter distópico de aquellas sociedades así como la insolidaridad del mundo occidental.

Si en este libro Silvia Marcu se revela como una diestra novelista, ha de saberse que sus siete libros previos como investigadora científica del CSIC versan sobre la geografía política fronteriza y la inmigración del Este al Oeste, con especial incidencia a España. En estos momentos turbulentos, de transformaciones geopolíticas profundas, subrayo su último libro científico, Geopolítica de Rusia y Europa Oriental (Síntesis, 2021), donde la autora desgrana el papel de Rusia, gigante euroasiático que busca recomponer tanto su poder, territorio e identidad en un mundo convulso, como su influencia sobre la Europa Oriental. Poco después de la aparición de esta obra, el mundo quedaba perplejo, ante el ataque de Rusia a Ucrania, que cambió de nuevo el destino geopolítico del mundo.

Con este telón de fondo, la novela de Silvia Marcu, Las Fronteras de Júpiter, aborda el universo fronterizo – real y simbólico – de la Europa del Este situado entre Rumanía, Moldavia y Ucrania. Se trata una obra nostálgica, identitaria, emotiva, catártica, en la que la autora volcó sus emociones, completando de este modo su obra científica.

Narrada en tercera persona, con tono realista y lírico a la vez, la novela afronta el mundo de la dictadura y de la inmigración: para un alma errante, la memoria cobra más intensidad aun en la tragedia, por la lejanía, por el eterno vivir entre dos o varios mundos. Y apunta que los seres situados más allá de las fronteras buscarán siempre un punto de referencia al que agarrarse, el inicial, el iniciático. Un mundo que permanece, ya que el universo de cada cual mantiene un centro giratorio situado en el corazón. Recomponer los retales de la vida y coser con sangre o con lágrimas lo que se deja atrás, completan el argumento de la obra. La vida solitaria, la vida como recuerdo. Frente a las ausencias definitivas, el reto de la protagonista es revivir y compartir el transcurrir lento y doloroso de una vida en las fronteras.

Las Fronteras de Júpiter cuenta la historia de una mujer, Cosmina, quien tras el fallecimiento de su madre por COVID en una residencia de mayores de una ciudad fronteriza del este de Europa, en pleno periodo de cuarentena, rememora su vida. Ante la imposibilidad de viajar para la última despedida, se enfrenta a su pasado con el propósito de superar las heridas del alma. A través de sus recuerdos, el lector tiene la oportunidad de conocer el lado humano de las dictaduras, y en tal sentido la autora diseña el retrato de la sociedad rumana. Tras recorrer el periodo de Ceaucescu, que culmina con la revolución que derrocó al dictador rumano en 1989, hace al lector testigo de la experiencia migratoria de la protagonista.

Lo más definitorio de esta obra narrativa, con tintes de ensayo, es el coreográfico enlace entre la historia de la última parte del siglo XX en una dictadura de Europa del Este -percibido con los ojos de niña, adolescente y joven- y la primera parte del siglo XXI, captada con la mirada de una adulta inmigrante llegada a Occidente, a España. El libro recorre la historia reciente de Europa y subraya la importancia de la geopolítica en la actualidad, identificando la frontera como realidad geográfica y como símbolo en la vida de las personas que se ven obligadas a cruzarla. La autora narra la humilde vida de la población durante la dictadura, la familia, las costumbres y las tradiciones – la boda y el entierro en el rito ortodoxo –, las relaciones entre las clases sociales de la época -el (des)encuentro entre la clase baja, predominante, y la clase media-, la escasez, el machismo y el maltrato en las familias, haciendo hincapié en la década de los ochenta, los últimos años de la dictadura de Ceausescu, que coinciden con la época de universitaria de la protagonista.

La obra cuenta que gran parte de la población rumana desconocía la existencia del muro de Berlín y solo imaginaba difusamente que había otro tipo de sociedad, la occidental, más allá de las fronteras. En cuanto a su país, “pensaban que todo tenía que ser así: un mundo de palizas, golpes y escasez. Un mundo frío, como un túnel oscuro”. La autora destaca un rasgo de los estudiantes universitarios rumanos de la época, la rebeldía, como modo de enfrentarse a la escasez, falta de agua, electricidad, calefacción, comida, y la rebeldía exigiendo el fin de la dictadura. La rebeldía frente a la imposibilidad de hablar los idiomas extranjeros que aprendían y que nunca podrían practicar. La rebeldía como forma de existir y resistir. Hasta que llegó la revolución – en la que Cosmina fue partícipe – y la apertura hacia el mundo libre. La vida de estudiante está vinculada al amor y al desamor, que recorren como un hilo la obra. La autora narra con maestría y dramatismo la fugacidad del amor en su vida.

En la segunda parte de la novela, que se vincula armoniosamente a la primera, Marcu sitúa al lector en la España de comienzos de los años 90, percibida por Cosmina “como el mejor país del mundo”, donde la luz azul a principios del mes de noviembre de 1992 le penetra en el corazón “para siempre”. Llega a España ilusionada con un espejismo, como todos los inmigrantes, pero comprueba que debe empezar desde abajo, para después renacer de sus propias cenizas, como el ave Fénix. Asistimos, pues, a la trasformación cultural de la protagonista, a su liberación del “desamor”, en una época en la que, a pesar del sufrimiento, toma las riendas de su vida y comienza a percibir los colores de la existencia. La ciudad de Madrid se convierte en el centro de su corazón, con interesantes reflexiones acerca del proceso de inmigración y superación, y sobre el carácter inclusivo del pueblo español.

Cosmina superó fronteras reales y simbólicas, las humillantes colas para los refugiados, la búsqueda de empleo, el aprendizaje de la humildad…, hasta llegar a realizarse profesionalmente. Sin embargo, la imposibilidad de la protagonista de hallar un amor que “se quedara en su vida” se relaciona con la dificultad del inmigrante sin familia. La frontera simbólica, pues, permanece en la vida de la protagonista, a pesar de haber logrado el éxito profesional.

Cosmina ha sido siempre una ciudadana “de frontera”: Júpiter se convierte en la metáfora de la obra, cuyo símbolo remite a la abundancia, la luz y la superación. Júpiter recorre el libro según los acontecimientos que ocurren, ofreciendo a Cosmina oportunidades, sin regalarle nada, pero sugiriendo una firme esperanza de integración y perdón. La autora indaga magistralmente en su identidad, en su camino hacia la madurez, en su lucha por superar incluso sus propias fronteras. Y el lector de esta novela, realista y simbólica al tiempo, recibe la impresión de la cercanía entre las circunstancias de la novela y los trágicos episodios vividos por toda la sociedad en los últimos años, la pandemia, la guerra en las fronteras de Europa, la inmigración…

 

José Checa Beltrán es Investigador Científico Ad Honorem del CSIC

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