La universidad privada y la vocación docente

Querido Director:
Me tomo la confianza de volverle a escribir ante la polémica de los últimos días a raíz de las declaraciones del Presidente del Gobierno sobre las universidades privadas.
En ellas afirma que “va a dar la batalla en defensa del sistema universitario español». «Vamos a defender su calidad, su equidad y su prestigio. Y por supuesto, vamos a romper una lanza a favor de lo público, sin demérito de aquellas instituciones privadas que sí funcionan bien, con rigor y calidad» […] «una universidad no puede ser una máquina expendedora», ni «una fábrica de títulos sin garantías».
No suelo estar de acuerdo con nuestro presidente, pero creo honestamente que en este caso lleva razón. Otra cosa es que luego tenga uno de sus repentinos “cambios de opinión” o cómo proceda a llevar a cabo dicho relanzamiento de la educación pública.
María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, ha ido más allá y ha dicho que «La universidad privada es la principal amenaza que tiene la clase trabajadora». Lo cual es una declaración absolutamente irresponsable e injusta al poner a todas bajo el mismo paraguas.
Me vienen a la cabeza rápidamente dos o tres universidades en la Comunidad de Madrid, que efectivamente son “fábricas de hacer títulos” y también me vienen a la cabeza dos o tres universidades privadas de gran calidad. Cualquier profesor o estudiante que haya estado en ellas sabe a qué categoría pertenece la suya.
No es un problema exclusivo de las universidades privadas. En el mismo CSIC podemos encontrar grupos de investigación muy solventes que hacen maravillas, teniendo en cuenta de los medios de los que disponen, junto con grupos cuya aportación investigadora es más que dudosa.
Es un problema de vocación docente, no de si el centro es público o privado. Hay universidades privadas con vocación docente que evidentemente deberán tener unos beneficios económicos (nadie hace un negocio para tener pérdidas) y hay universidades privadas exclusivamente con vocación “monetaria”.
Creo que el origen del problema está en nosotros los padres que sobreprotegemos a nuestros hijos y queremos que saquen un título a toda costa. Alguna vez viene el padre o la madre con su hijo universitario a verme… Digo yo que con 20 años o más ya pueden venir solitos. También es una mentalidad donde parece que «todo» se puede comprar con dinero. Pero insisto, son los padres los que inculcan esa mentalidad a los hijos. ¡Qué fácil es echarle la culpa de todo a los jóvenes y no pararse a pensar que hemos sembrado los adultos!
Hace unos días un alumno me escribía para preguntarme unas dudas y aprovechaba la ocasión para darme las gracias “ya que en ciertos momentos difíciles de la carrera han sido tus asignaturas las que me han hecho seguir adelante, sobre todo gracias a tu dedicación por explicarlo”. Los chicos no son tontos y detectan al vuelo cuando a un profesor le importa lo que explica y le apasiona. Lo que me escribía este alumno me recordaba que el trabajo de profesora es sagrado.
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