La tarea de la política

Mundo · Mario Mauro
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30 junio 2009
Las razones por las que se escoge una profesión nunca son fáciles de explicar. Algunos lo hacen por vocación, otros por necesidad, o forzados por las circunstancias. Hay muchas razones para emprender una aventura que va a ocupar una parte importante de nuestras vidas. Pero sólo un verdadero motivo: la pasión por un camino que sentimos, de verdad, nuestro. La profesión de la política es también eso.

Se puede vivir la política de varias maneras. Una de ellas es concebirla como un puro ejercicio del poder, como un deseo de protagonismo. Si es así, en cualquier dirección en la que el político se mueva nunca se moverá para encontrase con el otro. Siempre estará limitado por la ideología y no tendrá capacidad de incidir en la vida de los ciudadanos. Una distorsionada idea sobre cómo hacer política es lo que más ha generado la desconfianza general hacia la esfera pública. Incluso se llega a decir que la vida cotidiana es una cosa y las prácticas de gobierno, otra muy diferente. 

Pero en otro contexto, cuando se producen trágicos acontecimientos que alteran nuestras vidas para siempre, la  dimensión política puede indicar un camino, no para quitar el dolor, pero sí para ayudar de forma práctica en tiempos de crisis. Lo hemos vistos en el caso de la atormentada tierra de los Abruzzos: la UE ha asignado 493 millones de euros para hacer frente al terremoto.

En el mundo se podrían citar muchos ejemplos, basta pensar en los recientes disturbios en Irán, en el estado de secular crisis de África, en la recesión económica que golpea a las clases más bajas. A estos acontecimientos se añaden igualmente trágicos sucesos diarios, que en lo micro pueden cambiar el curso de nuestra existencia. La muerte prematura de un ser querido, la experiencia de la enfermedad, la pérdida de trabajo, las dificultades familiares… no son sólo eventos que están relacionados con una esfera puramente privada. La política tiene un peso específico también en estas situaciones. La política debería contribuir a sostener de forma digna el esfuerzo de la vida. La política no da sentido a las cosas, es cierto, pero puede ayudar a profundizar en su significado, ayudando a proporcionar un suplemento de reflexión. Cuando llega hasta el final puede dar el justo peso y la justa dirección a los acontecimientos. Para ayudar a los enfermos, defender a la familia, cuidar de la instrucción de los jóvenes, proporcionar una nueva confianza al mundo del trabajo. Son  actuaciones que ayudan en los pequeños y grandes retos diarios.

Si la política no se entrelaza con la vida, si no es capaz de tejer una relación con ella, significa que no escucha  las necesidades reales de la persona y que no se está esforzando por la felicidad del hombre. Para los que tienen esta profesión es fundamental ir hasta el fondo en este terreno, sin dejarse desalentar o abrumar por los hechos,  tratando de ser protagonista en decisiones tomadas por amor y deseo de bien para el prójimo.

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