`La sociedad civil española está capacitada; sólo le falta costumbre`

Mundo · Roberto de la Cruz
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2 diciembre 2010
La Fundación Everis presentó hace quince días la iniciativa Transforma España, una propuesta respaldada por cien personalidades, muchos de ellos líderes empresariales del país, que se llevó al Rey Don Juan Carlos al Palacio de la Zarzuela. El documento pone de relieve la gravedad de la actual crisis económica, sus causas y consecuencias. Propone soluciones y actuaciones. Reproducimos la entrevista que Eduardo Serra, presidente de la Fundación y ex ministro de Defensa con el PSOE y el PP, concedió a los informativos de Popular TV y 13TV.

¿Cuál es la génesis del documento?

En su génesis se da la confluencia de dos factores. Uno de ellos es la existencia de la crisis económica, que en el caso español sobreviene a una crisis previa nuestra. Ante ella mucha gente reclamaba a la sociedad civil al considerar que el Gobierno y los políticos no le están haciendo frente. Kissinger decía que cuando le preguntaban por Europa no sabía qué teléfono había que marcar para hablar con ella. Algo parecido pasaba con la sociedad civil. ¿Quién es? Entonces pensamos: vamos a hablar con la sociedad civil experta en economía para que diga qué es lo que le parece. Este es un vector. El segundo vector es que Everis, una consultora en tecnología de la información y de la comunicación, había hecho como empresa un trabajo para algún país sudamericano. También para alguna ciudad española. Y pensamos que se trataba de una metodología buena. Entonces se juntaron esos dos vectores y dijimos: vamos a hacer algo.

Decidimos hacerlo desde la Fundación Everis. Allí surgió la idea de hablar con cien personalidades. ¿Por qué cien? Porque es un número redondo y también suficiente de personas como para que no se pueda pensar que es un grupo singular o reducido. Hemos cogido personas de distintas procedencias geográficas, de distintos tamaños empresariales, de diferentes sensibilidades políticas, mujeres, hombres. Una muestra lo más amplia posible. La primera sorpresa fue que prácticamente todo el mundo dijo que sí. La segunda fue que el diagnóstico es muy coincidente. También las propuestas de solución. En esas largas conversaciones, muy libres y anónimas -nadie iba a verse reflejado personalmente en un libro- garantizamos la mayor autenticidad posible. El producto de esos diálogos se ha puesto sobre un armazón que se ha constituido con esa metodología de Everis. El resultado es este informe.

¿Por qué se decide dar a conocer la propuesta a la figura del Rey?

Creo que no debería extrañar. Éste es un documento que incide en la política, en los intereses generales, en lo que sería el gobierno de la polis. Habla de cuestiones de interés general. Pero es un documento absolutamente apartidista. No pretendemos apoyar a unos frente a otros. ¿Quién es la figura señera, el vértice de lo que podríamos llamar la sociedad civil, imparcial, neutral, que no pertenece a ningún partido político? El Rey.

Punto segundo. Éste es un documento que nace de la sociedad civil y se dirige a ella. No pretende castigar a un gobierno ni premiar a otro. Lo que quiere básicamente decir es: "Sociedad española, estamos en un momento malo. En esos momentos es cuando hay que tomar decisiones para volver a tiempos buenos. Podemos volver a tiempos buenos. Españoles, no seáis pesimistas. Si nos apretamos el cinturón, si nos ponemos a trabajar, tenemos un futuro magnífico delante de nosotros".

El Rey es el punto adecuado si uno no quiere hacer política y quiere dirigirse a la sociedad. ¿Qué hubiera pasado si este documento se hubiera presentado al presidente del Gobierno o al líder de la oposición? Hubiera habido una verdadera catarata de descalificaciones. Si queremos ser imparciales, si queremos decir que éste es nuestro grano de arena, nuestra contribución, nuestro punto de vista para mejorar la sociedad española, nos parecía lo más adecuado.

Ustedes sostienen que el valor país de España ha perdido funcionalidad. ¿Es necesario incidir en este punto si se quiere recuperar la situación del país? ¿Cuáles son las principales propuestas que hacen en este sentido?

Creemos que España ha sido un éxito económico sin precedentes. No hay más que ver nuestra cifra de crecimiento en los últimos cincuenta años. Soy consejero de una multinacional británica. Celebramos un consejo en Singapur. Nos dieron las cifras de crecimiento del país de las últimas cinco décadas. Se quedaron todos espeluznados, sorprendidos del grado de crecimiento de aquella economía. Y yo les dije al final: "es exactamente lo mismo que España". Nuestro país ha sido, es de alguna manera, un país emergente. Hace cincuenta años éramos muy pobres. Y lo que hemos hecho ha causado la admiración del mundo.

Hemos utilizado un modelo muy exitoso, pero ese modelo se ha quedado viejo. Es como un niño que tiene una ropa que le gusta mucho y le ha dado un resultado fantástico, pero él ha crecido y la ropa ya no le sirve. El modelo de España estaba básicamente sustentado en bajos salarios. España era muy competitiva dentro de Europa. Atraíamos la inversión extranjera. Éramos más baratos que Francia, Alemania, Italia o Inglaterra. Y la gente venía aquí. ¿Dónde han venido en los años sesenta, setenta y ochenta los grandes fabricantes del mundo de automóviles? A España. Nuestro país era uno de los principales fabricantes de automóviles del mundo. Hoy ya no es así. En parte porque han subido los salarios españoles, pero sobre todo porque han aparecido los países emergentes. El salario de China es diez o veinte veces más bajo que el nuestro. El de muchos países iberoamericanos es diez veces más bajo que el nuestro. El de los países de Europa del Este, cuatro o cinco veces menor. Van a ir allí. Ese modelo ya no sirve. Hay que cambiar de modelo. Y una de las claves es la marca país, tener una identidad productiva. ¿Hacia dónde debemos encauzar nuestra producción, nuestros esfuerzos en investigación y desarrollo? ¿Hacia dónde deben confluir y converger los intereses nacionales? Eso es lo que dice el documento sobre la marca país.

Otro de los aspectos que abordan en el trabajo es la situación que atraviesa la educación en España. Destacan que no es compatible con la recuperación de nuestro país. ¿Cómo debe orientarse la mejora de la educación?

El documento, en una parte importante, hace acopio de datos que existen en fuentes muy diversas. La educación sale periódicamente en los medios de comunicación. Nuestras calificaciones en el tema educativo respecto a otros países europeos no son buenos. No tenemos un buen sistema educativo. Si queremos, en un medio como estamos, en una revolución tecnológica, dotar de valor añadido a nuestros productos, debemos cultivar el talento. Yo no sé exactamente cómo debe ser la reforma de la educación, pero sí estamos seguros de una cosa: el sistema que cambia cada cuatro o cada ocho años no es bueno. No sólo en educación. También por ejemplo en energía. Yo no conozco la proporción de nucleares o renovables. De lo que estoy seguro es de que un modelo energético que cambia cada cuatro u ocho años no es bueno.

Hablan de consenso…

Hoy es una evidencia en el mundo que determinadas políticas deben ser a largo plazo: en materia educativa, energética, científica… Seguro que nos equivocamos si cambiamos de política cada poco tiempo. En algunos sectores esenciales debemos ir con políticas y estrategias a largo plazo, de veinte o veinticinco años. Habrá alternancia en el poder político, y si varios partidos deben aplicar esa estrategia a largo plazo, se exige un acuerdo previo, un consenso. Eso es lo que postula el documento.

Sobre la sociedad civil, el texto parece sugerir el hecho de que se le ha arrebatado el papel que debería jugar y que lo han asumido los políticos. ¿Está la sociedad civil española capacitada para poder tomar el testigo que ahora ocupan los políticos? ¿Cree que hay suficiente voluntad por parte de la sociedad civil española para ocupar el papel que debería?

Está sobradamente capacitada. Lo que le falta a la sociedad española es costumbre. No estamos acostumbrados a gobernarnos nosotros mismos. Hemos sido un país, como indica el profesor Víctor Pérez Díaz, de tradición cortesana en lo que era someternos al poder. Por eso en alguna ocasión yo he llegado a decir que hay parte de herencia del régimen anterior, de la dictadura. La sociedad está sobradamente preparada. ¿Qué están haciendo desde nuestros empresarios hasta nuestros deportistas? Dar lecciones por todo el mundo. Estamos sobradamente preparados. ¿Qué es lo que nos falta? Costumbre. El documento, todo, rebosa un sentimiento de decir: nosotros podemos.

Terminamos con una cita de Virgilio de hace dos mil años que dice: "Pueden porque creen que pueden". Nosotros pensamos que la sociedad española está sobradamente capacitada para adoptar ese papel de protagonista que en una democracia debe tener el ciudadano. Los políticos tienen una labor extraordinaria, pero son los representantes de los ciudadanos. Por tanto, yo no diría que los políticos han ocupado el puesto que tenía el ciudadano, porque por desgracia no lo ha tenido el ciudadano. Es ahora cuando le corresponde a la ciudadanía no gobernar -ésa es función de los políticos- sino expresar en voz alta su opinión.

¿Pero cree que si por parte de la sociedad civil se asume ese reto, la clase política estará dispuesta a fomentarlo?

Eso ya no lo sé. Quiero pensar que sí. Creo que cuando vemos en nuestras encuestas el crédito que le merece a la ciudadanía la clase política, que desdichadamente ha ido bajando en los últimos tiempos, en parte es por eso. Yo creo que hay muchos políticos que se dan cuenta. Hay que ensanchar los cauces de participación de la ciudadanía en los asuntos públicos.

El documento se ha presentado, ha tenido una amplia repercusión. A partir de ahora, ¿qué?

Nosotros pensamos que con la iniciativa aportábamos un grano de arena. No somos los únicos. Hay muchas iniciativas extraordinariamente valiosas de la sociedad civil. Hemos querido -y estamos muy contentos de ello- poder hacer oír nuestra voz, modesta, auténtica, sincera, genuina. Eso es lo que pensamos, y estamos dispuestos a seguir trabajando y ver si hay otras maneras mejores de acercarse a la realidad y a la solución de los problemas actuales. El hacer corresponde básicamente a los políticos. Nosotros, con todo respeto y aprecio, les decimos: esto es lo que creemos que hay que hacer. Si lo hacen, magnífico. Si no lo hacen, los ciudadanos tienen la palabra. Las urnas son la mejor ocasión para exponer el juicio que les merecen los políticos.

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