La posible reconstrucción

España · Fernando de Haro
COMPARTIR ARTÍCULO Compartir artículo
| Me gusta 0
9 noviembre 2010
Es un sentimiento de decadencia. Ni tan grandilocuente ni tan trágico como el de finales del XIX. Pero sí una conciencia clara de que la España que estuvo a punto de situarse entre los países de cabeza del mundo en los 90 se hunde ahora en una mediocridad que genera desaliento y sufrimiento en muchos. Tiene mucho que ver con el paro y la falta de crecimiento.

Hace unos días los expertos de FEDEA, en un riguroso estudio titulado "La crisis de la economía española" (http://www.crisis09.es/crisis.html), pronosticaban un estancamiento de cinco año más. Pero es también la percepción de cuáles son los frutos nefastos de seis años de socialismo de nuevos derechos, sostenido y alimentado por un Estado social en el que ha triunfado lo que Finkielkraut llama "el ideal de la desidealización". Ese que ridiculiza "que el hombre vaya infinitamente más allá del hombre, que pueda tener una vocación espiritual, que no se quede reducido a sus funciones orgánicas" (Un corazón inteligente).

Quizás esa falta de pulso se hace más evidente por el modo en el que intentan reaccionar aquellos que son más conscientes de la desintegración de un mundo que hasta hace no mucho parecía ordenado y vigoroso. Hay una cierta incapacidad para superar la dialéctica de la confrontación desarrollada por el mal gobierno que se inició en 2004. Es el veneno que de un tiempo a esta parte domina gran parte de la vida nacional. Junto al escepticismo y el cansancio se ha instalado la sensación de que la responsabilidad personal tiene poco que ver con la capacidad de generar una alternativa. Si acaso esa responsabilidad se entiende, entre los más generosos y comprometidos, como una militancia que acelere el proceso para el relevo. Es la intoxicación de cierta concepción de la política, de raíz revolucionaria, que considera irrelevante el presente, el valor de espacios donde se disfrute ya de un modo diferente de vivir. Tanto que se habla de ciudadanía, se hace cada vez más urgente destacar el valor de las energías sociales que ya están en movimiento y que no entienden su participación en la vida común sólo como una obediencia o desobediencia a la objetividad del Estado y de las leyes.

De esas energías sociales en movimiento es un buen ejemplo la actividad de Cáritas de la que se da cuenta en su última memoria (http://www.caritas.es/quehacemos/memoria/index.php?MTY%3D). Todos estamos tentados de considerarla una cuestión residual. Pero que miles de voluntarios hayan ayudado a 800.000 personas en 2009 cuando los diferentes niveles de la Administración se mostraban impotentes es quizás una de las pruebas más evidentes de que la decadencia no es todavía la palabra que define nuestro país. Muchas personas han hecho pequeñas donaciones, Cáritas se financia sobre todo a través de la iniciativa social, de cinco o diez euros. En este impulso de los que perciben la necesidad de otros como propia y que corren a socorrerla hay una gran capacidad de construir el presente y el futuro, de ofrecer una alternativa a la "desidealización". Los datos de Cáritas son el mejor reflejo de que hay todavía una sociedad viva.

El buen gobierno para una vida buena es posible si se parte de la responsabilidad personal. Pero no idealicemos porque este impulso de solidaridad puede también estar condenado a no construir historia. La historia no la construyen los buenos impulsos sino los sujetos estables, como los conventos de monjes que en la Edad Media arrancaron a Europa de la barbarie en una labor que duró casi un milenio. Hay un sujeto estable cuando la referencia es un ideal real al que se pertenece. Como lo fue para los europeos de la postguerra mundial cuando volvieron a levantar un continente hundido o para los españoles de la Transición que decidieron pertenecer al ideal de una España reconciliada. En la experiencia cristiana la solidaridad de muchos se convierte en sujeto estable, histórico, si es caridad, conciencia de haber sido amado por un Dios que se ha hecho carne. Por eso no exagera la última encíclica de Benedicto XVI cuando dice que la caridad es el factor decisivo de progreso. Viviendo la caridad los cristianos hacen una aportación de peso a la construcción de la ciudad común porque invitan a todos a que pertenezcan al ideal que les es propio según la tradición en la que han nacido y han sido educados. Ese es el tipo de sujetos que necesita nuestra democracia para hacer una posible una larga reconstrucción.

Noticias relacionadas

Cataluña puede ser el futuro
España · F.H.
Cansancio y política tribal. Hubo años en que se decía que Cataluña estaba en la vanguardia de Europa y de España. En la vanguardia de la cultura, de la capacidad de emprender, en la vanguardia como sociedad laica, emancipada. Cataluña era el futuro. Quizá en algún tiempo fue verdad. ...
16 febrero 2021 | Me gusta 1
Por una política de mirada amplia y realista
España · Comunió i Alliberament
Por su interés, publicamos el manifiesto que ha emitido el movimiento Comunión y Liberación en Cataluña de cara a las elecciones al parlamento catalán del próximo domingo 14 de febrero...
11 febrero 2021 | Me gusta 1
Votar en pandemia ¿Qué está en juego?
España · Javier Folgado
La Asociación Cultural John Henry Newman ha organizado un encuentro con el escritor Valentí Puig titulado “Votar en pandemia ¿Qué está en juego?” acerca de las próximas elecciones en Cataluña....
11 febrero 2021 | Me gusta 0
Adolescentes en caída libre
España · Costantino Esposito
¿Todavía queda algo que nos pueda sorprender en el guion de nuestra existencia? La mayoría de las veces es más de lo mismo, siempre previsible, y cuando se habla de sorpresas suele tratarse de ciertos “casos” imprevistos de la vida que...
7 enero 2021 | Me gusta 0