La permanente novedad del Evangelio

Cultura · PaginasDigital
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4 enero 2014
Plenamente enraizada en lo humano, podemos encontrar en nuestra sociedad una auténtica fuente de permanente novedad: el Evangelio, la “Buena Nueva” de Jesucristo resucitado, vencedor de la muerte. Jesucristo, cuyo nacimiento acabamos de festejar, elevando al hombre a categoría divina transforma la humanidad en Humanidad, pues el hombre ya no volverá en adelante ni a estar sólo ni a ser una masa informe. Jesucristo entrando en la historia humana la hace Historia, dándole un sentido y un futuro. Esta es la novedad permanente del Evangelio: pasado, presente y futuro, en perfecta sintonía en cada encuentro personal con Jesucristo, en cada manifestación del Espíritu Santo, en cada manifestación de Dios. El “hombre nuevo”, presente ya tanto en el «hago nuevas todas las cosas» del Apocalipsis (21,5), como en los «cielos nuevos y la tierra nueva» anunciados por Isaías (65,11).

Salvador Dalí, entusiasta admirador de Velázquez, visitaba frecuentemente el Museo del Prado, en una búsqueda incansable de la perfección técnica y estética. Se cuenta que en cierta ocasión alguien, extrañado por tanta visita a la pinacoteca, preguntó a Dalí: «Maestro, pero ¿hay algo nuevo en El Prado?» Dalí, sorprendido, respondió: «¿Qué hay de nuevo? Velázquez, es lo nuevo.» El tratamiento de la luz, el color, la composición, la “fotografía” de la realidad, la captación de la atmósfera. La maestría técnica y la emoción estética: aquí radica la novedad permanente a la que se refería el maestro. Por separado, técnica y emoción, no hubieran pasado de hacer de Velázquez uno más entre los grandes genios de la pintura; juntas logran convertirlo en una fuente de la que brota permanentemente el asombro y la admiración renovadas.

Con más profundidad, y plenamente enraizada en lo humano, podemos encontrar en nuestra sociedad una auténtica fuente de permanente novedad: el Evangelio, la “Buena Nueva” de Jesucristo resucitado, vencedor de la muerte. Jesucristo, cuyo nacimiento acabamos de festejar, elevando al hombre a categoría divina transforma la humanidad en Humanidad, pues el hombre ya no volverá en adelante ni a estar sólo ni a ser una masa informe. Jesucristo entrando en la historia humana la hace Historia, dándole un sentido y un futuro. Esta es la novedad permanente del Evangelio: pasado, presente y futuro, en perfecta sintonía en cada encuentro personal con Jesucristo, en cada manifestación del Espíritu Santo, en cada manifestación de Dios. El “hombre nuevo”, presente ya tanto en el «hago nuevas todas las cosas» del Apocalipsis (21,5), como en los «cielos nuevos y la tierra nueva» anunciados por Isaías (65,11).

El Papa Francisco ha aludido a esta visión radicalmente nueva de la historia en la Homilía (http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/index_sp.htm) en la celebración de las primeras vísperas de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios y Te Deum de acción de gracias, el 31 de diciembre de 2013, en la Basílica de San Pedro: «La visión bíblica y cristiana del tiempo y de la historia no es cíclica, sino lineal: es un camino que va hacia un cumplimiento. Un año que ha pasado, por lo tanto, no nos lleva a una realidad que termina sino a una realidad que se cumple, es un ulterior paso hacia la meta que está delante de nosotros: una meta de esperanza y una meta de felicidad, porque encontraremos a Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra alegría.»

Una experiencia más concreta, más directa, más vivencial, de esta permanente novedad del Evangelio la tenemos, precisamente, en el Evangelio de la Vida y la Familia, buena noticia que hunde sus raíces en la auténtica naturaleza –«recta antropología», en expresión del Beato Juan Pablo II- de lo humano, frente a tanto desvarío ideológico, llamado por su propia naturaleza radicalmente falsa, a ser efímero y caduco.

Veamos la hermosa invitación del Papa, el domingo 16 de junio de 2013, en la Plaza de San Pedro, en la Homilía (http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130616_omelia-evangelium-vitae_sp.html) en la Santa Misa para la Jornada Evangelium Vitae: «Miremos a Dios como al Dios de la vida, miremos su ley, el mensaje del Evangelio, como una senda de libertad y de vida. El Dios vivo nos hace libres. Digamos sí al amor y no al egoísmo, digamos sí a la vida y no a la muerte, digamos sí a la libertad y no a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo; en una palabra, digamos sí a Dios, que es amor, vida y libertad, y nunca defrauda (cf. 1 Jn. 4,8, Jn. 11,25, Jn. 8,32), a Dios que es el Viviente y el Misericordioso. Sólo la fe en el Dios vivo nos salva; en el Dios que en Jesucristo nos ha dado su vida con el don del Espíritu Santo y nos hace vivir como verdaderos hijos de Dios por su misericordia. Esta fe nos hace libres y felices. Pidamos a María, Madre de la Vida, que nos ayude a acoger y dar testimonio siempre del ‘Evangelio de la Vida’.»

 

Os invito, de nuevo, a visitar la página de William Barber, artista valenciano. Visión estética y ética de la realidad. Willy es capaz de fijarse en las cosas importantes, no sólo en las urgentes, por llamativas que puedan ser. En este caso, recogiendo las continuas llamadas del Papa Francisco a la acogida a los inmigrantes que buscan en nuestro opulento mundo occidental un futuro mejor.

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