La palabra dignidad

Sociedad · Elena Santa María
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26 marzo 2021
La discapacidad, como la enfermedad, es un misterio. Pero qué regalo es llegar a casa después de un día duro, en el que no has dado la talla, en el que ni tú misma eres capaz de mirarte bien y alguien te espera y se alegra simplemente porque existes La hija del diputado Matarí en un video

El Congreso de los Diputados ha vuelto a regalarnos una escenita de esas que te remueven por dentro y te hacen preguntarte: “pero ¿cómo es posible?”. El diputado del PP, Juan José Matarí, preguntó a la ministra de Educación, Isabel Celaá, por la educación especial con el ejemplo de su hija Andrea, que tiene síndrome de Down. A la señora ministra no se le ocurrió otra cosa que reprocharle lo lejos que estaba del mundo educativo y su desconocimiento de este.

Horas después del desgraciado incidente, el periodista Ángel Expósito entrevistó en su programa a Matarí. Le confesó que había estado con la Fundación Prodis haciendo un reportaje y que allí había aprendido el significado de la palabra dignidad.

La Fundación Prodis, como tantas otras fundaciones y entidades, promueve la inclusión en la sociedad de las personas con discapacidad intelectual. Dignidad es la palabra que mejor define su labor y, sobre todo, a las personas para las que trabajan. Es un trabajo muy sacrificado, muy duro, que no siempre da frutos visibles, pero a cambio, los que trabajan con discapacitados tienen el privilegio de tener constantemente a alguien al lado que les recuerda que, con su incapacidad y su límite, valen infinito, independientemente de que hagan las cosas bien o las hagan mal.

Miguel Mena escribe en su libro Piedad: “Qué raro se hace tener un hijo prácticamente mudo cuando te ganas la vida hablando, un hijo condenado a ser analfabeto cuando llenas tu tiempo escribiendo, un hijo con poco equilibrio cuando tu afición es montar en bicicleta. Qué extraño resulta que para ser feliz no parezca necesitar nada de lo que a ti te gusta”. Yo añadiría que su hijo para ser feliz necesita exactamente lo mismo que nosotros, solo que nosotros no nos hemos dado cuenta.

La discapacidad, como la enfermedad, es un misterio. Pero qué regalo es llegar a casa después de un día duro, en el que no has dado la talla, en el que ni tú misma eres capaz de mirarte bien y alguien te espera y se alegra simplemente porque existes. No sé qué conocimiento tiene Matarí del mundo educativo, pero desde luego sabe de sobra de lo que habla.

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