La ocasión perdida

España · Juan Carlos Hernández
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13 febrero 2019
Con la vista puesta en el juicio a unos políticos, que se presentan como presos políticos cuando en realidad, como diría Pedro Cuartango, son políticos presos, miles de españoles se han concentrado el pasado domingo en la plaza de Colón dada la gravedad de los desafíos que atraviesa nuestra nación.

Con la vista puesta en el juicio a unos políticos, que se presentan como presos políticos cuando en realidad, como diría Pedro Cuartango, son políticos presos, miles de españoles se han concentrado el pasado domingo en la plaza de Colón dada la gravedad de los desafíos que atraviesa nuestra nación.

Esta concentración debería de servir como catalizador de una respuesta de la sociedad civil y de la clase política frente a un presidente del Gobierno sin una idea clara en la cabeza a excepción de querer ocupar su sillón en la Moncloa, debe ser que no hay otro sitio mejor para escribir su libro. Sin embargo, lo que hemos podido leer estos días en las crónicas muestra la percepción contraria. La sociedad civil y, por tanto, también la clase política parece más preocupada por lo anecdótico, por la foto, por si llevaba la camisa más o menos abrochada… Por otra parte, el manifiesto leído por los periodistas era ciertamente mejorable.

La única evidencia clara llegados a este punto es que este maldito “procés” ha inoculado en todos, constitucionalistas y separatistas, la división. También dentro de los constitucionalistas y dentro de los “indepes”. Hemos perdido la evidencia de que la unidad es un bien.

Es necesario manifestarse frente a los que quieren saltarse la ley, es necesario manifestarse frente a un presidente del Gobierno esclavo de su debilidad. Es muy preocupante que el Gobierno busque negociar con los independentistas, no para buscar mejorar la vida de los ciudadanos sino para mantenerse en el poder a cualquier costa. Es verdad que no es el primer gobierno con esta tendencia. Pero este caso es especialmente grave dada la extrema debilidad de un Gobierno con 84 escaños que ha llevado a plantear la posibilidad estrambótica de un relator en las negociaciones.

Pero aún más necesario que manifestarse es mostrar un proyecto de unidad, un proyecto más ilusionante y esto no se hace con declaraciones altisonantes ni escribiendo en twitter. Nos falta imaginación y nos sobran tuits. Lo que urge es construir un proyecto colectivo. Si una concentración de estas características en lugar de fomentar este proyecto colectivo lo que se hace es dividirnos, hemos perdido el tiempo.

Un sano patriotismo puede mostrar la bandera como reconocimiento de una tradición que se te ha donado gratuitamente, una tradición que no es algo estático, como una foto del pasado, sino que se enriquece continuamente. No vaya a ser que podamos caer en los mismos errores que los nacionalismos periféricos.

Es probable que tengamos elecciones pronto, ojalá que así sea, pero esto por sí solo no es suficiente para solucionar nuestros males.

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