La mirada de Kluiverth

Mundo · Bernardo Moncada Cárdenas
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25 febrero 2015
Nombre sonoro y extraño, con cierto retintín inglés como tantos otros que llevan nuestros muchachos latinos; buen hijo y buen estudiante, scout hasta la muerte que lo sorprendió por ayudar como scout a un muchacho caído en las protestas. Kluiverth se llamaba, cayó con su morral lleno de libros y cuadernos cerca de su colegio.

Nombre sonoro y extraño, con cierto retintín inglés como tantos otros que llevan nuestros muchachos latinos; buen hijo y buen estudiante, scout hasta la muerte que lo sorprendió por ayudar como scout a un muchacho caído en las protestas. Kluiverth se llamaba, cayó con su morral lleno de libros y cuadernos cerca de su colegio.

Un clamor de testigos que ninguna censura pudo detener narra su muerte a manos del joven policía entrenado en el odio, cumpliendo la reciente Resolución 8610 que, inconstitucional, ordena el uso de armas de guerra contra manifestaciones dejando a discreción del funcionario juzgar ´la necesidad y proporcionalidad de medios a emplearse´. El liceísta de 14 años no huyó, como los demás, cuando arremetió la fuerza pública en represión de la protesta que realizaban los jóvenes de la Universidad Católica del Táchira, pues atendía a otro que yacía herido; en el último momento quiso esconderse bajo un automóvil de donde fue arrastrado fuera para dispararle por la sien y a quemarropa. Lo demás son las fotografías de los celulares mostrando el sangriento cuadro de su última imagen, el dolor rápidamente esparcido por Venezuela y el mundo, y las mentiras cínicas con las que se intenta cubrir o deformar el inhumano acontecimiento.

Kluiverth Roa es ahora un emblema, aunque sólo pertenece a la legión de ángeles que la violencia, en este reino de la muerte en que han transformado la bella Venezuela, no deja de despachar a manos del Padre. Hoy ciudades como Valera, Barquisimeto, mi ciudad Mérida y por supuesto San Cristóbal, cuyo pavimento aún bebe la noble sangre del niño ejecutado, están hirviendo de indignación. No es inverosímil que esta serie de insólitas provocaciones busque contradictoriamente, además de atemorizar al venezolano indignado por la cotidiana odisea en que han transformado su vida, espolear el estallido de violencia que justifique como pretexto la suspensión de unas elecciones parlamentarias evidentemente perdidas para el gobierno.  No son únicamente los líderes de oposición, ni los analistas políticos, quienes observan las tácticas gubernamentales, sino el pueblo ya exhausto tras 16 años de una ilusión transformada en pesadilla nacional. Quizá por esto la reacción no es tan inmediata, pero atropello más atropello va haciéndose incontenible.

Ante tal estado de cosas, no podemos refugiarnos en la perplejidad o el miedo. Leo en ´Nosotros y la política´, extracto de alocución de don Luigi Giussani (1978) publicado por PáginasDigital.es: ´nuestra tarea es formar la fe de las personas, mediante una vida de comunión vivida que, por tanto (…) se compromete. Si es vida de comunión no puede dejar de comprometerse con los problemas de su ambiente (…) Al crecer, la persona asume con su responsabilidad individual el riesgo de intentar, con otros que quieran, el juego político, es decir, la lucha por estructuras distintas´.

Luchar por estructuras distintas se hace un empeño cada vez más necesario en Venezuela. La lucha, empero, no tiene necesariamente características belicistas. Un proyecto liberador se da ante todo en la arena de la educación, la persuasión y el debate, sobre todo cuando  el abusivo dominio de medios de comunicación y programas escolares apunta sin pudor hacia la deformación radical de la mentalidad popular. La mentira y la desinformación tienen relativo éxito porque en gran medida quienes debemos vocear la realidad caemos víctimas de la irracionalidad reactiva a la que se nos quiere empujar.

Si algo nos puede defender de la desesperación y la reactividad suicida es la fe. Es la certeza de que el Bien ha llegado ya antes a esa sociedad que necesitamos  tener y allí nos espera, porque –en la ya famosa expresión del Papa Francisco– ´Él nos primerea´. Lo que no necesitamos son la confusión y el desespero cuando queremos acción certera, si algo necesitamos es la mirada serena y decidida de Cristo: la mirada serena y decidida de Kluiverth.

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