La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, se estrena

Cultura · Nieves Jiménez
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26 abril 2009
Ahora el Gobierno ha permitido la selección de embriones para que se conciban bebés sin riesgo de desarrollar alguna enfermedad grave, enfermedad que tal vez nunca llegarían a desarrollar, y que en todo caso sería curable. Es el hombre contra el hombre, los más débiles en manos de los más fuertes: los bebés ya no se conciben por amor sino por utilitarismo.

Cuando hace unos meses salía en casi todos los medios la noticia de que "Javier ha nacido para curar a su hermano Andrés" era un titular que se atribuía a los padres del bebé seleccionado genéticamente y que fue presentado a la sociedad como la solución para curar la enfermedad de su hermano. Pero, a pesar de lo que nos han querido hacer ver, no se trata de "un acto altruista" sino "de un acto de eugenismo que le convierte en condenable". No olvidemos que para aceptar la selección embrionaria los padres han sacrificado a otros niños, también hermanos de Andrés, que tenían la misma posibilidad de nacer que Javier. Además el bebé fue sometido a una fuerte selección genética que difícilmente puede presentarse como ética.

En estos momentos, los avances científicos permiten otras alternativas que no atentan contra la dignidad ni suponen costes de vidas. Es el caso del uso de los cordones umbilicales congelados para obtener material celular. Ya existen bancos de este tipo en nuestro país, y su eficiencia curativa ha quedado perfectamente acreditada, incluso en pacientes que no guardan parentesco con el donante. ¿A todo esto tiene algo que decir la ministra de Igualdad?

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