La llamada a la militancia surte efecto

España · M. Medina
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21 junio 2010
Este lunes en el Hotel Ritz de Madrid, en un desayuno protagonizado por el ex ministro de Economía Miguel Boyer, se ha hecho evidente la fuerza que ha tenido la llamada de González a la militancia. Una cosa es la razón económica o social y otra es la razón política.

Boyer representa esa élite que Felipe incluyó en su primer Gobierno del 82. El mejor talento al servicio de un socialismo que se había hecho socialdemocracia. Los medios han destacado que Boyer no quiere estar en el Gobierno de Zapatero porque ya, dice, ni tiene edad ni le pagarían algo parecido de lo que está acostumbrado a cobrar. Pero el alivio verbal del ex ministro pijo es sólo una distracción para los menos avisados. No va a entrar en el Gobierno de Zapatero porque le ayuda mejor donde está.

Lo decisivo es que el Boyer que coqueteó con la Fundación FAES, que se acercó a Aznar, cuando ha llegado el momento difícil está con los suyos. Y aplica todo su talento a construir una narración que le da la razón a Moncloa. La culpa de todo la tienen los tipos de interés bajos de Greenspan, la crisis no es para tanto porque sólo afecta a la construcción, que destruye mucho empleo pero que pesa poco en el PIB. Para crisis la mía, la que yo, primero, y después Solchaga, tuvimos que encarar. Entonces lo que se caía era el sector industrial y el de los servicios, que es lo que cuenta.

Europa nos está dando cera porque la Merkel es contradictoria. Primero quería bajar impuestos y ahora le ha dado la manía de los recortes. Si es lo que pasa cuando en Europa manda Alemania, que te obligan a recortar más de lo conveniente. Hay que ir pensando en planes de aumento del gasto. Menos mal que los americanos han obligado a la alemana a levantar la mano, que si no nos asfixia. A Boyer le faltaba decir que había sido él quien había conseguido que los americanos le leyeran la cartilla a Merkel.

Horas después conocíamos la segunda llamada de Obama en apoyo de Zapatero. El asunto parecía coordinado. Los razonamientos de Boyer muestran hasta qué punto puede influir la gente guapa, el establishment, cuando se pone a colaborar para que la derecha no vuelva. Bromas, todas las que hagan falta, pero antes que el PP se acerque Moncloa hay que ponerse serios.

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