La justicia y el mando de la televisión

Mundo · R.I.
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16 marzo 2018
Debate en el Congreso de los Diputados sobre la Prisión Permanente Revisable (PPR). Se da un paso más para derogar, al ser rechazadas las enmiendas del PP y de Ciudadanos. Al tiempo, un juez en Almería dicta prisión incondicional para Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño Gabriel. ¿Cómo pueden algunos políticos pretender derogar la PPR cuando han sucedido casos como el de Gabriel?

Debate en el Congreso de los Diputados sobre la Prisión Permanente Revisable (PPR). Se da un paso más para derogar, al ser rechazadas las enmiendas del PP y de Ciudadanos. Al tiempo, un juez en Almería dicta prisión incondicional para Ana Julia Quezada, la autora confesa de la muerte del niño Gabriel. ¿Cómo pueden algunos políticos pretender derogar la PPR cuando han sucedido casos como el de Gabriel? Es la pregunta que se hace una mayoría de la opinión pública. Es la misma opinión pública que ha sufrido una sobreexposición mediática con la especulación sobre los autores del crimen, los detalles morbosos, la localización de los escenarios, la exhibición del dolor y el protagonismo de algunos periodistas. Lo que, como denuncia el gran Cuartango, “ha contribuido a convertir este desgraciado suceso en una muestra de la degradación de unos medios que lo transforman todo en puro espectáculo”. Y el espectáculo debe continuar, y el debate parlamentario se convierte en una pieza más.

La PPR no hubiera evitado la muerte de Gabriel. Pero no estamos para razonamientos lógicos. Para establecer conexiones entre las causas y los efectos. Heridos, sobreexpuestos no a la delincuencia sino al espectáculo televisivo, queremos sistemas perfectos, que nos libren del mal sin redención o que confinen al delincuente para siempre. No queremos saber que en el Código Penal ya hay penas de hasta cuarenta años, a las que luego se suman diez años de libertad vigilada. No queremos preguntarnos si estamos hablando de una pena innecesaria y si hay una instrumentalización por parte de los grupos políticos para obtener réditos electorales. No queremos hablar serenamente del papel del Estado, que es diferente al de la víctima. No queremos ni oír hablar de lo que supone abandonar el principio de resocialización y rehabilitación. No queremos que nos recuerden que nuestro país es uno de los más seguros de Europa. No queremos recordar que solo hay un condenado por PPR. No queremos reconocer que la justicia tiene una naturaleza bien diferente al mando de la televisión.

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