La insoportable levedad de Wikileaks

España · N.M.
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12 diciembre 2010
Las manifestaciones a favor de Julian Assange han llegado a España, que se ve sacudida también por la wikileaksmanía. Sin duda la decisión del diario El País de suspender su actividad como periódico dedicado a la información general para convertirse en la newsletter de los papeles filtrados tiene mucho que ver con que también nosotros nos veamos afectados por la epidemia. Ya no hay noticia sobre controladores, sobre las advertencias de Trichet al Gobierno o sobre la polémica de los eurobonos que merezca mayor atención que las revelaciones sobre los secretos de la diplomacia estadounidense.

El diario de Miguel Yuste dedica desde hace días páginas y páginas a unos papeles que, como ha explicado el más americano de los socialistas, Javier Solana, sólo cuentan lo que ya sabíamos o comentarios de personal diplomático, en muchos casos de bajo nivel jerárquico que se ponen en evidencia con sus análisis. Es seguramente esta obsesión por las aburridas filtraciones de Wikileaks una expresión de ese viejo antiamericanismo que desde la Guerra de Cuba, pasando por el franquismo, llegó hasta cierta izquierda. El morbo por haber descubierto, por fin, los secretos del padre malvado y tiránico. Los ministros corren despendolados a desmentir conversaciones que todos consideramos previsibles. ¿Es acaso significativo que Trinidad Jiménez pusiera a caldo a Miguel Ángel Moratinos? ¿No le dijeron miles de españoles a sus vecinos que Rubalcaba prefería a De Juana en libertad? Es lo mismo que hizo un funcionario estadounidense; en lugar de contárselo a su vecino de patio lo puso por escrito y lo mandó al Departamento de Estado.

Wikileaks transcribe algo así como una conversación entre porteros de una concurrida calle: saben quién entra y sale de las casas y de las oficinas, son gente curiosa. Pero al fin al cabo son porteros.

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