La inmigración, un problema que no resuelven ni Italia ni la Unión Europea

España · PaginasDigital
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15 agosto 2015
Estas últimas semanas estamos presenciando el bochornoso espectáculo de la inmigración procedente de países en guerra de los continentes africano y asiático. Decimos bochornoso espectáculo porque nadie quiere hacerse cargo de esos inmigrantes que huyen de sus países en guerra, y que piensan que en Europa encontrarán un futuro mejor. Sin embargo, lo que se encuentran al llegar al Viejo Continente es que los diferentes países que lo integran no hacen más que echarse unos a otros la ´patata caliente´ ya que, entre otras cosas, la Unión Europea no ha diseñado un programa de acogida de inmigrantes. Y lo peor de todo esto es que estos inmigrantes, en muchos casos, no sólo no sobran, sino que hacen falta ante la perspectiva de un continente europeo cada vez más envejecido en el que hará falta fuerza laboral en un plazo de tiempo entre medio y corto. Pero, de momento, ni Italia ni el conjunto de la Unión Europea hacen nada por cambiar la situación.  

En el caso concreto de Italia, esta misma semana hemos vivido una agria polémica entre las principales fuerzas de la oposición y la Conferencia Episcopal italiana. Grillo, líder del Movimiento Cinque Stelle, dice a la Iglesia que lo tiene que hacer es abrir el Vaticano a todos esos inmigrantes a y acogerlos. Salvini, máximo dirigente de la racista y xenófoba Liga Norte, piensa que lo que hay que hacer es directamente expulsar a cada inmigrante que llega sin papeles. Y el Gobierno italiano, por su parte, se limita a recoger a los inmigrantes en el mar a la espera de que acaben marchando a otros países con menor tasa de paro, como es el caso del Reino Unido, cuyo nivel de desempleo es la mitad que el italiano. Mientras, los obispos italianos, a través de su portavoz (Nunzio Galantino), recuerdan que no son pocos los casos de inmigrantes acogidos en centros de la Iglesia y que se debe ser mucho más solidario con aquellos que están pasando una situación tan calamitosa.

Lo peor es que, como ya comentamos en este mismo blog hace unos meses, este es un problema que se veía venir desde hace meses, y que ya dio su primera señal de aviso en abril cuando un barco se hundió en aguas del Canal de Sicilia con casi un millar de inmigrantes a bordo. Matteo Renzi pidió entonces ayuda a las autoridades europeas, pero se encontró con buenas palabras y con un sistema de reparto que nada la convencía porque no se encontraba en relación con las posibilidades de acogida de cada país. La realidad es que de momento ni en Libia ni en Siria ni en otros países con graves conflictos internos las cosas se van a solucionar de momento, y mientras esos países estén sumidos en la inestabilidad, seguirán llegando oleadas de inmigrantes que nada tienen que perder a pesar de los muchos riesgos que su intento de alcanzar las costas de Europa conlleva.

La Unión Europea debe sentarse a plantear una auténtica y solidaria política de acogida migratoria porque este es un problema que concierne al conjunto de la Unión, y no sólo a los llamados países ribereños del Mediterráneo. Y debe ser, en ese sentido, uno de los primeros deberes a cumplir durante los últimos meses de este año, ya que, si nadie lo remedia, seguirá repitiéndose constantemente un bochornoso espectáculo que pone en entredicho los cimientos y los ideales de la construcción europea.

 

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