La hora de los conciliadores

España · María Teresa Compte Grau
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25 julio 2013
El día 23 de junio de 1976 el grupo Tácito se presentó a los españoles en las páginas del diario Ya con su primer artículo: Declaraciones, Propósitos y Realizaciones. El grupo, cuyo nacimiento preocupó sobremanera a las autoridades españolas en un momento en que los grupos políticos estaban prohibidos, se forjó sin cobertura jurídico-formal y sin una ideología política definida, “salvo la que vagamente se le atribuía de democracia cristiana”. 

El día 23 de junio de 1976 el grupo Tácito se presentó a los españoles en las páginas del diario Ya con su primer artículo: Declaraciones, Propósitos y Realizaciones. El grupo, cuyo nacimiento preocupó sobremanera a las autoridades españolas en un momento en que los grupos políticos estaban prohibidos, se forjó sin cobertura jurídico-formal y sin una ideología política definida, “salvo la que vagamente se le atribuía de democracia cristiana”. Tácito no nació con la intención de convertirse en partido político, pero sí con la voluntad de reflexionar, a través de un artículo semanal en las páginas de Ya, sobre la situación política española para contribuir a la instauración pacífica de un sistema político democrático.

La estrategia de Tácito pasaba por favorecer la preparación de las institucionespolíticas españolas, especialmente el Gobierno y las Cortes, la preparación de la sociedad española a través del reconocimiento de asociación política, y la preparación de la clase política. El objetivo era favorecer el tránsito democrático en paz y con el menor coste social posible.

La transición a la democracia por la que Tácito abogaba no era pues el camino que había que seguir para que los partidos políticos en la clandestinidad cobraran carta de naturaleza legal, sino el camino que había que recorrer para que el poder constituyente regresara a su verdadero titular: el pueblo español. Sólo así podría evitarse, como se evitó, la reproducción del esquema vencedores—vencidos.

Los hombres de Tácito no eran monárquicos, stricto sensu, pero aceptaron la Monarquía porque estaba prevista en el orden constitucional español, porque evitaba saltos en el vacío y porque era la institución puente entre las dos legalidades y las dos legitimidades. Tras el cumplimiento de las entonces llamadas las previsiones sucesorias, la Corona se legitimaría por su funcionalidad política, al margen de conflictivas legitimidades históricas, y en tanto que centro integrador del pluralismo social, político y territorial.

De estos principios inspiradores, que tenían como objetivo último la reconciliación definitiva entre los españoles, Tácito hizo un programa global de cambioque requería de una fuerza política que lo articulara y lo promoviera.

Poco a poco y, procediendo por adaptación, Tácito fue respondiendo a las circunstancias históricas de tiempo y lugar hasta llegar a la convicción de que era oportuno promover una fuerza política en la que convergieran reformistas que lofueran de convicción y por oposición a los extremos. La concordia de las voluntades y la integración de los afines fue el objetivo perseguido.

Durante tres años, Tácito pugnó por evitar que el cumplimiento de las previsiones sucesorias retrotrayera a los días del conflicto civil que España habíavivido en los años treinta. El objetivo era promover la reconciliación entre los españoles evitando que odios y pasiones se reprodujeran de nuevo. Tácito sostuvo para ello una visión pacífica de la política capaz de superar la antinomia amigo-enemigo que el franquismo había consagrado. Por esta razón, Tácito jamás pensó en salidas violentas y golpes de fuerza. Su mayor contribución fue la de abrir el camino y aportar el pensamiento y las bases de una política de centro que permitiese la edificación de un sistema centro en el que se encontrase el inmovilismo y la oposición. Este proyecto evitaba la apertura de un proceso constituyente e instauraba el valor de la conciliación frente a tesis de signo revolucionario y utópico.

Tácito militó en el posibilismo o circunstancialismo. Su apuesta política se mantuvo alejada de los perfeccionismos propios de la utopía política. Ésta es siempre una sociedad total, imposible porque es perfecta, incapaz de enfrentarse a la realidad, más que destruyéndola. Como decía Tácito, “sin conocer las dimensiones y la calidad de la tela es muy difícil iniciar la pintura del cuadro”.

Tácito optó pues por la reforma y a ésta sumó la voluntad de pacto. Un pacto realista, ajustado a las circunstancias y en el que las hipotecas del pasado no volviesen a reproducirse. A la democracia no podía llegarse cobrando las facturas de julio del 36. Por eso el objetivo era la devolución del poder constituyente a su verdadero titular. Este proyecto reformista, al que insignes españoles contribuyeron desde la década de los sesenta, fue definiéndose como centro político. El centro era el espacio en el que podía materializarse el encuentro entre los extremos a través de una estrategia política basada en la transacción, la integración y la moderación. El partido político de centro era, como hemos señalado, el instrumento adecuado para tal propósito. Por eso las gentes de Tácito subordinaron siempre la formación de un partido político de centro a la consecución del objetivo político último: la instauración de la democracia en España. Ésta fue una de las razones por las que, una vez conseguido ese objetivo, el partido, los hombres y la política del centro desapareciesen del escenario político español. Sin embargo, algo quedó y perdura “en la conciencia moral profunda de nuestro texto constitucional”. Y esto no es, nada más, ni nada menos, que el triunfo de la conciliación en una de las más insignes horas que los conciliadores han protagonizado en la más reciente historia de España.

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