La fractura educativa es insalvable por hoy

Mundo · Antonio Amate
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11 abril 2016
La aprobación de la Proposición de Ley impulsada por el PSOE en el Congreso de los Diputados el pasado 5 de abril para paralizar el calendario de aplicación de la LOMCE constituye hoy una prueba más de la fractura insalvable que divide la educación en España. Sin duda esta actuación revela algunas situaciones significativas.

La aprobación de la Proposición de Ley impulsada por el PSOE en el Congreso de los Diputados el pasado 5 de abril para paralizar el calendario de aplicación de la LOMCE constituye hoy una prueba más de la fractura insalvable que divide la educación en España. Sin duda esta actuación revela algunas situaciones significativas.

En primer lugar, que existe una mayoría de izquierdas y nacionalista en el actual parlamento que ha conseguido aprobar esa proposición de Ley. El resultado final de esta iniciativa es otra cuestión. Si se disuelven las cámaras y se convocan nuevamente elecciones, estaremos en un escenario donde los efectos legales de esa votación serán nulos, aunque sus consecuencias políticas son ya importantes. Pero también es posible que se forme un gobierno de izquierda con los votos que ya se han retratado en el Congreso. En ese caso, los plazos para decapitar la LOMCE ya habrán empezado a correr, y la contrarreforma educativa estará en marcha, imparable, hacia otra nueva Ley de Educación partidista en España. Y ya van ocho.

En segundo lugar que, en este momento de interinidad del Gobierno, de confusión política, de postureo permanente de los partidos políticos, de continuos devaneos estratégicos y de un vaivén de líneas rojas de unos y de otros indescifrable, la educación sigue considerándose un arma poderosa, se utiliza como tal, y se manipula al servicio de los intereses electorales de los partidos. El profesorado, las familias y la sociedad continúan instrumentalizados por la ideología de turno, encarnada en una mayoría parlamentaria temporal. Y llevamos ya cerca de 40 años de régimen democrático sin conseguir estabilizar el “tentetieso” en el que ha quedado transformado el artículo 27 de la Constitución.

En tercer lugar, la incapacidad de la derecha política española que, noqueada en su discurso educativo por sus propios errores y por la implacable superioridad “moral” de la izquierda, asiste al funeral de su reforma educativa sin apoyos, gravemente cuestionada por su escasez de convicciones y rehén de una gestión nefasta que ha sido premiada con un retiro dorado en París para sus principales protagonistas.

La intervención de la ponencia socialista en el congreso ha sido particularmente desafortunada e incongruente. Alentando a sus clientelas con ironías religiosas fáciles y recurriendo al rancio enfrentamiento pública-concertada para salpimentar un discurso educativo raquítico, desvela su nula voluntad de trabajar para conseguir el Pacto que, sólo a nivel declarativo, pretende alcanzar. Según parece, ni falta que hace en este momento, dominado por la crispación y la radicalización de la política reducida a reality show televisivo (a pesar de que Gabilondo siga jugando a poli bueno en todos los foros).

Corren malos tiempos para la moderación y el pragmatismo, para quienes apuestan por la convivencia en una sociedad plural aceptando las diferencias de pareceres y respetando las libertades civiles más elementales. Se lleva más el feísmo político, el simplismo ideológico, las peleas de políticos en el barro de sus miserias, el “y tú más”, la descalificación, la banalización de los temas importantes, primar lo propio en detrimento del bien común. En definitiva, la extensión a la vida pública, en cierta medida, de la dinámica y las formas de los programas del “corazón” y de “crónica social” tan de moda, que nos aleja, un poco más, de alcanzar un sistema educativo de calidad, estable, equitativo y libre para todos.

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