Brasil

La difícil reinvención del Partido de los Trabajadores

Mundo · Rafael Ruiz
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11 noviembre 2016
Demoré un poco en escribir este artículo porque preferí esperar a que se conocieran los resultados definitivos de las elecciones municipales, a fin de tener una idea exacta de las dimensiones del desastre del Partido de los Trabajadores de los ex presidentes Lula y Dilma. No fue un desastre sino una hecatombe o, si se prefiere, un verdadero tsunami. Los números son suficientemente claros como para comprender lo que ha ocurrido.

Demoré un poco en escribir este artículo porque preferí esperar a que se conocieran los resultados definitivos de las elecciones municipales, a fin de tener una idea exacta de las dimensiones del desastre del Partido de los Trabajadores de los ex presidentes Lula y Dilma. No fue un desastre sino una hecatombe o, si se prefiere, un verdadero tsunami. Los números son suficientemente claros como para comprender lo que ha ocurrido.

En 2012 el PT tenía 644 municipios y ahora, en 2016, ha ganado sólo en 254; por lo tanto la población incluida pasó de 38 millones a menos de 6 millones. Vale decir que el PT no sólo ha perdido más de la mitad de los municipios sino que ha ganado únicamente en ciudades muy pequeñas y en ninguna capital de Estado, salvo Rio Branco, la capital del Estado de Acre, en plena selva amazónica cerca de la frontera peruana.

Por su parte el PSDB, el partido que disputó la elección presidencial hace un año –y que perdió ante Dilma Roussef– ha pasado a gobernar sobre 48,7 millones de personas en 2016, mientras en 2012 lo hacía sobre 25,8 millones. El partido de Temer (PMDB) sigue prácticamente igual: si en 2012 tenía 1.017 municipios, ahora tiene 1.038.

Sin embargo, el hecho más relevante quizás sea la victoria de Crivella, obispo de la iglesia universal que, compitiendo con el PSOL, partido a la izquierda del PT, ha ganado el importantísimo municipio de Río de Janeiro.

No hay muchas dudas con respecto al cuadro general resultante de estas elecciones. El PT, que estaba en el poder, en realidad ha perdido mucho más de lo que se podía imaginar, y el PSDB, que en las cuatro últimas elecciones presidenciales (dos de Lula y dos de Dilma) había sido escogido por el mismo PT como partido de oposición y símbolo de todo aquello que el PT combatía y consideraba nefasto para el país, ha resultado el gran vencedor. Y eso no es todo.

Actualmente Lula está involucrado en tres procesos y en cualquier momento puede ser declarado culpable. Además, dos hombres fuertes de su gobierno, los ministros Palocci y Mantega, están en la cárcel con prisión preventiva, a la espera del juicio y la sentencia definitiva.

Algunos afirman que al juez Sergio Moro, el principal referente de la megaoperación conocida como Lava Jato, solo le interesa atacar al PT. Pero no parece ser el caso, o por lo menos no en forma exclusiva. Moro ha enviado a la cárcel al superpoderoso Eduardo Cunha del PMDB, expresidente de la Cámara de Diputados, y ya tiene en la mira a José Serra, actual ministro de Relaciones Exteriores –y potencial candidato a la sucesión presidencial– debido a las declaraciones del empresario arrepentido Marcelo Oderbretch, quien recién ahora, después de estar un año preso, ha firmado un acuerdo con la justicia y ha empezado a contar lo que sabe. Esta circunstancia ha provocado un revuelo de miedo en Brasilia muy parecido al que podría causar el anuncio de una bomba atómica.

Entretanto, en São Paulo ganó las elecciones el empresario João Dória, con el apoyo del gobernador del Estado Geraldo Alckmin, ambos del PSDB. Pero lo más significativo de esa elección paulista es que Doria haya ganado en la primera vuelta, cosa que nunca había sucedido antes, mientras que Haddad, del PT, no superó el 16% de los votos. Es más, la campaña de Doria se basó en el discurso retórico de que no se trata de un político y que no hará política. Él es un gestor o administrador y lo que hará (o pretende hacer) es solo administrar São Paulo.

Qué significa eso lo sabremos recién cuando empiece su mandato. Por el momento, lo único seguro es que el PT prácticamente ha desaparecido del escenario político y tendrá que reinventarse si quiere volver a él con un mínimo de protagonismo.

Rafael Ruiz es profesor de Historia de América en la Universidad Federal de São Paulo

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