´La desaparición del muro ha traído consigo mucho fondo materialista´

Mundo · Fernando de Haro
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7 noviembre 2014
Buscamos la perspectiva filosófica, que tiene mucho que ver en la caída del Muro de Berlín. Alejandro Llano es uno de los filósofos y pensadores más lúcidos que tenemos en España.

Buscamos la perspectiva filosófica, que tiene mucho que ver en la caída del Muro de Berlín. Alejandro Llano es uno de los filósofos y pensadores más lúcidos que tenemos en España.

¿Usted diría que la caída del Muro de Berlín significa en cierto modo el fin de las ideologías, o eso es exagerar?

Yo creo que es un golpe muy fuerte para las ideologías, tal como se han venido entendiendo en los últimos dos o tres siglos. Creo que los grandes complejos del pensamiento, que han sido fundamentalmente el marxismo y el liberalismo, han recibido un golpe muy fuerte, especialmente el marxismo comunista. Me parece que en ese sentido la caída del Muro ha representado un hito.

¿Qué ha quedado del marxismo?

Ha quedado sobre todo una manera de pensar. No en el sentido fuerte de ideología, o sea, con aplicación política directa, sino más bien en el juicio acerca de las situaciones, en la visión de la sociedad. Yo creo que todos tenemos una cierta vena marxista, por así decir.

¿En qué consiste?

En primer lugar, en el materialismo. Nos olvidamos a veces de que el marxismo es materialismo dialéctico, y de eso ha quedado sobre todo el materialismo, de manera que hoy día planteamos las cuestiones en términos monetarios, económicos, de comodidad. Ha quedado en gran parte un sesgo materialista y de oposición de unos a otros. La parte dialéctica ha sido que la comodidad, el dinero, etc, lo conseguimos contra los demás, o por lo menos aprovechándonos de los demás.

“El Muro cayó hacia los dos lados”. Eso lo ha escrito usted, ¿qué significa?

Que afectó, desde luego a la URSS, hasta el punto de que la URSS tal como era ha desaparecido. Queda mucho de marxismo, de Rusia, de Siberia, etc. Pero ya no es lo que era. Ahora se está diciendo que representó el tirar la bandera, el darse por vencidos, porque los comunistas soviéticos no podían aguantar la presión de un muro que les separara. En ese sentido, creo que la influencia en la parte soviética es muy clara, aunque vemos que queda todavía mucho del aspecto digamos imperialista.

¿Y en la parte occidental?

Por un lado, creo que la desaparición del muro ha traído consigo mucho fondo materialista. Antes se podía decir “contra los rusos estábamos mejor” y en cierta manera era verdad porque eso marcaba posiciones propias. Ahora no hay posiciones claramente enfrentadas, y en ese sentido somos posiblemente más materialistas que eran los soviéticos en otro momento. Digamos que Occidente se ha venido un poco abajo en su ánimo, en su capacidad de innovación.

Hay quien ha definido este mundo que nació después de la caída del muro de Berlín como un mundo líquido. Está claro que hay dos fechas. Hasta 2001 impera la fiesta del fin de la historia, de la libertad sin contenido. Y a partir de 2001, tras la caída de las Torres Gemelas, parece que nos despertamos de un sueño y que ese optimismo del mercado se viene abajo. Y ya con la crisis de 2008 la cosa fue más seria. ¿Hemos aprendido en estos 25 años que la libertad por sí misma no es suficiente, que la libertad requiere contenido?

Yo creo que no lo hemos aprendido, porque no nos dedicamos a eso. Es decir, todo el aspecto cultural, intelectual, de profundidad en los temas, se ha venido abajo en gran parte. Incluso ya hay toda una corriente de pensamiento respecto de las universidades norteamericanas que pasaban por ser los grandes caladeros de pensamiento y ya se ve que no hay mucho detrás. Estamos en una época de gran vacío. Ni unos ni otros, no hay realmente pensamiento fuerte, y por tanto no hay actividad, ni siquiera económica, fuerte. Nos acabamos de enterar de que en Luxemburgo, un país que parecía que estaba por encima de todas estas miserias, están haciendo todo tipo de maniobras con los impuestos. Lo que está pasando en España es bien claro.

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