La decisión de Anne

España · Juan Orellana
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3 octubre 2013
El director Nick Cassavetes, que cautivó a las almas románticas con El diario de Noa, vuelve al melodrama con La decisión de Anne, una lacrimógena adaptación de la novela de Jodi Picoult. El hijo del famoso cineasta John Cassavetes y de la actriz Gena Rowlands consigue en esta ocasión no quedarse en el mero sentimentalismo y se atreve con cuestiones éticas y antropológicas de envergadura. Para ello va a contar con las excelentes interpretaciones de Cameron Diaz, Jason Patric, Alec Baldwin, y de las niñas Abigail Breslin y Sofía Vassilieva.

Sara y Brian Fitzgerald tienen dos hijos. Cuando Kate cuenta dos años le diagnostican una leucemia y una insuficiencia renal grave. Un médico les propone tener un "bebé medicamento", generado in vitro, que pueda donar células a la hermana enferma. Y así nace Anne. Todo parece ir bien, y la vida familiar entera gira en torno a la enfermedad de Kate. Pero un día Anne, ya con once años, decide demandar a sus padres y solicitar la "emancipación médica": que ella y sólo ella pueda decidir si dona su riñón a su hermana Kate para salvarle la vida.

Como es de imaginar, el film está atestado de disyuntivas morales complejas. Y están presentadas con seriedad, es decir, sin supeditarse a prejuicios ideológicos. Obviamente, los planteamientos no responden a una visión cristiana de la vida, sino que plantea con honestidad las perplejidades de conciencia a la que se enfrentan los personajes. La fecundación in vitro, los "bebés medicamento", la eugenesia, el ensañamiento terapéutico… son asuntos moralmente problemáticos que el film no desea sortear tramposamente. Incluso en algún momento parece políticamente incorrecta, como cuando el señor Fitzgerald, al comprobar que sus planes eugenésicos no dan los resultados esperados, echa la culpa al hecho de haber ido contra la naturaleza. Pero lo más acertado del film es que todas estas cuestiones se enmarcan en el contexto de la pregunta por el valor de la vida y el sentido de la muerte.

La resolución argumental parece afirmar que la vida biológica no es el valor absoluto, y que las personas nunca deben tomarse como medios, sino como fines. En la película no hay concepciones creacionistas ni teleológicas, se afirma que la vida es fruto del azar y la casualidad, somos "un accidente". Pero también se muestra el incontenible deseo de pervivencia de los personajes en un más allá que haga justicia. La decisión de Anne deja claro que la vida no está en manos del hombre y que nuestro corazón desea que la muerte no sea la última palabra. Sin duda un film sólido con el que es interesante hacer las cuentas.

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