La Cuba que funciona

Mundo · Alver Metalli
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3 noviembre 2013
José Antonio Pérez Alonso está tratando de salir adelante desde hace una década, cuando abrió “La Moneda Cubana”, a un paso de la catedral de La Habana. Empezó como treinta, todos pioneros del “cuentapropismo”, un término cubano que indica a los trabajadores que han abierto una actividad propia con el propio capital.

José Antonio Pérez Alonso está tratando de salir adelante desde hace una década, cuando abrió “La Moneda Cubana”, a un paso de la catedral de La Habana. Empezó como treinta, todos pioneros del “cuentapropismo”, un término cubano que indica a los trabajadores que han abierto una actividad propia con el propio capital.

Un experimento, una arruga en la tela de una economía de estado asfixiada por la caída del socialismo. Por ello no ha sido nada fácil sobrevivir. Pero él pudo. «De los treinta paladares que abrieron conmigo, quedamos solo cinco».

Los “paladares”, otra expresión típicamente cubana, son locales característicos en donde se pueden saborear productos cubanos de calidad. Una especie de “gourmets made in Cuba”, en los que todo es artesanal, sobre todo para los paladares de los turistas.

“Doña Etuimia” llegó poco después de don José Antonio Pérez, hace dos años, y las cosas, para Albiel San Miguel tampoco han sido miel sobre hojuelas. Una lucha cotidiana para sobrevivir, «una lucha que no acaba y quién sabe cuándo terminará», suspira. En contra de la vieja mentalidad estatal, en contra de la persecución, en contra de la burocracia y los burócratas lentos que han interiorizado las directivas del nuevo curso, en contra de las dificultades para proveerse, en contra de los impuestos particularmente elevados…

Justamente a gente como José Antonio, Lourdes Díaz, Maricela González y otros la Iglesia cubana propone programas que tienen como objetivo apoyar el “cuentapropismo”, hacer que crezca, robustecerlo y tratar de sostener la apertura económica del presidente Raúl Castro hacia la pequeña y mediana empresa privada y hacia las cooperativas, cosa impensable en un país en el que el 80% del empleo desde siempre ha sido un monopolio del gobierno.

Dos de los proyectos, un taller de tres meses, y luego dos años para obtener el título, están en manos de la Compañía de Jesús y de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle), mientras la archidiócesis de La Habana se ocupa de un tercer proyecto. Dos citas semanales para los cursos de los jesuitas y orientación sobre las dificultades de la realidad cubana a los que pueden asistir todas las personas, católicas o no. Los misioneros “lasallistas”, en cambio, se ocupan de los cursos sobre los problemas que implica la gestión del capital humano y de la comercialización de los productos.

Y luego están las cooperativas: mercados de alimentos, empresas de construcción, de transporte de pasajeros, de reciclaje… Les ha costado más de un año superar el fuego de la burocracia de partido, pero al final un nutrido grupo de 200 llegó a la meta: a fines de julio las puertas de algunas decenas de actividades comerciales que no están sometidas al control del estado se abrieron de par en par para el público cubano. Ellas mismas determinarán los precios de mercado de los productos de los que se ocupan, a excepción del arroz, los frijoles y las papas que, con el tabaco, son de los bienes más consumidos por la población de la isla.

Para ellos, la Iglesia cubana, en colaboración con una universidad mexicana, ha puesto en marcha cursos de formación que les ofrecerán al final títulos de empresarios. El programa pretende borrar la «necesidad de soportar las frustraciones» a los conceptos de mercado, hasta las técnicas de contabilidad y tributarias. Al final del curso, los “alumnos” tendrán que presentar un plan de negocios ya casi enteramente completado.

«Aún quedan muchas incertidumbres sobre el futuro de la reforma –escribe “Espacio Laical”, órgano que responde a la voz del cardenal Ortega y Alamino–, pero parece quedar clara una tendencia de graduales pero continuas trasformaciones que están moviendo el sistema hacia lugares desconocidos para la mayoría de los cubanos nacidos después del triunfo de la revolución». Aunque cualquier pronóstico sobre Cuba debe ser muy cauto, «todo sugiere que, en esta ocasión, parece existir una voluntad firme de reforma, al menos en el sector de las autoridades cubanas que rodean a Raúl Castro», escribe la revista, que se declara optimista ante el futuro: «No parece, por tanto, que el proceso pueda revertirse, aun cuando pueda dar lugar algunas correcciones en su senda».

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