´La crisis se prolonga porque todavía no hemos reaccionado´

España · José María Gutierrez Montero
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7 mayo 2013
El escritor Valentí Puig acaba de publicar Los años irresponsables, un libro en el que analiza qué le ha pasado a nuestra sociedad en los últimos años. Hablamos con él del momento que vive España y del cambio que se produjo a partir del 68.

¿Por qué ha querido escribir Los años irresponsables?

El cambio de siglo tiene muchas incógnitas. Intentar, al menos, descifrarlas es un quehacer intelectual sugestivo, aún en medio de las nuevas angustias de la sociedad, del paro y la sequía crediticia, la inestabilidad mundial y de la carencia de virtud pública. Hay escritores ensimismados -con toda legitimidad- en su obra literaria y otros que a la vez se interesan por las impurezas propias de la vida pública. En no pocas ocasiones, la irresponsabilidad política y la intelectual van a la par. Son momentos decisivos porque hay indicios de cambios profundos, cambios de paradigma. Y a la vez es factible un renacer de la responsabilidad creativa.

¿Cuáles son esos años y en qué consiste?

En líneas generales, pongamos una línea de salida en el momento en que llega el euro y, por un tiempo, perdemos una idea del valor de las cosas. Un sistema financiero mal regulado propaga productos tóxicos. Nos creemos un país rico y no lo somos. Gastamos más de lo que tenemos. No valoramos en su medida los fondos procedentes de la Unión Europea. No ahorramos porque damos por supuesto que Estado lo paga todo. Inconsistencia de la sociedad, retraimiento de la responsabilidad moral. Esos años llegan hasta el momento del "crack" y se prolongan hasta hoy porque la sociedad todavía no ha reaccionado claramente y es una sociedad menos cohesionada y con una opinión pública escasamente articulada.

¿Todo se originó en el 68?

Por lo menos, ese fue un momento rupturista. Irrumpe una estética de las trasgresión, las nuevas formas de narcisismo, la idea de que transgredir es algo superior o más atractivo que la idea de continuidad en una civilización. Es curioso que la atención de la cultura progresista estuviese más puesta en los disturbios de Berkeley o en el Mayo francés que en las protestas de la disidencia ante la invasión soviética de Checoslovaquia. Signos de confusión y frivolidad que coinciden con la caída de la noción de autoridad moral y colectiva.

¿Qué tienen que ver los años irresponsables con la actual situación política?

Eso que se fue con el viento y que llamábamos zapaterismo tiene cuantiosos elementos de irresponsabilidad, al prometer paraísos autonómicos -en el caso de Cataluña, por ejemplo-, en creer en la armonía universal, en que los presupuestos se nutren del cielo o en que la economía es algo mágico que nada tiene que ver con la prima de riesgo o con los mercados. Eso era consecuencia de una cultura marcadamente relativista, es decir, post-moderna.

¿Por qué toma como referencia a Scruton y su afirmación de que "en el origen de la actual crisis económica, al adquirir el hábito de posponer el pago de las deudas, somos un caso más de cómo una ilusión toma el control de los acontecimientos"?

Roger Scruton es una de las tantas referencias de Los años irresponsables. Se trataba de intentar un panorama del inicio de siglo. Mi perspectiva, como digo en el prólogo de mi ensayo es la de un conservador de centro. Es decir, se trata de no cambiar por cambiar, y al mismo tiempo reformar todo lo que sea necesario. Conservar y reformar, el método de la prueba y el error: eso es mejor que los experimentos, las abstracciones y las ideologías.

¿Necesitamos recuperar la complejidad? 

La complejidad está ahí. Es un signo del mundo post-industrial, de la sociedad digital, de los laberintos financieros. Al mismo tiempo, la naturaleza y la ética se enfrentan a grandes dilemas sobre la vida, las transformaciones del convivir. Siglo de la biología, siglo de las grandes cuestiones bioéticas. Es fascinante, del mismo modo que puede ser terrible. La complejidad está en nosotros. Simplificar es la tentación más a mano y la menos inteligente.

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