La consulta, el Congreso, ahora el Senado… luego, ¿qué más?

España · José Andrés-Gallego
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17 diciembre 2013
¿Pero será posible que no aprendan ustedes? Les ponen delante el espantajo de la consulta para que la gente no se fije en los indicios de corrupción que ustedes les descubren en sus cuentas. Y, en vez de tirar de la manta, dejan de hablar de esa corrupción; se centran en lo otro –en lo de la consulta- y dicen que no sé qué artículo de la constitución les permite impedirla. Nadie podría hacer mejor el trabajo ajeno en contra de sí mismo.

¿Pero será posible que no aprendan ustedes? Les ponen delante el espantajo de la consulta para que la gente no se fije en los indicios de corrupción que ustedes les descubren en sus cuentas. Y, en vez de tirar de la manta, dejan de hablar de esa corrupción; se centran en lo otro –en lo de la consulta- y dicen que no sé qué artículo de la constitución les permite impedirla. Nadie podría hacer mejor el trabajo ajeno en contra de sí mismo. De ese modo, han dejado en el aire la impresión de que (i) no se atreven a tirar de la manta por alguna razón y (ii) no quieren saber cómo piensan los consultados. ¿No hubiera sido mejor consultarnos a todos?

Pues ahora se lo ponen aún más fácil a ustedes y, antes de la consulta, deciden celebrar un congreso que ya supone el resultado de la consulta: “España contra Cataluña”. Y ustedes erre que erre: que si acudirán a no sé qué tribunal o que si  lo llevarán al Senado (como si Doña Soberanía Nacional conllevara la gracia de saber historia en virtud del Espíritu Santo y pudieran Sus Señorías decir cuatro palabras –estrictamente históricas, las que puede decir un profesional de la historia- a derechas. Digo a derechas en el sentido de que no tuerzan los renglones.)

Y, en el Senado, ¿promulgarán ustedes una ley en virtud de la cual España no está en contra de Cataluña? ¿Añadirán una disposición transitoria en virtud de la cual quedarán derogados los decretos (catalanes) de Nueva Planta? ¿Qué harán Sus Señorías con los decretos de Nueva Planta que Felipe V dictó para Aragón, Valencia y la mismísima Castilla, que ahora me vengan a la memoria? Para Castilla, tendrán que hacer ocho transitorias: Castilla-La Mancha, Castilla-León, La Rioja, Madrid, Murcia, Andalucía, Extremadura y Melilla; que todo eso era Castilla) También pertenecían a la Corona de Castilla Navarra y las “Provincias Exentas” (o sea las Vascongadas, o sea la CAV); pero eso ya lo arregló el propio Felipe, a Dios gracias.

¿No se dan cuenta de que condenar –como fuere- un congreso profesional de historia equivale a reconocer que no quieren oír a sus historiadores, es evidente que por lo que puedan decir? ¿No sería más fácil, barato y efectivo organizar un congreso (realmente profesional) sobre “España con Cataluña”? Al final, redactadas las actas de ambos, se podía hacer una edición conjunta y colgarla en Internet con acceso free y en texto trilingüe: catalán, castellano e inglés. (Sí, inglés; qué le vamos a hacer…)

Tómenselo en serio, por favor. Conocer la historia es bueno para todos y, si algunos sólo quieren hablar de una parte de lo ocurrido, hablen ustedes de eso y de lo demás. Cuidado: no de lo contrario, sino de lo demás: no lo contrario, sino lo contradictorio y lo que no es ni contrario ni contradictorio. Frente al mal, el bien. Sean capaces de probar que “España con Cataluña” ha tenido un pasado mejor que peor –incluso mucho mejor-, que ese pasado sólo cuenta mil años –aproximadamente- porque el nombre de Cataluña no tiene más. Pero que, si aceptan que fueron Marca Hispánica, aún podemos alargarlo otro poco, y si formaban parte de lo que los romanos llamaron “Hispania”, nos ponemos en más de dos milenios. Échenle ustedes imaginación y bondad, por favor, y no entren al trapo tontamente.

Soy historiador; sé de qué hablo y, en estos momentos, me postulo como colaborador en la organización de ese congreso sobre “España con Cataluña”. Con una condición sine qua non: gratis et amore. No creo que los historiadores catalanes que han entrado en el juego de ese congreso estén dispuestos a cobrar un solo euro por llevar a cabo un trabajo patriótico como el que se les ha pedido. Y los del Ebro arriba (porque uno es de Ebro arriba, no de Ebro abajo) no vamos a ser menos.

Lo dicho: (i) uno, gratis et amore; (ii) un congreso histórico sobre “España con Cataluña”, (iii) de verdaderos profesionales, (iv) sin políticos por medio –salvo que sea historiador profesional probado- y (v) la condición fundamental: ustedes, en el Senado y fuera del Senado, a callar en materias profesionales en las que no son competentes.

¿Se atreven?

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